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Mercedes Sanz, junto a la escultura de la Soledad Dolorosa. / ICAL

En Santa Eulalia, se halla la iglesia parroquial que le da nombre y en sus inmediaciones, se encontraba el hospital-iglesia de San Antonio Abad, donde se guardaba la imagen de la Soledad Dolorosa. La tradición cuenta que, a finales del siglo XIX, durante el novenario a San Antón, por culpa de unas velas se desató un incendio y milagrosamente se salvaron de las llamas el rostro de la Virgen y las manos.

La historiadora Mercedes Sanz de Andrés sostiene que “la historia y la tradición forman parte de nuestro ADN cultural que se ha ido tejiendo en estos cien años de historia”, al cumplirse el centenario de la salida procesional de la Soledad Dolorosa. Pese a las llamas. “Este incendio o destrucción de la iglesia pudo ocurrir entre la década de 1870 y la de 1880 porque en 1887 ya se menciona el estado de ruina de las paredes con amenaza de desplome”, recoge ICAL.

Esa misma tradición oral detalla que “el estado de ruina fue provocado por un incendio causado por unas velas mientras se celebraba una novena a San Antón. La imagen de la Soledad Dolorosa, en origen de talla completa, sufría las llamas consumiendo todo su cuerpo excepto la cabeza y las manos que pudieron salvarse del incendio”.

Sanz de Andrés bucea en los archivos para ir de la tradición a la historia. Así, gracias a Quirós Montero y Pérez Ruiz, sabemos que, en 1802, “tomó posesión de las rentas de este convento, un capellán jubilado de Artillería, con objeto de atender el mantenimiento del edificio, así como la atención espiritual del personal”.

Según consta en el Archivo Municipal, el 7 de noviembre de 1887, el Ayuntamiento de Segovia envió un comunicado al capellán castrense acerca del peligro que corren las paredes de la ermita de San Antón. La mayor parte de las imágenes fueron trasladadas a la iglesia de Santa Eulalia, entre ellas, la Dolorosa. “Este estilo corresponde al modelo creado por Gaspar Becerra de su Soledad para el convento de la Victoria de Madrid, en 1565”.

Para describir a la Soledad Dolorosa de Santa Eulalia, hay que fijarse en “los ojos negros y hartos de llorar, su boca entreabierta, largas pestañas y mirada hacia lo alto, reflejan el dolor físico y el dolor espiritual de una madre rota por el dolor de su hijo muerto de la manera más inocente y cruel”.

Una de las incógnitas es la donación por parte de la marquesa de Torre Alta del que fue el primer vestido de la Virgen. Hace un siglo, cuando se confirma la autorización por parte del obispo Manuel Castro y Alonso para su primera salida en procesión en 1921, el coadjutor de la parroquia Mariano Cañas pidió a la marquesa de Torre Alta alguno de sus vestidos para la Virgen. A lo que ella contestó: “Vestido de pecadora es indigno de la Virgen, por tanto, ninguno que yo haya llevado será para la Dolorosa, pero ésta no se quedará sin manto”.

Así llegó el primer manto de la Virgen y un mandil de terciopelo. Para el historiador Alberto Martín Quirantes fueron familias ligadas al gobierno municipal de Almería y tiene sus orígenes en los últimos sultanes nazaríes. A comienzos del siglo XIX, fueron titulados con el marquesado de Torre Alta, uniéndose sus sucesores a otras familias como los vizcondes de los Villares, entre otros.