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Antonio Rincón posa en su casa con el tablero de Segomus. / EL ADELANTADO

Los parroquianos del mus que compartían mesa en la vieja normalidad se encuentran ahora en las colas de vacunación del pabellón Pedro Delgado. El circuito nacional está parado porque es inviable un formato anti Covid. Primero, porque se juega en interiores; segundo, porque no se pueden hacer señas con mascarilla y, tercero, porque hay un número importante de jugadores de avanzada edad que tiene miedo a exponerse. La comunidad segoviana del mus, una de las más activas, está en barbecho: más de un año sin órdagos. A la despedida, ya vacunados, un mensaje de esperanza: “A ver si un día nos vemos”.

El presidente de Segomus, Antonio Rincón, hace la crónica de los efectos de la pandemia en sus más de 200 asociados. Los abonos anuales de 2020, 30 euros que se acaban destinando a una comida colectiva, se ampliaron a 2021 y, prevén, también valdrán para 2022. Se suspendió un torneo por equipos en la semana siguiente al primer estado de alarma, el 14 de marzo del año pasado. “Desde entonces, el tema está muerto. Alguno echa alguna partida por ahí suelta con cuatro amigos que se juntan, o algo organizado con espacio y cuatro u ocho parejas, pero todos los torneos a nivel nacional han quedado suspendidos”. Él no disputa un campeonato desde el 29 de febrero en Tarazona (Zaragoza). “Hay mucha gente que lleva sin jugar un año porque tiene miedo hasta de ir a echar la partida al bar con los amigos”.

Más de 400 torneos jugados

En la vieja normalidad, Antonio pasaba los viernes y los sábados entre naipes, bien en torneos en el bar Yagüe, en La Albuera, o por un campeonato fuera de Segovia. “Me gustaba ir a Soria, Zaragoza, País Vasco… No solo es el mus, es la parafernalia de la comida. Hay gente que solo va a ganar, que a todos nos gusta, pero la gracia es juntarse con esa gente que no ves habitualmente”. Él, de 64 años, ha jugado una treintena de campeonatos al año durante los últimos tres lustros: en total, entre 400 y 500.

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Un momento de la final del torneo Ciudad de Soria de 2019. / EL ADELANTADO

Antonio sitúa la edad media de los socios de Segomus en los 50 años. “Hay gente de 70 años o más, pero también está entrando gente de 25 o 30 años”. Él no juega siempre con el mismo compañero. El circuito nacional consiste de varios torneos a lo largo del año que reparten plazas para un máster en otoño que sirve de Campeonato de España. Una vez conseguida la plaza, la pareja tiende a cambiar porque tendría que renunciar si consiguiera otra. El mismo jugador puede conseguirla con otro compañero y que sea este quien la disfrute. Él tiene una de las pocas plazas que se repartieron entre enero y febrero de 2020.

Para ganar hay que tener suerte”, resume. Su cálculo es que en el mus el 70% del éxito son las cartas, el 20% las decisiones y el 10% el azar, esas jugadas cruzadas con cartas excelentes por ambas manos que se deciden por márgenes muy reducidos. “El mus en un hobby más. Cada uno tiene sus aficiones, desde esquiar a ir al campo. A mí el mus me permite cambiar el chip; me olvido del trabajo, de los problemas con clientes o proveedores. Comemos, bebemos, lo pasas bien. Sobre todo si te vas fuera. Estar en un fin de semana en Soria o Zaragoza, con los amigos que has hecho allí, es fenomenal. Es que me olvido de todo; si me llama algún cliente por el camino, le corto y le dejo para el lunes”, sonríe.

Mucha gente ha dejado de jugar, pero él va algún fin de semana a San Cristóbal. “Preparan partidas para ocho parejas; dos mesas arriba y dos abajo, con una distancia muy grande. Nos lavamos 14 veces las manos con los geles y tomamos todas las medidas”. En función del entorno y de la cercanía de los contendientes, juegan con mascarilla o sin ella. Antonio habla de siete u ocho tardes desde que desembarcó la pandemia, más alguna comida suelta. Son la excepción. “Hasta que no se normalice esto… es muy complicado seguir”.

El mus está tan integrado en la mentalidad de los socios que Antonio confía en que la habilidad no se pierda con estos meses de barbecho. “A lo mejor pierdes un poco de práctica, pero sigues igual. Esto es jugar, jugar y jugar. Después de tanto tiempo, hay cosas que ya tienes en la cabeza”. Antonio ve perdido el 2021 y espera una normalidad para el año 2022. Por mucho que avance la vacunación, apenas habría calendario para unos pocos torneos. “Por muy bien que vaya, será muy difícil reorganizarse”.

Más allá de las cartas, el mus tiene ese lenguaje paralelo. Las charlas: los juegos mentales. Antonio desgrana los principales roles de las partidas. Primero, el fantasma: “El clásico que se lo sabe todo, aunque vaya por detrás, y te dice lo que tenías que haber hecho”. Después, lo que llama el representante de la radio. “Cada vez que hace una jugada, explica por qué lo ha hecho. Que no ha querido porque pensaba esto, porque le ha mirado, porque…”. Después, los callados. “Hay quien no habla ni para Dios”. Y los iluminados: “Siempre gana él; el compañero es el que pierde”. Y el echado para adelante. “El que siempre arriesga y presume cuando gana. Pero luego pierde más que ninguno”.

Él tiene un perfil conservador. “Hay veces que dejo de ganar por no arriesgar, pero ganas más veces que pierdes”. Las corazonadas que antes seguía ahora las pone en cuarentena. Volverán, como los envites y los órdagos. Cuando escampe.