Es una terapia. Un analgésico natural e infalible. La ciencia lo avala: la risa mejora la salud. Se localiza en la zona prefrontal de la corteza cerebral. Es la parte más evolucionada del cerebro. En ella reside la creatividad, la capacidad para pensar en el futuro y la moral. Pero la edad parece haberse convertido en su principal enemigo. A medida que el ser humano se hace mayor, se pierde la espontaneidad. Se busca menos la carcajada. Y resulta más difícil encontrar la parte cómica a las situaciones. Precisamente, la segoviana Cristina Peláez se encarga de combatir esto: enseña a reír, o a recordar cómo se reía. Con este objetivo, el próximo 3 de junio, impartirá un taller de risoterapia en el Centro Social Corpus.

Con cada carcajada se ponen en marcha cerca de 400 músculos, incluidos algunos del estómago que sólo se pueden ejercitar con la risa. Una sociedad tan dominada por el estrés como la actual, apenas deja espacio para exprimir los momentos de felicidad absoluta. “Es muy triste que la gente no se ría”, asegura Peláez. Esto lo ve cada día en las personas con las que se topa en su trabajo: es celadora en un centro de salud. En su tiempo libre, es monitora de pilates. Hace años que se adentró en el mundo del quiromasaje, del reiki y de otras terapias alternativas. A través de su profesora de reflexología podal, hizo su primer taller de risoterapia. Le gustó tanto, que se puso a investigar sobre este asunto. Descubrió las ventajas que conlleva su práctica. Y no se lo pensó: puso en marcha sus propios cursos.

Esto le ha hecho cambiar la forma en la que ve a las personas. Ya no se plantea las intenciones ocultas que estas tienen. “Aprendes a buscar la parte buena de las situaciones y de lo que te va viniendo”, explica. Y es que reírse no solo es divertido. Los beneficios físicos y psicológicos que aporta son innumerables. Relaja al organismo. Favorece al corazón y al sistema circulatorio. Mejora la función respiratoria y aumenta la oxigenación. Reduce la ansiedad y el estrés. Alivia los síntomas de la depresión. Refuerza la autoestima. Distrae de preocupaciones y corta los pensamientos negativos. La lista es infinita.

En sus sesiones siempre parte de la misma base: todos queremos estar con gente que nos hace reír. Es habitual sentirse bien tras una carcajada. De hecho, Peláez está convencida de que en la vida todo depende de la actitud con la que se afronten las cosas. Es por ello por lo que cree que la risoterapia da las herramientas necesarias “para afrontar el día a día que, por desgracia, no siempre es fácil”.

Después de dos años tan sombríos, sus talleres cobran especial relevancia. Pero lo cierto es que encontrar un momento para soltar una carcajada “abierta y plena” no resulta tarea fácil. Peláez lamenta que esta actividad no logra triunfar. Y no genera suficientes adeptos. “La gente no se anima, se deben de pensar que en estos cursos se cuentan chistes”, declara. Nada más lejos de la realidad: en sus clases enseña a aprovechar los beneficios de la risa. Hacen ejercicios que consisten, simplemente, en reírse. “Aunque no tengas ganas, esta sea forzada o inventada”, sostiene. La segoviana tiene un objetivo muy claro: que quienes asistan a sus talleres aprendan a dejar salir a su niño interior. Que vuelvan a reírse tanto como lo hacían entonces. Y con tanta facilidad.