Tres efemérides segovianas con Morante de la Puebla como protagonista

Trofeo ‘Mirador de La Lastrilla’ al triunfador de la temporada, corrida de toros e invitado especial de la Tertulia Taurina de Segovia

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Las referencias, cuando ofrecen algunos puntos de interés y emotividad, resultan gratificantes. Tal es el caso con relación a uno de los toreros más relevantes de los últimos tiempos: José Antonio Morante, ‘Morante de la Puebla’, y su connotación segoviana, no sólo como torero actuante en plazas tales como Segovia, Cuéllar, Cantalejo, Carbonero el Mayor y Sepúlveda, sino como protagonista de episodios afines a su profesión, pero en circunstancias muy diversas.

Blas, el titular de este establecimiento hostelero, buen aficionado a la fiesta de toros, tuvo el gusto de patrocinar un trofeo destinado a premiar al torero más destacado de la temporada taurina 1996. Tras deliberar un jurado compuesto por tres aficionados, se determinó que el triunfador de la citada temporada taurina fuera el diestro sevillano José Antonio Morante, ‘Morante de la Puebla’.

A este respecto, quién informa se puso en contacto con su por entonces apoderado, Miguel Flores, quien se comprometió a venir a Segovia acompañado del torero para recibir el galardón. Así que, tras decidir la fijación de la fecha, se anunció de forma abierta a todo aficionado que deseara acudir a la cena con el acto protocolario central, la entrega del trofeo y el correspondiente coloquio. Fue una noche fría del mes de diciembre de 1996.

En mi propio vehículo nos trasladamos a La Lastrilla, Gustavo Postigo, Lope Tablada, Cachano y servidor. Una nevada había comenzado a caer horas antes sobre la ciudad de Segovia y zona de influencia. Cuando accedieron Miguel Flores y Morante de la Puebla, apenas se podía circular y eso condicionó el resultado de la afluencia de aficionados.

No llegó nadie más al establecimiento hostelero. Visto lo cual, Blas invitó a los presentes a una cena por todo lo alto sin coste alguno. No faltaron mariscos y otras exquisiteces, copas y acto de entrega del trofeo con la presencia y aportación con palmas y vítores hacia el galardonado, Morante de la Puebla, por parte los comensales y personal del establecimiento. Luego, sobre las tres de madrugada, Miguel Flores se arriesgó a emprender viaje hacia Madrid, mientras los demás hicimos noche en el local jugando partidas de mus y tute.

Ya de mañana y tras una previa limpieza de la calzada por parte de los servicios públicos, pudimos llegar sin novedad a Segovia.

También en esta población segoviana se produjo un hecho con Morante como protagonista. Fue una corrida de toros mixta celebrada el 24 de agosto del año 1997. El cartel estuvo formado por un novillo y cuatro toros de Jódar y Ruchena con el rejoneador Luis Valdenebro, titular de la ganadería, y los espadas Franco Cardeño y Morante de la Puebla. El festejo no dio mucho para comentar elogiosamante.

Hubo tres cuartos de aforo y presidió el por entonces alcalde de la villa, Julio Boal. El rejoneador fue pitado; y los matadores de toros, Cardeño, una oreja, y Morante, palmas en ambos. La previa referencia del sevillano, venía de sendas exitosas novilladas toreadas en dos plazas segovianas: Cantalejo y Sepúlveda, en las que dio un curso de toreo clasicista, encumbrando su labor a cotas inmensas. La verdad es que los toros salieron manseando y así se comportaron durante la lidia.

Al año siguiente, Morante de la Puebla fue el invitado de la Tertulia Taurina de Segovia, ya como torero de impactante figura y con un fuerte poder de convocatoria, siendo considerado como gran figura en ciernes. Vino a Segovia acompañado por su apoderado, Manolo Macías. Importante afluencia de aficionados en el mesón Patricia y tertulia muy estimada en lo sensible con un Morante tal y como es en realidad, cortedad en palabras, serio en su personalidad y muy torero en todo momento.

Después con el tiempo transcurrido, el de La Puebla toreó en plazas segovianas tales como Cuéllar, Segovia y Cantalejo donde cuajó una memorable faena al segundo toro de su lote, de la ganadería de Sánchez Arjona, al que incluso prendió tres soberbios pares de banderillas. De rodillas quitó por chicuelinas y serpentina entre clamores. Toreo en redondo y al natural con su peculiar estilo, sonando la música y las ovaciones en su honor. Hubo un cante desde un tendido por parte de Eusebio Fernández, de Sepúlveda. Cortó los máximos trofeos.