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Diciembre aparece en la portada de nuestros calendarios recordándonos que se aproximan unas fechas señaladas, con fuerte carga emocional. Reuniones, reencuentros con la familia y amigos, adornar nuestras casas, nuevos propósitos y proyectos… Lo vemos también en los comercios, la televisión… Ya hay luces, brillo, resplandor en las calles. Los supermercados se llenan de productos navideños. Se huele la presión consumista y la gente asustada por el desabastecimiento. Nos llegan felicitaciones y llamadas, compartimos lotería, escuchamos música navideña allá por donde vamos… Lo que se espera de todos nosotros es alegría y, en realidad, lo único que deseas desde que ves el primer roscón es despertar el día 7 de enero y que todo haya pasado.

Pese a esa época navideña de alegría y diversión vivida por muchos, sobre todo por los más pequeños, también hay otras personas que la consideran difícil. Un gran porcentaje de ellas experimenta justo lo opuesto a la felicidad. Es entonces cuando aparece cierta disonancia con el resto de las personas. Sentimientos cómo tristeza, apatía, soledad, nostalgia, añoranza, irritabilidad, ansiedad, estrés, sufrimiento e incluso vacío.

Puede haber muchos motivos que explican este estado de desánimo: la pandemia, el miedo al contagio, la perdida de algún ser querido, la separación, la distancia geográfica con los familiares, la presión social, las obligaciones laborales, los gastos económicos que ocasionan, el consumo excesivo de sustancias, los cambios en la rutina, las tensiones interpersonales… La Navidad nos deja huella, condicionando nuestro estado de ánimo.

En un estudio realizado por la Universidad de Copenhague, se localizó el espíritu navideño en el cerebro humano a través del uso de las imágenes de resonancia magnética funcional. Vieron que se activaban varias áreas del cerebro con mayor intensidad en personas que festejaban la Navidad y la vivían como un momento feliz, en comparación con aquellas personas sin tradiciones navideñas. Otros estudios hacen hincapié en el impacto de nuestras emociones y actitudes sobre nuestro cerebro.

Los niveles de felicidad, estrés, las sensaciones de placer y la afectividad, entre otros, ejercen una respuesta en nuestro cuerpo. En concreto, puede ir asociada a la liberación y/o activación de ciertos neurotransmisores y de las hormonas: (alegría-dopamina; placer-serotonina; estrés-adrenalina y cortisol; generosidad-dopamina y endorfinas; las relaciones afectivas-oxitocina). En la revista Journal of Experimental Social Psychology, se publicó un experimento que destacó un efecto negativo en el estado de ánimo asociado a los símbolos navideños, entre ellos, de un árbol de Navidad, especialmente en personas que no celebran estas fechas o no son cristianos.

Los psicólogos utilizamos el término ‘depresión blanca’, ‘blues de Navidad’ o ‘desorden afectivo estacional’ para describir este episodio de pérdida de interés y afectación en el que los estímulos festivos se vuelven sus detonantes. Algunas investigaciones resaltan la relación entre los cambios estacionales, la menor exposición a la luz natural y la disminución de la serotonina con nuestro estado de ánimo. Explican que, a mayor exposición a los meses de invierno, peor estado de ánimo. En las consultas de psicología se puede observar que estos fenómenos pueden afectar hasta a un 20% de los pacientes. Adicionalmente, tras la Navidad llega la reincorporación al trabajo y la vuelta a la rutina. Esto puede ser causa del famoso síndrome postvacacional, que afecta a gran parte de la población trabajadora y puede cursar con ansiedad, cansancio, cefaleas, cambio de humor o problemas de sueño, entre otros.

No hay una receta única; no hay maneras correctas o incorrectas de pasar la Navidad, pero podemos poner en práctica 13 consejos que pueden ayudarnos a afrontar mejor estas fechas:

1. Planifica las fiestas y reflexiona sobre qué quieres hacer este año. Comparte el tiempo -tu tiempo- con los te hagan sentir bien. No te aísles y evita la soledad. Procura tener presentes las recomendaciones de las instituciones sanitarias por la actual situación de la pandemia.

2. Crea tu propia forma de celebrar la Navidad y establece prioridades. Una nueva tradición o actividad: celébralas a tu manera. Podemos tener ganas de viajar lejos, de hacer algún plan en un lugar en el que no se escuche música, ni vean los programas típicos, ni en el que me tenga que reunir, ni planificar. Haz aquello que te haga sentir cómodo este año; el que viene ya se verá. A veces ayuda tener un plan A más emotivo y un plan B más tranquilo.

3. Acuérdate de los que faltan. Pero, si no te sientes con fuerza, date tiempo, simboliza su presencia, crea un pequeño ritual, homenaje. Haz un brindis por esa persona, haz algo como a él o ella le gustaba:, una comida o un vino, ponte algo suyo o vístete con algo que le gustaba.

4. Respeta y acepta tus emociones. Sé paciente y respetuoso con ellas. A veces podemos sentir miedo, deseos de evitar las fiestas, necesidad de huir, y es normal. Comparte y exprésalas a los familiares y amigos.

5. Aprende ser más tolerante y menos exigente contigo mismo. Y con los demás, porque cada persona es distinta y cada uno muestra, siente o maneja la Navidad de forma diferente. No pasa nada si no sientes ilusión; tienes derecho a sentirte cómo te sientes, no te culpes por ello.

6. Trabaja tu actitud: no seas el ‘Grnich’, el típico enanito gruñón que se alimenta solo de frustración y malhumor. No gastes energía en cosas que están fuera de tu control. Presta la atención justa a las cosas; relativiza, porque tu estado de ánimo no depende de los demás, solo de ti. Asume esa responsabilidad.

7. Elimina de tu diccionario mental los “debería” y los “tengo que…”. Son las palabras más tóxicas, despiertan en nosotros sentimientos de culpa y autorreproche. Sustitúyelos por frases con sentido positivo: “podría”, “me gustaría”, “preferiría…”, “me apetecería…”, “voy a hacer…”; éstas son más motivadoras, promueven sentido de responsabilidad y autonomía.

8. Practica decir “no”, porque también es una forma de cuidarse. Escucha lo que te dicen, los consejos que te proporcionan, pero a la vez expresa lo que sientes y lo que necesitas.

9. Márcate metas, cambios y expectativas. Que sean realistas, pequeños y a corto plazo, para así conseguir sensación de logro, superación y, en consecuencia, motivarse con el siguiente objetivo.

10. Cuídate tanto física como mentalmente. Serena tu mente y da un respiro a tu cuerpo, especialmente en los días previos y posteriores; cuida tu alimentación, tu rutina e higiene del sueño; sal a caminar, escucha tu música favorita, lee un libro y queda con personas para conversar.

11. Atiende a tu parte espiritual. Puedes participar en actividades solidarias, religiosas, meditación, relajación. Busca las cosas que te nutran espiritualmente: música, literatura, pintura… Haz alguna actividad que potencie tu creatividad artística (dibujo, música baile…). Esto te ayudará a expresar tus emociones de forma más sana.

12. Evita automedicarte y consumir drogas. Puede ser muy tentador adormecer tus emociones hasta que todo haya pasado. Pero esta ‘anestesia emocional temporal’ solo va a profundizar tu tristeza y a prolongar el malestar. Consume sólo la medicación recetada y validada por un profesional.

13. Acepta y solicita ayuda. La alteración del estado de ánimo en estas fechas suele ser pasajera, pero si se agudiza con el paso de tiempo y sientes que esta época te sobrepasa -te hace sentir mal, notas que no puedes controlar tus emociones y éstas te llevan a muchos desencuentros con los demás y contigo mismo- no dudes contactar con algún profesional. Los psicólogos estamos formados para ayudar y acompañar a las personas que lo necesiten.

Es importante darnos cuenta de que esta corriente de felicidad navideña no hay que seguirla a toda costa. Tenemos derecho a no tener espíritu navideño. Todos disponemos del botón de ‘pausa’, ‘reflexión’, ‘desconexión’; utilicémoslo para conocernos, entendernos, cuidarnos y actuar acorde nuestras preferencias. La Navidad va a generar en cada uno de nosotros emociones y sensaciones muy distintas, y en ocasiones estará relacionada con las experiencias que hemos vivido. Será de gran utilidad comprender y reconocer qué emociones despierta en nosotros para que sean más sanas. Para nosotros y para nuestro entorno.