El presidente de la Feligresía de la Parroquia de San Andrés Wenceslao Huertas, posa con su familia desde el balcón de su vivienda. /EFE
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 Romper la rutina del confinamiento con el sabor de una torrija, ver las procesiones de otros años por televisión vestido de capuchón o poner velas en la ventana para animar a los vecinos son algunas de las claves de los segovianos más devotos para disfrutar de esta inédita Semana Santa en tiempos de cuarentena.

“Simplemente, no nos hemos dado la opción de disgustarnos”, explica Wenceslao Huertas, presidente de la cofradía de San Andrés y fiel seguidor de los rituales de Semana Santa “desde siempre”.

La pandemia del coronavirus y el consecuente confinamiento para frenar su propagación han trastocado la agenda cultural en todo el mundo, pero la actitud que se toma al respecto es una elección: “Lo que no vamos a hacer es perder la esencia de estos días, el recuerdo de la pasión y la resurrección de Cristo”, sentencia Wenceslao.

De puertas para dentro, este padre de familia va a hacer todo lo posible por mantener el espíritu de la Semana Santa desde el confinamiento: “Romper la monotonía al comerse una torrija, meterse en el ambiente, el detalle de ponerse el capuchón para ver la procesión grabada…” son algunas de sus claves para conseguirlo.

En cuanto a sus hijas, Macarena y Daniela, de 4 y 9 años, ellas son “las primeras que siempre están deseando ir a todos los actos”, según relata su progenitor, y su forma de mantener vivo el espíritu del misterio será “con sus dibujos de capuchones y sus cosas”.

Desde la Feligresía de San Andrés, que Wenceslao preside, se han llevado a cabo otras iniciativas para acercar el sentimiento religioso a los fieles, como el emblemático Via Crucis del barrio de San Andrés, en el que los vecinos acostumbran a narrar las estaciones cada Miércoles Santo.

Este año, catorce familias del barrio han grabado en sus casas las narraciones de las estaciones, que podrán ser escuchadas por los segovianos en la televisión local, al tiempo que ven un montaje con imágenes de otros años.

Gregorio Garrido fue uno de los fundadores de esta feligresía en 1979 y, desde entonces, ha salido de capuchón para acompañar al Cristo Yacente de la Santa Iglesia Catedral cada Viernes Santo. Cuando después de una década dejó la presidencia de la feligresía, los más jóvenes le pidieron que no la abandonase. “Como se dice vulgarmente, yo la he parido, y como un padre no abandona a sus hijos, yo no puedo abandonar la Semana Santa y el Cristo Yacente, mientras tenga salud y fuerzas”, declara Gregorio, a sus 73 años.

Aunque la pasión parece hablar por él, este fiel comprende la excepcionalidad de la situación, que ha hecho que la fe, como tantas otras preocupaciones, haya tenido que ceder el paso a otras inquietudes: “El caso es que este virus termine y nos quedemos limpios y no se vuelva a reproducir”, concluye.

Respecto a los actos, Gregorio prefiere las circunstancias actuales a las vividas años anteriores, cuando es el factor climatológico el que chafa las procesiones en el último momento, cuando está todo preparado: “Eso sí que te rompe totalmente el alma, te hunde”, expresa.

Rosario Gómez, de 65 años, también se emociona al recordar cómo la lluvia truncó el año pasado la salida en procesión del Cristo del Mercado, cofradía del barrio de José Zorrilla en la capital, de la que forma parte desde el año “setenta y tantos”.

La devota llegó al barrio en 1969, cuando Segovia era “un pueblecito de labradores” y ella estaba soltera. Después de salir nueve años como Verónica, comenzó a hacerlo de madrina y así continúa, mientras que su marido participa en la misma como corregidor.

Para Rosario, el mayor daño que ha ocasionado el coronavirus a la Semana Santa no ha sido suspender los actos, sino llevarse a su paso a al menos cuatro miembros de la cofradía y amigos, a los que encima sus seres queridos no han podido despedir como les gustaría por las restricciones del estado de alarma.

Por todos ellos, Charo, como la llaman sus amigos, pondrá unas velas en su ventana esta Semana Santa, con el objetivo de animar a sus vecinos: ¡Vamos a por ello, vamos a luchar, porque al menos ya sabemos que lo de este año no va a volver a pasar nunca más!, anima.