Espectáculo de Titirimundi en el Azoguejo. / NACHO VALVERDE - ICAL
Espectáculo de Titirimundi en el Azoguejo. / NACHO VALVERDE - ICAL

Este lunes acaba la 37ª edición del Festival Internacional de Títeres de Segovia con un balance muy positivo por parte de la organización y de las compañías tras vender un 98% de las entradas disponibles y haber sorteado casi por completo la lluvia estos días.

La directora del festival, Marian Palma, ha valorado, en declaraciones a los medios, la «fantástica» respuesta del público a una «propuesta artística muy variada» y «para muchos gustos».

Se han llevado a cabo casi 300 funciones entre actuaciones en la calle, en patios de edificios históricos y teatros de la capital de la mano de 35 compañías de teatro procedentes de diez países diferentes como Francia, Bélgica, Dinamarca, Estados Unidos, Reino Unido, República Checa, Eslovenia o Argentina.

Un denominador común en casi todas las ediciones del festival es la necesidad de esquivar la lluvia, que en esta ocasión solo ha provocado la suspensión de dos pases de ‘Las aventuras de Pelegrín' de Teatro Arbolé el viernes y un final apresurado de ‘Coser y cantar' de Teloncillo el domingo.

A preguntas de los periodistas, la directora ha vuelto a incidir en las «dificultades» que ha enfrentado la organización a la hora de sacar adelante el festival este año sin conocer las aportaciones económicas de la Junta de Castilla y León y del Ministerio de Cultura.

«Es muy difícil gestionar de esta manera, sin tener una base, un respaldo económico en el que apoyarte», ha lamentado Marian Palma, quien ha asegurado que la organización de la próxima edición, que será entre el 10 y el 15 de mayo, «ya está en marcha».

Una de las agrupaciones teatrales que ha participado en esta edición con ocho funciones al día el viernes, el domingo y el lunes ha sido Ymedio Teatro, una compañía jienense formada por Álex Ramos y Santos Sánchez con 17 años de trayectoria.

Los dos artistas aparcaron el viernes su ‘barraca lorquiana' de seis metros de largo por tres de largo convertida en un teatro en miniatura, con capacidad para acoger entre 15 y 20 personas en cada pase, en el parque del Convento de San Agustín.

Dentro, los dos actores despliegan ante los curiosos ojos del público sus peculiares ‘microfunciones', que tienen como objetivo emocionar a los asistentes en apenas diez minutos.

«Intentamos que haya siempre un arco dramático, como si fuese una obra teatral completa: hay una presentación, un nudo y un desenlace, aunque sea muy cortito, pero procuramos que haya un arco dramático con el que al público le hagamos viajar en las emociones», ha explicado Sánchez este lunes a los medios.

El formato con el que consiguen esto es con la «manipulación de objetos», muchos de ellos de uso cotidiano, como dos botijos, un pañuelo, unas gafas y unos pequeños zapatos que se transforman, ante los ojos del espectador, en una adorable viuda que echa de menos a su difunto marido.

Ambos dramaturgos coinciden en que los espectadores de Titirimundi son «especiales»: «Siempre es un gustazo venir a Segovia porque se nota mucho que el público sabe a dónde va», ha opinado Álex Ramos.

«Que haya tanta gente que quisiera verlo y gente que se ha quedado aquí esperando por si alguien fallaba para poder entrar para nosotros es un subidón, es una alegría», ha completado.

Han sido seis días en los que la ciudad entera ha vibrado con funciones muy diversas tanto en el formato -teatro de objetos, títeres de guante, de hilo, de cachiporra, ‘clown' y otros- como en el tipo de historias que se han contado.

La carnicería de peluches de los belgas Pikz Palace, que ofrecía al público a los pies del Acueducto «muslos de Barbie» y «hamburguesas de Winnie de Pooh», abrieron el festival en la calle y el «cabaret» de Anna Karenina de la checa-eslovaca Fakete Seretlek & Studio Damúza inauguraron la edición en el teatro.

A partir del miércoles, se sucedieron los pases de calle, patios y salas, algunos de ellos tan únicos como la primera versión en marionetas de la película ‘El Verdugo' de Luis García Berlanga, de la compañía El Espejo Negro, o ‘la única biblioteca del mundo de cuerdas y nudos' de José Antonio Portillo.

Los peores meses de la pandemia del coronavirus han dejado su poso tres años después en esta 37ª edición y el ejemplo más evidente de ello ha sido la emotiva instalación ‘La distancia, cápsulas de memoria' de La Societé de la Mouffette & Coma 14, que revive los recuerdos más impactantes de la crisis sanitaria.

Aunque la programación oficial del festival se ha llevado a cabo de miércoles a lunes en la ciudad de Segovia, desde finales de abril las compañías han girado fuera de la capital y recorrido 39 pueblos de la provincia, doce espacios de Madrid, cuatro municipios de Castilla y León y otros tres fuera de la comunidad.

También se han llevado a cabo actividades paralelas como la campaña escolar ‘Titiricole', talleres para profesionales y el público general, dos presentaciones de libros y pases especiales para personas con dificultades de acceder al festival, como los niños ingresados en la Unidad de Pediatría del Hospital.