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Tiroteo en el cementerio

Benito Carrero/Agencias /El Adelantado

Eran las diez de la mañana del día 1 de noviembre de 2021 y ya comenzaba a afluir la gente al cementerio de Torrent. En el Día de Todos los Santos y víspera del Día de Difuntos, la familia de “Los Bocanegra” -el marido Ramón el “Mone”, su mujer Amparo y su hijo mayor Ramón alias el “Bobo”- no podían dejar de acudir al camposanto a honrar a sus muertos y a depositar flores sobre sus tumbas.
Ramón, el hijo mayor del Mone, salía de un encierro voluntario de cuatro años escondido en su casa, sin poner los pies en la calle, porque la policía le buscaba por un caso de drogas. Cuando le informaron de que su causa había prescrito, decidió salir por fin a primeros de junio de 2021.

Un rito obligado después del prolongado encierro era llevar flores a la tumba de su hermano Luis.

Lo que iba a ser un acto de recogimiento, de recuerdo y de homenaje a sus deudos, se convirtió en una jornada negra cuando se percataron de que a unos pocos metros de distancia se encontraban familiares de los “Canuto”, enemigos irreconciliables con los que mantenían antiguos enfrentamientos.

TIROS EN EL CEMENTERIO
La calle del cementerio donde está el nicho de Luis, quedaba peligrosamente cerca de las sepulturas de la familia rival. Era inevitable que se produjera el fatal encuentro.

Los Canuto habían acudido a visitar la tumba de la abuela de la familia. A su viudo, conserje de un colegio, le acompañaban su hijo, su nuera, un nieto y otras dos nietas pequeñas. Eran parientes lejanos de los miembros del clan que habían tenido los enfrentamientos directos con los Bocanegra.

“Te vamos a matar. Ricachón, ya no vas a poner más flores”, les gritaron a distancia los Bocanegra, antes de acercarse en actitud provocadora y conminarles a que se marcharan del cementerio. Ambas familias se enzarzaron entre gritos y amenazas y se lio una refriega a garrotazos entre los miembros de los dos clanes rivales.

En un momento dado, Amparo, la mujer del Mone, rebuscó bajo su delantal y sacó una pistola de 9 milímetros corto y se la entregó a su marido para que disparase contra la familia rival. El arma se le resbaló al hombre de las manos y cayó al suelo. La mujer se agachó para recogerla y se la entregó entonces a su hijo. El Bobo realizó varios disparos a bulto contra los Canuto y mató en el acto a un miembro del clan, Antonio, de 45 años, que recibió una bala en el costado y le alcanzó el corazón, e hirió a su hijo de 20 años en un muslo.

Una bala perdida en el tiroteo alcanzó a José Luis, un hombre de 79 años, zapatero de profesión que vivía en Torrent con su hija, y que había ido a depositar unas flores sobre la tumba de su mujer. La bala recorrió una distancia de unos 30 metros hasta impactar en su cuerpo. Cayó fulminado debido a una hemorragia aguda por la rotura de la aorta abdominal. No tenía nada que ver con las familias rivales.

Se produjo una desbandada desenfrenada en el interior del cementerio. La gente corría hacia la salida presa del pánico, gritando “¡han sido los Bocanegra, el Mone y el Bobo!”, delatando a los autores de los disparos ante la policía municipal que entró inmediatamente en el recinto.

El Bobo saltó la valla del cementerio para huir rápidamente y sus padres corrieron hacia la puerta dejando un rastro de sangre en el recorrido desde el lugar de la refriega hasta la salida.
El cementerio se cerró al público y los agentes permanecieron durante horas en el lugar interrogando a varios de los presentes y recabando pistas sobre la huida de los agresores.

Interior del cementerio de Torrent donde se produjo el tiroteo.
Interior del cementerio de Torrent donde se produjo el tiroteo.


ANTIGUOS CONFLICTOS

El 24 de octubre de 2018, Luis, de 39 años y segundo hijo del Mone, apareció muerto en el fondo de un barranco de Torrent, posiblemente al caerse desde el puente que enlaza con Alacuás. La autopsia determinó que la muerte se había producido al golpearse la cabeza contra el suelo. El estudio toxicológico realizado al cadáver reveló que Luis iba muy “colocado”, con alcohol, cocaína y benzodiacepinas. La causa fue archivada judicialmente como muerte accidental, pero para los Bocanegra el trágico final de uno de los siete hijos del Mone tenía culpables: los Canuto, que le suministraban la droga con la oposición de la familia.

Las rencillas, sin embargo, venían de más atrás y tenían como escenario el barrio de Xenillet, en Torrent, donde los dos clanes se dedicaban al tráfico de drogas, una competencia por su control que necesariamente tenía que conducir a roces y desencuentros.

En la primavera de 1993 se produjo el que fue el primer tiroteo entre ambos clanes en el que afortunadamente no hubo víctimas mortales. «Era un sábado por la tarde y de los puñetazos pasaron a las armas de fuego», comentaría un vecino.

La Policía Local de Torrent tuvo que pedir refuerzos a la Policía Nacional y a la Guardia Civil para controlar la refriega. Se intervino una pistola, pero ni los casquillos de bala ni los impactos se encontraron al día siguiente. Todo había desaparecido. Pero la rivalidad entre las dos familias se fue incrementando con el paso de los años.

El segundo episodio a tiros entre los dos clanes se había producido en 2016 en plena calle, con dos heridos de bala, Ramón el Mone y otro de sus hijos, Manuel.

El juicio de este caso celebrado en la Ciudad de la Justicia de Valencia estuvo rodeado de tensión y cuidadosamente vigilado por la policía con el fin de evitar venganzas entre los dos clanes rivales. El motivo del enfrentamiento que desencadenó una reyerta a la que se fueron sumando cada vez más miembros de uno y otro clan, había sido algo banal: “Fue todo porque los críos se tiraron un pedo, pero eso no es para que el Mone escalabre a mi sobrino. La película es como se la cuento, Señoría”, explicó uno de los Canuto desde el banquillo de los acusados como causante del tiroteo.

Los Canuto fueron absueltos porque no pudo aclararse quiénes eran los responsables de los dos heridos, ante los testimonios de que se había visto también a los Bocanegra el día de autos disparando desde una terraza.

Los Canuto cumplieron con la ley gitana que los condenó al destierro y se trasladaron a vivir a Alacuás, una localidad vecina a apenas cuatro kilómetros de Torrent.

Juicio contra los tres miembros del clan de lo Bocanegra.
Juicio contra los tres miembros del clan de lo Bocanegra.

LA HUIDA
Tras el tiroteo del cementerio, los tres miembros de la familia, padre, madre e hijo, abandonaron su domicilio con rumbo desconocido, poniendo distancia para huir de la justicia y para evitar las venganzas que podrían desatarse cuando hay un enfrentamiento grave entre dos clanes gitanos.

“Nos dijeron que venían de Cartagena y Murcia 14 o 15 coches para matarnos”, alegaría después el Mone como justificación de su huida.

Sus viviendas fueron “okupadas” por inmigrantes argelinos con los que los vecinos del barrio de etnia gitana han tenido también conflictos, como el que se produjo en septiembre de 2023 en el que la policía tuvo que emplearse a fondo para que no corriera la sangre.

Desde su escondite, es probable que llegara a oídos de los Bocanegra la detención de Miguel, un miembro de la familia de Los Canuto, por encañonar a punta de pistola y amenazar de muerte a su propia nuera, miembro del clan rival. Miguel quedó en libertad con una orden de alejamiento y la prohibición de entrar en Torrent al menos durante dos años.

También las declaraciones de Miguel, difundidas por redes sociales y recogidas por la prensa, debieron de exacerbar los ánimos de los Bocanegra. En ellas aseguraba haber asesinado a Luis empujándole desde lo alto del puente, y, para mayor ofensa, se jactaba de haber orinado en las fotografías de los difuntos Bocanegra.

La policía desdeñó estas declaraciones sobre un caso que ya había sido archivado como muerte accidental. Las tomó como una provocación para que los huidos reaparecieran y recibieran su merecido.

Barrio de Puertollano donde se refugiaron los Bocanegra.
Barrio de Puertollano donde se refugiaron los Bocanegra.


DETENCIÓN

La autoría de las muertes no dejaba lugar a dudas. Además de los testigos que presenciaron el tiroteo en el cementerio y que señalaron a los Bocanegra, el rastro de sangre dejado en el camino hacia la salida correspondía a Amparo, la mujer del Mone, según los análisis genéticos. También la ubicación de los móviles de los sospechosos los situaba ese día y a esa hora en el cementerio de Torrent.

Tras cuatro meses de investigación buscando su paradero, la policía pudo dar con ellos. Se habían refugiado en la casa de una pariente en el barrio del Carmen, en Puertollano, Ciudad Real. El operativo, en el que además de la policía intervino el Grupo Especial de Operaciones (GEO), se llevó a cabo en la madrugada del 3 de marzo de 2022.

Los tres fueron enviados en principio a la cárcel de Herrera de La Mancha para ser trasladados después a la Comunidad Valenciana. Su permanencia en prisión duró hasta mediados del pasado mes de mayo en que les concedieron la libertad provisional, a la espera de la sentencia definitiva, al haber transcurrido el plazo de dos años sin haberse prorrogado. El Juzgado dictó medidas cautelares muy severas como la obligación de comparecer a diario en un órgano judicial de su lugar de residencia, la prohibición de salida de territorio nacional y la retirada del pasaporte, así como su seguimiento y control mediante un dispositivo telemático.

LOS DOS JUICIOS
El primer juicio contra los tres Bocanegra se celebró en la Sección cuarta de la Audiencia Provincial de Valencia, con jurado popular, en diciembre de 2023. Se rodeó de fuertes medidas de seguridad ante el temor de que se pudieran producir altercados entre las dos familias, con un fuerte operativo de policía y, al parecer, con la colaboración de patriarcas gitanos que comprometieron su mediación para que el juicio se desarrollara sin incidentes.

Los tres acusados se declararon inocentes de los hechos, alegando que en esa fecha no se encontraban en Torrent. La mujer afirmó que había acudido al cementerio de Valencia, y el hijo que se había ido a Aranjuez en fechas anteriores, pero no pudieron aportar pruebas para sus coartadas.

“Yo no tengo nada que ver, no puede ser mi sangre –declaró Amparo a preguntas de la fiscalía-. Estuve el día anterior arreglando la lápida de mi hijo, a lo mejor me pinché con algo cuando ponía las flores”.

Otras de las pruebas inculpatorias fue el contenido de las escuchas telefónicas aportadas con las conversaciones mantenidas durante su huida con otro de los hijos preso en la cárcel que “dejaban traslucir clara y literalmente los preparativos defensivos que estaban fraguando con un abogado”.

Las pruebas en su contra eran contundentes y así las calificó el jurado, que declaró culpables de dos delitos de asesinato y uno en grado de tentativa, a los tres miembros de la familia. La sentencia, redactada días después por el presidente del tribunal, establecía unas condenas de 49 años y medio de prisión para madre e hijo en calidad de ejecutores, con un límite máximo de cumplimiento efectivo de 25 años, y de 21 años para el Mone, como cómplice de los asesinatos. Las penas incluían también las correspondientes a un delito de tenencia ilícita de armas.

La sentencia se desviaba de lo establecido por el jurado, que hacía responsables a los tres de los mismos delitos como coautores, lo que llevó a interponer un recurso de apelación por parte de la fiscalía. La vista de este recurso tuvo lugar en el Tribunal Superior de Justicia de Valencia en junio pasado.

La sentencia confirmó los 49 años y medio de cárcel para el hijo, quien efectuó materialmente los disparos, pero rebajó hasta los 45 años y 6 meses la condena a su madre y elevó de 21 a 45 años la del padre, al considerarlo coautor y no mero cómplice de los asesinatos.

Además, la Sala de lo Civil y Penal del TSJCV corregía la anterior sentencia por apreciar un error en la aplicación del artículo 76 del Código Penal y estableció en 40 años, en lugar de los 25 fijados por la Audiencia, el máximo de cumplimiento efectivo de las penas de prisión para todos los condenados.

Respecto a las indemnizaciones para las víctimas y sus familiares, el importe total, cercano a los 568.000 euros, se mantenía por el Alto Tribunal valenciano, con la salvedad de declarar la responsabilidad civil conjunta y solidaria para los tres condenados.

Con sentencia firme, los Bocanegra volvieron a la cárcel. No es seguro que la paz haya vuelto al barrio de Xenillet, y la población de Torrent aún espera con inquietud las citas anuales en su cementerio el 1 de noviembre, día de Todos los Santos y víspera del Día de Difuntos.

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