Nuria Izquierdo-Useros, doctora en Inmunología, investigadora y jefa del grupo de patógenos emergentes de IrsiCaixa.
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Desde hace años se fomenta la colaboración y el enfoque interdisciplinario y global en la investigación, tanto pública como privada, para atacar los retos de nuestra salud. Ahora, en plena pandemia provocada por la Covid-19 se pone más que nunca a prueba la capacidad del ser humano para ver los logros que consigue en conjunto.

Por ello, en la actualidad, varios equipos avanzan en tres frentes de una misma batalla a contrarreloj contra el Coronavirus. Es el caso de IrsiCaixa, un centro de investigación que nació como iniciativa de la Fundación Bancaria ‘La Caixa’ y un equipo liderado por el experto en VIH Bonaventura Clotet, junto a los biólogos Nuria Izquerdo-Useros, Jorge Carrillo y Julià Blanco. Pero no lo hacen solos, sino en colaboración con el Centro de Investigación en Sanidad Animal del Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentarias, IRTA-CReSA, con Joaquim Segalés y Júlia Vergara-Alert, y El Barcelona Supercomputing Center, BSC, con la indispensable labor de Víctor Guallar, Alba Lepore y Alfonso Valencia.

Para conocer de primera mano dicho proyecto del Consorcio CBIG, que apoya económicamente la farmacéutica Grifols y varios proyectos concecidos a alguno de sus miembros por la Generalit, EL ADELANTADO conversa con Nuria Izquierdo-Useros, viróloga, doctora en Inmunología, investigadora y jefa del grupo de patógenos emergentes de IrsiCaixa.

— ¿En qué consiste el proyecto en el que están trabajando?
— Es un proyecto que surge como una iniciativa de tres instituciones de investigación catalanas. El Centro de Investigación del Sida IrsiCaixa de Barcelona, —que es donde trabajo—; el Barcelona Supercomputing Center, —un centro de supercomputación— e IRTA-CReSA, —centro especializado en la investigación biosanitaria de animales—.

En el mes de febrero se formó un Consorcio para intentar aunar las capacidades que tiene cada uno de estos centros para hacer una lucha integral y conjunta contra el nuevo Coronavirus.
Esta es la idea. Unir nuestros recursos y conocimiento, de forma coordinada para avanzar más rápido y así poder combatir el virus de una forma más eficaz.

Es por ello que, nosotros, desde IrsiCaixa aportamos nuestro conocimiento de más de veinticinco años luchando contra el Virus de la Inmunodeficiencia Humana del Sida, porque muchas de las cosas que hemos aprendido de este virus se pueden trasladar a otros y porque llevamos mucho tiempo trabajando en el desarrollo de vacunas, de fármacos en forma de anticuerpos y también estudiando fármacos antivirales que protegen a los pacientes infectados. Y todo este conocimiento lo podemos trasladar a otros virus, como el caso de Ebola, en el que también estamos trabajando y, por supuesto, en el momento en el que aparece el nuevo Coronavirus, pues era nuestra responsabilidad poner este conocimiento para intentar encontrar una solución lo más rápido posible.

Esta es nuestra aportación en el Consorcio; mientras que el Barcelona Supercomputing Center utiliza estos superordenadores para conseguir hacer modelajes y predicciones de informática que ayudan muchísimo a mejorar tanto los diseños de las vacunas como de los anticuerpos o de los antivirales. Es decir, usan herramientas de inteligencia artificial y supercomputación para intentar predecir cuales serán los mejores tratamientos, los mejores anticuerpos y las mejores vacunas.

Y la tercera colaboración, — todas ellas igual de importantes y equitativas— es de IRTA-CReSA, que aportan su experiencia y conocimiento de numerosos años trabajando en el estudio de enfermedades en modelos animales. De hecho, uno de los grupos de trabajo ha sido uno de los investigadores que puso a punto una vacuna contra otro Coronavirus, el Mers, — diseñada para los camellos que son los trasmisores de la enfermedad—. Por lo tanto, son expertos en el desarrollo de vacunas eficaces en modelos animales, que conocen y entienden muy bien la complejidad del estudio en Coronavirus.

Y es que, además, tienen los mode los animales que son necesarios para desarrollar tanto vacunas como fármacos, porque al final, evidentemente, antes de poder probarlo en un estudio clínico, necesitamos confirmar que las vacunas y los fármacos son seguros y para eso es preciso poder probarlos en modelos animales que mimeticen lo mejor posible la enfermedad a la que nos enfrentamos los humanos.

— ¿Por dónde y cómo han empezado dicho proyecto?
— Se inició en febrero debido a que el director de nuestro instituto fue consciente del problema que se nos venía encima antes que nadie. Quizás porque históricamente él estuvo al principio del comienzo del VIH, en los años 80, cuando comenzaron los casos. Fue la persona que lideró la puesta a punto de un laboratorio para combatir esa pandemia. Y tal vez por esta razón, fue una de las primeras personas que vio el riesgo al que nos enfrentábamos y por eso, en febrero, tomó la decisión de juntar a estos tres equipos. Nos puso en contacto y nos propuso que pensáramos en estrategias a corto, medio y largo plazo para poder combatir el Coronavirus, si se dieran las circunstancias que al final y desgraciadamente se han dado, pues este nuevo virus ha llegado a nosotros y casi con total seguridad, lo ha hecho para quedarse.

Nuestros objetivos son encontrar soluciones en los brotes para tratar a las personas infectadas, pero también queremos encontrar soluciones para evitar las nuevas infecciones. Y en este sentido, la mejor alternativa es la vacuna y por ello es nuestro objetivo prioritario.

Pero hasta que llegue el momento en el que tengamos una vacuna eficaz, — que pueda proteger a las personas y que además se produzca en cantidades suficientes para que todo el mundo tenga acceso a ella—, también necesitamos otras herramientas terapéuticas, es decir fármacos que ayuden a las personas que se infectan a no desarrollar los problemas asociados que estamos viendo, que en los casos más graves de la infección desarrollan neumonías tan complejas que terminan ingresados en la UCI.

Hay que buscar maneras de frenar este desarrollo y progresión de la enfermedad y para eso necesitamos fármacos y evidentemente, quizás la herramienta a medio plazo que mejor resultado nos pueda dar son los anticuerpos, —que son herramientas terapéuticas muy específicas que pueden ayudar a que el cuerpo humano se defienda de una forma específica frente al nuevo Coronavirus—. El problema es que hay que desarrollarlos porque son altamente específicos frente al nuevo Coronavirus y en estos momentos no disponemos de ningún anticuerpo probado clínicamente para poder ser utilizado.

Esto también lo estamos acometiendo desde el Consistorio, y hasta que tengamos estas herramientas tan sofisticadas que puedan dar soluciones definitivas pues necesitamos de los fármacos ya probados clínicamente. Por ello, estamos buscando entre todos los fármacos que conocemos, que están aprobados clínicamente y que sabemos tienen eficacia contra otras enfermedades y otros patógenos, incluso frente a coronavirus anteriores, tales como el Sars o el Mers.

Por supuesto, lo estamos realizando en modelos de laboratorio con la idea de que después los mejores candidatos se puedan testar en modelos animales que estamos desarrollando de forma específica para verificar su eficacia.

Y una vez que tengamos claro que los medicamente funcionan en modelos animales es el momento de hacer ensayos clínicos, de pasar a situaciones en las que podamos probar la eficacia de estos tratamientos en personas que estén infectadas o incluso encontrar tratamientos que puedan ser profilácticos, es decir que eviten que las personas se infecten.

— Por lo tanto, ¿al final habrá vacuna?
— Las vacunas las tendremos, aunque el problema no será tenerlas sino que sean eficaces y seguras. De hecho habrá muchas vacunas, la cuestión será conocer cuáles son más efectivas. Y en este sentido, lo único que podemos hacer es seguir el método científico, con todas las fases que están previstas para testar la eficacia y la seguridad de las vacunas y esperar a los resultados en los ensayos clínicos.

Por supuesto, debemos ser críticos y abiertos a esos datos para que la Comunidad Científica Internacional pueda evaluar realmente cuales son las mejores vacunas que podamos encontrar y a partir de ahí pensar incluso que no todas las vacunas van a ser idóneas para todo el mundo, sino que habrá algunas que estén más indicadas para ciertos perfiles de personas que otras.

— Por lo tanto, ¿para cuándo tendremos una vacuna efectiva contra el SARS-Cov-2?
— Cualquier persona que dé un plazo determinado cometerá un error, porque el problema que tenemos con el método científico es que hay que esperar a los resultados para saber si una vacuna es eficaz o no. Yo sí que puedo decirte un plazo para una vacuna que se esté testando, — de hecho ya tenemos vacunas que se están testando—, pero si esas vacunas van a ser eficaces o no, sólo lo demostrarán los datos por lo que no podemos predecir qué ocurrirá.

Es decir, por mucho que pensemos que algo puede funcionar hasta que no se demuestre no podremos concluir que científicamente hay datos que avalen el uso de una vacuna. Por lo tanto, hay que esperar, no hay otra solución.

Lo bueno es que hay muchas iniciativas en todo el mundo puestas en marcha y probablemente acabaremos no solamente con una sino con varias vacunas que demuestren cierta eficacia.

— ¿Por qué creen que será efectiva dicha vacuna si otras como las del virus contra el Sida no han funcionado?
— La vacuna contra el Sida no ha funcionado porque es un virus diferente. El ejemplo que mejor lo ilustra es que no hay ninguna persona infectada por el VIH que se haya curado de forma espontánea porque su propio sistema inmune haya sido capaz de combatir el virus. Sin embargo, en el caso del nuevo Coronavirus hay muchas personas que gracias a la capacidad que tiene su sistema inmune de contener el virus pasan esta infección de forma asintomática y sin ningún tipo de problema. Esto nos indica que el sistema inmunitario humano está mejor preparado para combatir el Coronavirus que para combatir el VIH.

Las vacunas, precisamente, lo que hacen es usar el propio sistema inmunitario de las personas para combatir las infecciones. Por ello, los científicos somos optimistas porque consideramos que las vacunas frente al Coronavirus tienen más probabilidades de ser eficaces.

Esta es una de las principales razones y otra de ellas es que el virus del VIH muta mucho, introduce muchas variaciones y va cambiando a una velocidad tan grande que en realidad una vacuna debería ser capaz de controlar dichas variaciones del virus, que al final no es sólo un tipo de virus sino millones y millones.

Sin embargo, esta variación en el Coronavirus no se está observando. Sí que existen cambios, — que se están detectando— pero desde luego la tasa de variación es menor. Por ello, consideramos que la vacuna será eficaz.

—Hasta que consigan más avances, ¿cuál es la mejor prevención que tenemos, el aislamiento?
— El aislamiento ha sido muy eficaz para disminuir la tasa de trasmisión y efectivamente ha ayudado a contener esta ola que ha sido tremenda, ha costado tantas vidas y ha sido tan difícil de gestionar desde el punto de vista sanitario y humano.

Desgraciadamente, en esos momentos, era la mejor solución que se tenía a pesar del coste social y económico que lleva asociado. Era imprescindible y gracias a que se ha tomado esta determinación muchas personas no se han visto afectadas y se ha protegido a buena parte de nuestra sociedad.

Y esto como individuos, nos debería de hacer sentir tremendamente orgullosos por el esfuerzo que hemos realizado colectivamente para proteger a los más débiles. Como sociedad hemos ganado mucho en cuanto a nuestra solidaridad y capacidad de sacrificio por los demás.

Evidentemente que debemos de seguir manteniendo el distanciamiento social en la desescalada, pues va a ser clave. Hay que seguir con todas las medidas de prevención como lavarse las manos constantemente, utilizar mascarillas en espacios públicos, vigilar los posibles síntomas que puedan aparecer y en el caso de presentarlos ponerse rápidamente en contacto con personal sanitario y aislarse para evitar el contagio de otra persona.

Estas son las herramientas que tenemos a nuestra disposición y que considero, en general, hemos hecho muy bien a pesar de la dificultad. Es esencial que las personas comprendan la importancia de estos gestos, no a titulo de persona, sino como sociedad.

— Hay muchos lectores que se preguntan si volveremos a recuperar la normalidad y nuestra libertad, ¿lo haremos?
— Es una pregunta totalmente legítima que nos hacemos todas las personas. Personalmente, voy a ser muy sincera. El término normalidad es muy ambiguo, pero sí supone que volvamos a la situación que teníamos previamente a la pandemia espero que no se vuelva. Porque como sociedad tenemos que entender lo importante que es destinar financiación y recursos a sostener el sistema sanitario público y hacer de la investigación algo clave para desarrollar herramientas que necesitaremos para combatir futuros retos y pandemias que tendremos.

Si regresáramos al punto de partida en el que nos encontrábamos antes de la aparición del Coronavirus, como sociedad nos encontraremos en un punto muy débil y delicado de nuevo.
Por lo que espero y deseo, — que aunque seamos capaces de encontrar una vacuna que nos proteja y recuperemos nuestras interacciones y acercamiento social en nuestra vida normal como la practicábamos anteriormente— que como sociedad nuestra escala de valores cambie y empecemos a dar prioridad a la inversión en sanidad y en investigación.

De hecho, frente a esta pandemia del nuevo Coronavirus, los países que mejor han capeado esta crisis sanitaria son aquellos que han hecho un esfuerzo, desde el principio, en gestionar esta situación teniendo una red sanitaria y científica muy establecida, como es el caso de Alemania, un país muy poblado, al que le ha ido bien gracias a esto, a la fuerte inversión en sanidad e investigación que tiene.

— ¿Qué opina respecto a la desescalada, piensa que se está haciendo con sentido común o que en muchos casos prima más las ganas y las prisas por volver a tener libertad?
— Sinceramente, creo que el tema de la desescalada es un ejercicio en el que lo importante es poder dar marcha atrás si los datos y las estadísticas en cuanto a nuevas infecciones se complican. Es decir, tenemos que estar preparados para dar pasos atrás, si fueran necesarios.

Lógicamente, tenemos que empezar a salir y a activar la economía, a volver de alguna manera a poner en marcha la maquinaria para que la sociedad avance, pero tenemos que ser capaces de renunciar a ir a una velocidad muy rápida, para evitar contagios y muertes.

Y es que, hasta que no dispongamos de un tratamiento eficaz, con una vacuna que pueda proteger a la sociedad de nuevas infecciones las únicas herramientas que tenemos en nuestras manos para prevenir las muertes asociadas a la infección del Coronavirus es vigilar y evitar nuevos contagios.

— Y por supuesto, que la población no se relaje y siga manteniendo el distanciamiento y las medidas sanitarias y de higiene que se piden?
— En este sentido, se ha realizado un esfuerzo muy grande y sería una auténtica tragedia tirar todo ese trabajo en equipo en el último momento.

Considero que en general, como individuos hemos demostrado una solidaridad y responsabilidad ejemplar, pero en este sentido lo único que podemos hacer es seguir adelante con estos comportamientos que reitero: lavado de manos constante y sobre todo, protección de las personas más vulnerables, los de mayor edad.

— ¿Qué vinculación tiene con Segovia?
— Toda mi familia es de Segovia, tanto mis padres como mis abuelos. Yo soy madrileña de nacimiento y llevo muchos años viviendo en Cataluña, por lo que me siento un poco de todas partes, aunque siempre que me preguntan de dónde eres respondo que soy segoviana y de corazón, ya que uno es del sitio de donde siente sus raíces, y yo siento que soy segoviana pues mi familia siempre me ha trasmitido ese amor por Segovia y por ser castellanoleonesa.

—Por desgracia, tanto Castilla y León como Segovia están siendo de las zonas más azotadas por el Coronavirus, a pesar de su población. ¿Crees que se debe a la cercanía con Madrid o tal vez no haya una explicación empírica?
— Tanto la cercanía como la globalización generan situaciones complejas como ésta. El hecho de que la ciudad de Segovia disponga de una estación de alta velocidad y una frecuencia elevada de viajeros,— que permite y agiliza el intercambio de personas entre distintas provincias y Comunidades— desde el punto de vista económico es estupendo. Pero en una situación de pandemia como la que estamos viviendo también facilita la transmisión viral. Una situación con la que vamos a tener que aprender a convivir, pues la globalización del mundo es así y no va a cambiar.

Por este motivo, como sociedad, debemos encontrar maneras de frenar la diseminación de los virus para que no lleguen a complicarse tanto como lo ha hecho el caso del Coronavirus. El problema en esta situación ha sido que nos dimos cuenta muy tarde de la magnitud de dicha trasmisión. Si se hubiera detectado a tiempo, probablemente en Segovia no se habrían alcanzado las tasas que se han alcanzado, ni en algunas zonas de Madrid, Barcelona y sus alrededores.

Hay ciudades pequeñas que se han visto azotadas por una virulencia enorme, como es el caso aquí en Cataluña de Igualada, un sitio pequeño al que llegaron muchas personas al mismo tiempo infectadas y en ese momento se empezó a trasmitir el virus de forma incontrolada pues todavía no sabíamos que estaba entre nosotros, por desgracia.