Hacendera en Cabanillas para recuperar un camino vecinal. / Fuente: Facebook Tenada del Monte
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En los últimos años ha cobrado una especial relevancia y presencia el concepto del procomún en la literatura etnográfica, en jornadas formativas, divulgativas, etc. Veremos que, aunque el término es relativamente moderno, recoge conceptos y modos de actuar que, una vez analizados, nos van a remitir a prácticas que están bien representadas en la Cultura Tradicional. De un modo más concreto, analizaremos casos específicos en nuestra herencia cultural segoviana, plagada de experiencias pasadas y recientes en ese sentido.

¿Qué indicamos cuando hablamos de procomún?. El término expresa de modo novedoso una idea bastante antigua: que algunos bienes pertenecen a todos y que en su conjunto forman una comunidad de recursos que debe ser activamente protegida y gestionada.

El procomún está formado por las cosas que heredamos o creamos colectivamente y que esperamos legar a las generaciones futuras. Lo componen, por ejemplo, los recursos naturales (el aire, el agua, los paisajes), Internet -sí, también Internet- o el espacio radioeléctrico. También incluye abundantes creaciones sociales: por ejemplo los espacios públicos, la investigación científica, las obras de creación, el software – sí, también el software, especialmente el software libre- y, en general, el conocimiento público que hemos acumulado durante siglos.

Ostenta 3 propiedades fundamentales: Es amplio, porque abarca una considerable diversidad de bienes naturales (como las selvas, la biodiversidad, los fondos marinos o la Luna), culturales (la ciencia, el folclore, la lengua, las semillas, Internet…), sociales (el agua potable, las urbes, la democracia, el carnaval…) y corporales, también llamados de la especie (los órganos, el genoma, los datos clínicos…). Es múltiple, porque así son los muchos modos de existencia que adoptan las comunidades, tanto en el plano local, como en el regional, estatal o internacional.

Dicho de otro modo: no existe comunidad sin un procomún donde asentarse. Y es elusivo, porque siendo fundamental para la vida lo tenemos por un hecho dado, es un don que sólo percibimos cuando está amenazado o en peligro de desaparición.

¿Sorprendido lector, sorprendida lectora? De algún modo se ha impuesto la idea de que hay que proteger sólo lo ancestral. Es evidente que es así, desde luego. Pero no de modo exclusivo. Todo lo que nos hace progresar colectivamente, fruto de nuestro conocimiento adquirido, es patrimonio común susceptible de ser preservado de sus potenciales amenazas. Independientemente de su antigüedad. Es un ejercicio de ciudadanía plena contribuir a preservar el legado creado, y también el que vamos creando.

En el procomún reside una propiedad esencial: nos recuerda nuestra condición de miembros de una comunidad, en condiciones esenciales de igualdad, puesto que todos lo disfrutamos. Promover la conservación del procomún implica, a menudo, la necesidad de contemplar un término básico: la cooperación, que nos sugiere nuestra condición de semejantes como pocos conceptos lo hacen.

Esta cooperación, asentada en un modo auto organizativo de gestión de estos recursos, como veremos en nuestros ejemplos, contribuye a fortalecer nuestra identidad con los lugares que habitamos y a patrimonializarlos de modo más intenso. Algo muy necesario en la España vaciada de la que tanto se habla últimamente.

El procomún en la Cultura Tradicional Segoviana. La Cultura Tradicional Segoviana nos ofrece ejemplos impagables de gestiones comunitarias a favor del procomún que, siendo en muchos casos actividades que se remontan a la antigüedad, se corresponden perfectamente con este concepto de tintes tan modernizados. En nuestra provincia muchas de estas tareas comunales toman el nombre de hacenderas u obrerizas. A riesgo de dejarnos varias en el tintero, vamos a enumerar algunas de ellas.

Haciendo Hacenderas es un proyecto llevado a cabo en los municipios de San Martín y Mudrián y Chatún, dedicado a recuperar la tradición de las hacenderas a través del relato de las personas mayores, volcado en la transmisión de este conocimiento a la población infantil, que trata de ser impulsora de iniciativas comunitarias.

La actividad fue desarrollada por la Asociación Iniciativa Social de Mujeres Rurales (ISMUR), Escuelas Campesinas de Segovia, Colectivos de Acción Solidaria (CAS) y EnProceso Iniciativa Social, con la financiación del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, y con la colaboración activa, en sus localidades, de los respectivos ayuntamientos y escuelas del C.R.A. “El Carracillo”.

Este proceso grupal de acción- transformación en aspectos como caminos o acequias ha tratado de vincular al segmento más joven de la población con su comunidad.

En Torrecaballeros, gracias a la organización de la entidad “Tenada del Monte” y al Ayuntamiento de la localidad, han prosperado varias actividades por el procomún, con la participación del vecindario y estudiantes universitarios, recuperando espacios comunes, caminos y tramos de caceras en mal estado. Han organizado varias ediciones, en las que muchas personas han comprendido mejor la importancia de los usos comunales, han mejorado el medio ambiente y hanculminado un proceso de trabajo colectivo.

En Basardilla se han recuperado algunas de las antiguas pozas de lino.

En Vellosillo, durante varios años se han venido realizando varias hacenderas anuales, con propósitos tan diversos como poda de árboles, limpieza de fuentes, reforestación, etc… a través de su Asociación local de Vecinos y Amigos.

En Otones de Benjumea, con la organización de la Asociación Cultural “El Corralón”, se vienen organizando hacenderas para propósitos tan diversos como el acondicionamiento de patios, terrazas e instalaciones deportivas, pintado del frontón, jardinería, etc. La participación de niños y mayores sigue siendo una característica esencial de este proyecto.

En Sigueruelo, durante los últimos años se han realizado numerosas actuaciones en zonas emblemáticas del pueblo como fuentes, barbacoas públicas o el potro. También se ha reformado la sede de la Asociación de Vecinos y se han edificado muros de contención en calles para prevenir las avenidas de aguas y nieves.

En la Mancomunidad de la Atalaya , vecinos de Palazuelos, Trescasas, Tabanera, San Cristóbal, Sonsoto y La Lastrilla están llamados a la “Cacera Mayor”, una hacendera en la que se acometen trabajos para el arreglo y limpieza de la Cacera Mayor del Cambrones, que en tiempos (y aún hoy) abastecía de agua a los huertos y prados ganaderos, especialmente en los meses de verano. Antaño esta tarea era obligatoria so pena de multa; hoy, claro, es un evento voluntario.

Incluso el Centro Nacional de Educación Ambiental (CENEAM) ha modelado bajo la forma de hacenderas algunas de sus actividades ofertadas, como aquellas que han tenido que ver con instalaciones de cajas nido o el mantenimiento de algunas sendas interpretativas.

A modo de conclusión, podemos indicar que en todas las hacenderas reseñadas aparecen ingredientes similares.

Siempre está presente la organización comunal y transversal de las tareas por parte de los participantes. También solemos encontrar la colaboración –de un modo u otro, desde la financiación o cofinanciación hasta el simple permiso- de administraciones públicas de distintos ámbitos. Y, en especial, de modo invariable, aparece el sentimiento de fiesta y encuentro lúdico que envuelve cada uno de estos eventos.

Quizá esta reflexión nos pueda dar la pista de qué elementos son los necesarios para que estas actividades, que beben de tradiciones ancestrales en muchos casos, no desaparezcan del ámbito de lo que ahora llamamos, de un modo tan contemporáneo, el procomún.

(*) Profesor – Tutor del Centro Asociado de la UNED en Segovia – Antropólogo Social y Cultural – Ingeniero de Montes.