Carmen Salazar en Folk Segovia
Carmen Salazar, a la derecha, expone la muestra de postizas a los asistentes. / NEREA LLORENTE

No son castañuelas, aunque se les parezcan mucho. A diferencia de sus primas hermanas, las postizas, muy típicas de la región de Murcia, tienen una forma más cóncava y abombada, lo cual les confiere una sonoridad más fuerte y grave en relación a las típicas castañuelas.

Estos instrumentos fueron el tema central del taller con el que comenzó la última tarde del Folk Segovia. De la mano de la organización ‘Postizas. Marcando el baile’, los vecinos de la ciudad se reunieron en La Alhóndiga a eso de las cinco de la tarde para comenzar un breve pero intenso viaje en el que descubrieron cómo se manufacturan y se tocan los instrumentos.

Lo primero que hicieron fue visionar un breve documental en el que uno de los pocos posticeros artesanales que quedan en el país, un murciano llamado Antonio Navarro, explicaba el proceso. Como si de un escultor se tratase, cinceló un tablón de madera hasta que se quedaba con la forma de la postiza. A continuación, con un estropajo de esparto, pulió y sacó el brillo del material. Tras unir cada pieza con un cordel, la postiza ya estaba finalizada. A las graves las llama ‘macho’ y a las agudas ‘hembra’.

Además, el documental mostraba\ también el testimonio vital de Navarro, quien, además de posticero, ha trabajado toda su vida como jornalero en la huerta murciana. Un día, vio cómo se elaboraban los instrumentos en Lorca y se quedó con el proceso. Expresó la enorme pasión que siente por las postizas y, además, la gran pena que le produce la perspectiva de que, tras él, lo más seguro es que el oficio se pierda.

Prácticas

Tras el documental, los asistentes pasaron a la sala principal de la Alhóndiga, donde Carmen María Salazar, cuadrillera y colaboradora de la organización, enseñó una muestra de postizas que le había confiado Navarro. Mostró como muchas de las piezas tienen que ser desechadas, puesto que el árbol del que se sacan los tablones, el jinjolero, muchas veces esconde la carcoma bajo su corteza. También comparó las postizas artesanales con las castañuelas de fábrica, haciendo notar lo artificial del hueco de las segundas, con un círculo demasiado perfecto.

Una vez quedó clara la teoría, se pasó a la práctica. Cada uno de los asistentes, con su correspondiente par de postizas, siguió las enseñanzas de Salazar. La cuadrillera enfatizó las diferencias del baile de su tierra, más contenido en los gestos, con respecto al típico baile flamenco que se asocia con las castañuelas. En poco tiempo, la mayoría de los presentes aprendió a realizar algunos patrones con las postizas y la sala se llenó de ritmos de jota.

Tanto pequeños como mayores tuvieron la oportunidad de perfeccionar con la ayuda de Salazar, que, persona a persona, se preocupó de que la experiencia fuera lo más gratificante posible.

Tras el taller, tuvo lugar el último concierto del Folk Segovia a cargo de Juan José Robles en la plaza de San Martín. Así, el festival cerró sus puertas tras cinco intensos días de pasacalles, conciertos, exposiciones y conferencias que insuflan nueva vida en la cultura tradicional.