Turistas regionales han visitado la ciudad durante el puente festivo. / NEREA LLORENTE
Turistas regionales han visitado la ciudad durante el puente festivo. / NEREA LLORENTE

Aunque el cielo estaba nublado y la lluvia había amenazado a la ciudad durante todo el puente festivo, las terrazas de los bares y restaurantes iban recobrando poco a poco la vida, mientras que en su interior reinaba el silencio. A pesar de ello, los hosteleros miran con optimismo el próximo 9 de mayo, cuando el toque de queda y el cierre perimetral llegarán a su fin. “El tiempo nos está fastidiando mucho, pero se está funcionando bien gracias a los turistas regionales”, afirmaba el propietario de ‘Bahía Bar’, José Gabriel.

A los pies del Acueducto, una niña de siete años sostenía un mapa entre sus manos. A su lado, su hermana Amalia escuchaba atentamente a sus padres, quienes parecían explicarle algunos detalles del monumento estrella de Segovia, que todos miraban impresionados. Son de Soria y habían venido a pasar el día a la localidad. “Mi hija acaba de estudiar la civilización romana y queríamos que viera lo grandioso que es el Acueducto”, afirmó Isabel.

No solo les llamaron la atención los monumentos de Segovia, sino también lo bien conservada que está esta ciudad Patrimonio de la Humanidad. A Santi le sorprendió que el centro histórico “siempre está fenomenal, da gusto verlo y pasear” y, que además sea una zona peatonal, “es un punto más”. Unas horas después debían iniciar el viaje de vuelta. “Hay que estar a las 22:00 en casa”, recordaba el hombre con resignación. Y es que la actual crisis sanitaria se ha convertido en la gran protagonista de todas las conversaciones.

Junto a ellos, los vallisoletanos Natalia y Zigor decidían hacia dónde dirigirse. Atraídos por la belleza de Segovia, habían vuelto a ver la ciudad, esta vez para que la conocieran sus dos hijos pequeños. Se habían quedado sorprendidos por “la cantidad de terrazas que hay ahora”. La última vez que estuvieron, la pandemia había bajado la persiana de muchos restaurantes. Aunque no sabían si podrían encontrar un hueco en el exterior de algún establecimiento, decidieron hacer su reserva en uno de los sitios más icónicos de la ciudad.

Esta familia acababa de realizar un tour como el que se encargaba de hacer Mari Cruz. Unos cuantos metros más adelante, en la calle Juan Bravo, Patricia y su novio no levantaban la vista de la guía que habían contratado para que les descubriera la historia de Segovia. Quedaron “impresionados” con la catedral. Sin embargo, en Burgos tienen “una referencia muy buena”, dijo la joven entre risas. No se irían sin comer el famoso cochinillo segoviano.

Las restricciones de aforo solo permiten grupos de seis personas como máximo, incluido el guía. “En los puentes se empieza a notar movimiento, pero los free tour siguen muy atascados”, lamentaba Mari Cruz.

¿Y los hoteles?

El cierre de la comunidad para prevenir la expansión del virus limita a Segovia a un turismo regional. Frente a la estatua de Juan Bravo, en el Hotel Real Segovia, abierto únicamente viernes y sábados, Natalia trabaja de recepcionista. La ocupación apenas ronda el 20-25%. Según sostenía, “la climatología adversa ha repercutido negativamente en que haya habido menos turistas”.

Antes de la crisis sanitaria, el 50-60% de quienes se alojaban en las habitaciones eran madrileños, mientras que un 30-35% era turismo internacional. Ahora la situación es muy distinta. Para los hoteles segovianos, “Madrid es todo”. Por ello, esperan que a partir del 9 de mayo, los ciudadanos de la capital vuelvan a visitarles.

Asimismo, Natalia denuncia que son los grandes olvidados. “Todos nos acordamos de la hostelería, pero ¿qué pasa con los hoteles? Si no hay movilidad, no hay turismo y Segovia vive de esto”, lamenta la recepcionista.