Su obra queda en Segovia

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Segovia, la tierra adoptiva de Moro, que era madrileño de nacimiento, guarda una amplia muestra de su obra, con monumentos públicos como los dedicados al maestro de folkloristas Agapito Marazuela, en la plaza del Socorro; el poeta místico San Juan de la Cruz, junto a la cuesta que lleva su nombre; el fundador de los Claretianos, Antonio María Claret, junto al colegio; o su monumento a la Juventud, en los jardines de la Plaza del Conde de Cheste. Además, en la memoria de muchos segovianos, sus intervenciones en la calle, desde aquellas vacas bajando las escaleras de San Martín, hasta la última, en Fernández Ladreda, en el verano de 2009.