Pedro Insua.

Tiene Vd. una obra extensa de análisis sobre el devenir histórico de España y su acción en el mundo.

En 2012 Hermes Católico, en 2017 Guerra y Paz en el Quijote, en 2018 1492 España contra sus fantasmas en 2019 El orbe a sus pies y ha participado en el documental “España la primera globalización”.

— Su nuevo libro es sobre Alfonso X el Sabio ¿Por qué ha escogido este rey en concreto?
— Se trata de un encargo de la editorial Ariel, que sería el tercer libro que me encarga esta editorial, y se produce con ocasión del VIII centenario del nacimiento del Rey Sabio, que tuvo lugar en 2021. Alfonso X nació en Toledo en 1221, año que coincide con la fundación de la catedral de Burgos, y por esta doble conmemoración la editorial tuvo a bien encargarme un libro para tratar acerca del origen de España. De su origen medieval.

— ¿Cuál será el titulo del libro? ¿Cuándo estará en librerías?
— “Cuando España echó a andar. Alfonso X y los orígenes de la nación española”. Está previsto para Febrero de 2023.

— ¿Cuándo se constituye la nación española?
— Pues en esto, creo, reside la novedad de lo que allí expongo, el libro ya está en prensa, aunque existen autores que respaldan esta tesis, como Ladero Quesada, por ejemplo, y que se acerca, desde luego, más a la tesis de Castro que a la de Sánchez Albornoz (tesis que discuto ampliamente en el libro). La tesis es que España como nación surge en la Baja Edad Media, en concreto en el siglo XIII, a través de la consolidación institucional, durante el reinado de Alfonso X, de lo ganado al islam cuando la conquista cristiana llega a Andalucía, lo que se llamó la Castilla novísima. Es ahí, y no antes, cuando tiene lugar la formación de ese bloque institucional (urbanístico, administrativo, económico, cultural), marcado por la frontera con el islam, en el que poblaciones procedentes del norte pacificado, se instalan, con los repartimientos, en el sur ganado al islam. La conquista de Córdoba (1236), de Valencia (1238), de Jaén (1246), de Sevilla (1248), y el vasallaje sobre Granada (1246), va a cerrar el programa de tipo imperial abierto por Alfonso II en Oviedo, llegando “de mar a mar” (del mar de Santander al de Cádiz), como se dirá en ese momento. Con Fernando III el programa reconquistador se cerraba sobre el “señorío de Rodrigo”, pero no para volver a obtener lo perdido (nunca se restaura el reino visigodo), sino que surge una nueva sociedad, producto de esa mezcla de gentes (gallegos, vascos, castellanos, aragoneses, catalanes) que ocuparán Andalucía, formando el bloque que hoy llamamos España. Uno de los resultados más importantes de esos vínculos que se empiezan a entretejer a partir de ahí es el de la comunicación, a través de una lengua, el castellano, que Alfonso X convertirá en cancilleresca, y de cultura (con una labor de traducción extraordinaria). Sin la conexión y la jerarquía urbana que determina la relación Sevilla-Burgos no se puede hablar de España. Siendo Sevilla, además, ideada por Alfonso X para ser el núcleo urbano imperial, así lo manifiesta en su obra el Setenario, a partir del cual dar el salto a África, al otro lado del Estrecho, movimiento que ya no entraba dentro del programa “reconquistador”.

— ¿Cuál es su formación?
— Yo he estudiado Filosofía, soy profesor de tal materia en Educación Secundaria, y tengo estudios de doctorado (lo que llaman DEA) de Historia, sin llegar aún a doctorarme (en ello estamos desde hace…veinte años, jaja).

— ¿Quiénes son sus referencias filosóficas?
— Trato de moverme en las coordenadas, como solemos decir, del materialismo filosófico, por lo menos intencionalmente. Y no porque sí, porque me haya tocado en suerte por fatalidad, sino porque me parece un sistema bien sólido, que moviliza poderosas razones para acercarse a los distintos temas de eso que llamamos, así en bloque, la realidad. El materialismo filosófico, cuyo autor principal es Gustavo Bueno, es una herramienta filosófica muy potente de penetración en la realidad. Un sistema muy contrastado y debatido con la propia tradición filosófica, pero siempre con su reserva crítica, socrática, que impide caer en dogmatismos de ningún tipo. Bueno comparaba a los sistemas filosóficos con los mapas mundi. Pues eso es. Este es el mapamundi que mejor representa el terreno, de los que yo conozco.

— ¿Qué importancia tiene un sistema filosófico a la hora de interpretar la historia?
— Pues la misma importancia que tiene para interpretar cualquier otra cosa. A mí me ha interesado la historia, sobre todo, por razones políticas. Y una de las conclusiones (filosóficas) a las que he llegado es que la Historia y la Política son categorías inconmensurables, y que la Historia tiene su campo categorial que no se puede disolver ni en política ni en ideología. Hay verdad en la Historia, no es, sin más, el “relato impuesto”, victorioso, hegemónico. Eso de que la historia la escriben los vencedores, pues sí, pero tiene que ser verdadero, para ser histórico. Esa exigencia está por encima de la condición del vencedor. La victoria no es garantía de verdad.

— ¿Cuáles son sus referencias históricas?
— Bueno, para este libro, en concreto, hay que decir que, además de los clásicos medievalistas, desde Henri Pirenne, Marc Bloch, Sánchez Albornoz, Valdeavellano, por supuesto Barbero y Vigil, Julio Valdeón, Ladero Quesada, también me he leído a los nuevos referentes del medievalismo español, con una producción historiográfica muy importante, y que están haciendo un trabajo realmente admirable: así, Carlos de Ayala, García Fitz, José María Mínguez, Ángel Gordo, Diego Melo, Armando Besga Marroquín, García Sanjuán, Felipe Maíllo.

— ¿Existe la Reconquista o es una reinterpretación del siglo XIX?
— Como ideología neogótica la visión “reconquistadora” existe desde el principio, desde las primeras crónicas, aunque se va asentando, sobre todo, con la cronística de Alfonso III. Pero es una visión ideológica, funcional, pero ideológica, deformada de la realidad. España es mucho más que un “reconquista” del orden godo. Lo desborda completamente. La Hispania goda es una prolongación del imperio romano. España ha desbordado lo límites mediterráneos en los que se asentó el Imperio romano, siendo la protagonista de su desbordamiento. Es el programa alfonsino de ir más allá, el “fecho del allende”, esto es África, el que va a impedir esa asimilación. España es mucho más que una provincia romana recuperada.

— ¿Qué impacto cree que ha tenido España en la historia del mundo?
— Pues fue el imperio que inició la política esférica transoceánica. Antes de España había un mar en el centro del mundo envuelto por tres continentes, y un Océano (o mar tenebroso) impracticable náuticamente alrededor. Después de España, yendo más allá (plus ultra) de las columnas de Hércules, se probó que hay tres océanos y cuatro continentes. Se descubrió, porque fue recorrida náuticamente, el mundo entero, la esfera terrestre. Hasta ese momento tan sólo había sido “calculada” matemáticamente (que no está nada mal, ¿eh?, de hecho, es gracias a ese cálculo por lo que después se puede recorrer).

— ¿Qué importancia tiene el conocimiento de la historia en el momento actual de España? ¿Y en el futuro?
— Es cuestión de supervivencia. Se trata de no morir aplastado por los relatos ficción del separatismo, que quiere mandar a España, ya no solamente al No Ser política, sino también al No Ser histórico, como si España hubiera sido un mal sueño y del que es mejor despertar de una vez, para olvidarlo.

— ¿Ha presentado su obra en algún país de Iberoamérica?
— Presencialmente, in situ, nunca.

— ¿Cómo cree que puede desarrollarse una plataforma hispánica cultural y política hoy en día?
— Bueno, el español, como koiné, es el elemento de cohesión fundamental. El resto va ligado a él.

— ¿Cómo cree que habría que divulgar y dar a conocer la historia de España? ¿Qué opinión le merecen las reformas actuales de la asignatura de historia?
— Todos sabemos desde Platón, que el plan de estudios es el arma revolucionaria más poderosa. Quien tiene en su poder este instrumento burocrático tiene el poder de influir en las siguientes generaciones. Es verdad que no todo pasa por el plan de estudios, Pero es un instrumento muy importante.

— ¿Tiene hijos? ¿Qué aprenden en el colegio? ¿Completa Vd. su formación? ¿Cómo?

— Sí. En Madrid, que es donde vivo y en donde estudian mis hijos, el bilingüismo del PP, que nadie discute, lo ha copado todo. Difícilmente se puede encontrar una medida más despótica que la que sacó adelante la “liberal” y anglófila Esperanza Aguirre implantando el bilingüismo en Madrid. El “Tagus river”. Con eso se lo digo todo. Me parece importante aprender inglés, claro que sí, pero no en inglés. Tenemos una lengua española que permite desarrollar con competencia la formación en cualquier disciplina, incluyendo naturalmente ciencias e ingenierías.

— Considera útiles las plataformas en redes ¿qué canales le parecen interesantes para los jóvenes?
— Sí, para alguien de Filosofía, como es mi caso, las redes sociales son una especie de ágora gigantesca, y me parecen muy útiles para hacer dedos dialécticos, por así decir.
Tiene unas contrapartidas tóxicas muy importantes; pero, bueno, no más que cualquier otra plataforma más tradicional, como la imprenta, por ejemplo.

— ¿Qué papel ha tenido la Iglesia católica en la formación de España?
— Bueno, habría que decir que fueron los reyes españoles, el poder civil, quienes sacaron adelante a la Iglesia. Y la Iglesia, sin embargo, ha tenido un papel desigual. No hay que olvidarse nunca que es la Iglesia -las órdenes regulares- quien cultiva, en el siglo XVI, la Leyenda Negra antiespañola. Y tampoco hay que olvidarse de que es en el seno de la Iglesia, en el siglo XIX, en donde crece el nacionalismo fragmentario y el separatismo. A la Iglesia nunca le interesó un poder civil fuerte; siempre quiso someterlo. Las dispensas matrimoniales y su utilización como arma política por el Papado, desde la Edad Media, es algo digno de ser estudiado.

— ¿Y la Monarquía?
— La monarquía hizo España.

— Vd. se reclama de izquierdas y de una filiación jacobina ¿qué significa esto hoy en día?
— Significa la reivindicación de la nación como instrumento político. Es decir, significa que los derechos políticos se obtienen por el hecho de haber nacido español, sin excepciones ni reservas (sin privilegios) de ningún tipo, o por el hecho de, naciendo en el extranjero, haber obtenido la nacionalidad española. El jacobinismo significa que la historia no hace al derecho, sino que estos proceden de la política, del Estado. Esos “derechos históricos” que reclaman los nacionalistas regionales son una patraña: no existen los derechos “históricos”. La historia no es fuente ni justifica el derecho, sólo lo hace el Estado. Si se reconocen unos derechos especiales a los catalanes, a través de un Estatuto, no es porque tengan “derechos históricos”, sino porque el Estado autonómico, actual (no histórico), le reconoce tales derechos. Contra eso va el jacobinismo que yo defiendo. La realidad política en la que vivimos es en la de Robespierre, no en la de Burke, ni la de De Maistre.

— ¿Qué opina de la idea de un referéndum en Cataluña, o de los que sugieren que España podría inspirarse en Canadá o en Suiza?
— Opino que no se le puede conceder. Porque además no se sabe ni quién establece el censo, ni cuál es su jurisdicción. Quien determine quién puede votar en ese referéndum ya ha decido sobre algo que sólo los españoles pueden decidir. Quien determine quién pueda votar ya ha decidido por adelantado. El referéndum es, en realidad, un flatus vocis.

— ¿Ha visto Malinche, el musical de Nacho Cano?
— No la he visto. Estoy esperando a ver si Nacho Cano me invita.