Campo Azálvaro desde Batanejos. Guillermo Herrero

La historia del Campo Azálvaro (voz islámica que significa ‘campo de Álvaro’) va ligada, a lo largo de los tiempos, a los aprovechamientos de sus pastos por los ganados pertenecientes a los habitantes de los poblados cercanos a esta inmensa finca fronteriza entre las provincias de Ávila y Segovia. Y también, durante todo el periodo de existencia de la Mesta, al uso temporal de sus pastos por la trashumancia a su paso por las cañadas que le cruzan.

El Campo Azálvaro vierte sus aguas dando lugar al nacimiento del Río Voltoya. Este lo atraviesa a lo largo de todo el valle, siendo uno de los mejores lugares acondicionados para el pastoreo. La importancia de esta vasta extensión de pastos está incrementada con la confluencia de la Cañada Leonesa de Valdeburón que, entrando por la Hoya de S. Bernabé, al Norte, atraviesa el Campo Azálvaro hacia el Sur y sale superando la Sierra de Malagón. Y por otro lado, uno de los cordeles de la Cañada Segoviana, que entrando por Valposado, al Noreste (término de El Espinar), lo recorre en dirección Oeste, saliendo por el paraje conocido como la Humbría.

Anteriormente a la Edad Media no tenemos datos que den luz a informaciones sobre el Campo Azálvaro. Indudablemente, en el periodo romano tuvo que tener alguna actividad, y sin duda fue lugar de paso, como lo demuestra el puente conocido como de “las Merinas”, cuyo origen, parece que se remonta a este periodo romano. Las primeras referencias documentales que nos han llegado corresponden al año 1103. Es un periodo de plena expansión de los reinos cristianos en toda la Península. Alfonso VI consigue llevar a cabo la reconquista hasta Toledo unos cuantos años antes, 1085, ya en la Meseta sur. Esta empresa no hubiera sido posible sin el asentamiento y consolidación de una serie de poblaciones que sirvieran de apoyo y abastecimiento de sus huestes ‘aquende sierra’ en la llamada entonces ‘Extremadura Castellana’. Reinando Fernando I (1037-1065), ya se habían hecho incursiones a las antiguas ciudades semi despobladas, de la sierra, Ávila y Segovia. Se cree que Alfonso VI llegó a ellas antes del 1080, y a Madrid en 1083. Estas repoblaciones de dichas ciudades, que se llevaron a cabo por Raimundo de Borgoña, siguiendo el planteamiento de su suegro el rey, se ordenaron con colaciones, villarejos, aldegañas, aldeas y concejos, que tejieron toda una red de pequeñas poblaciones en los nuevos territorios conquistados. A tenor de estas pautas, en 1103 Raimundo de Borgoña, junto con el obispo Jerónimo de Ávila (encargado de crear el nuevo obispado de esta ciudad dependiente del de Santiago) donan al monasterio de S. Millán de la Cogolla, y a la iglesia de S. Millán de Ávila, las aldeas de Caloco y otra próxima junto al Campo Azálvaro (¿El Espinar?). Dichas aldeas estaban situadas en el recorrido utilizado frecuentemente, tanto por las huestes musulmanas, como cristianas (Ramiro II en 933, Abderraman III en 944, Ali Maizon en 1072, Alfonso VI, el conde Pedro Ansúrez, etc.), para salvar por el puerto de Valathomela conocida entonces como Sierra del Dragón (posteriormente de Guadarrama), y pasar de una a otra meseta. Por ser uno de los puntos más bajos y menos duros del Sistema Central. Como vemos, dichas aldeas estaban estratégicamente situadas.

A medida que la repoblación de la Extremadura Castellana se va consolidando en el siglo XI, van surgiendo las universidades comunales, es decir las comunidades de las ciudades y sus tierras. Así las de Ávila y Segovia llegan a tener un papel fundamental en la reconquista y población de ‘allende la Sierra del Dragón’. Segovia con su ‘Hermandad’ de huestes (compuestas con más de 5000 peones y 400 jinetes, eran las más poderosas de la Península), consigue llegar cerca de las puertas de Toledo, poblando casi todos los territorios de la actual provincia de Madrid.

Estas comunidades se fueron dividiendo en sexmos, y aunque esta denominación hace referencia a seis partes, la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia, que empezó con seis sexmos (ya en el siglo XI era una comunidad muy extensa según Manuel González Herrero en su publicación ‘Segovia, Pueblo, Ciudad y Tierra’). En el siglo siguiente, a medida que se fue expandiendo hacia el sur, llegó a estar compuesta por trece sexmos. Así el Campo Azálvaro quedó repartido entre el Sexmo de Posaderas, el de S. Martín (estos con el tiempo se fusionaron, quedando el nombre de este último), y de El Espinar.

Los habitantes de las aldeas, que formaban parte de estos sexmos, fueron los que a lo largo del tiempo principalmente aprovecharon estos pastos para sus ganados, alquilando por periodos de cuatro años a la Comunidad las diferentes partes del Campo Azálvaro. Tan solo con la crisis de 1501-1505, ante la penuria general, por un periodo de dos años, no se arrendaron dichos pastos. Pero unos pocos años después, ante el aumento de la población (El Espinar llego a tener 1000 vecinos y 5000 habitantes, la más poblada después de Segovia, según los estudios de la historiadora María Asenjo González), los sexmos de S. Martín y de El Espinar piden al Consejo Real permiso para arrendar el Campo Azálvaro a la ciudad de Segovia, “…pagando más, para poder labrar dicho campo y tierra de pan”. Pues rentaría entre 30.000 y 40.000 maravedís más que hasta esos momentos venía rentando.

Igualmente, la Mesta tenía este territorio como lugar de reunión de los ganados de Ávila y Segovia. Las cabañas de ganado trashumante a su paso por las cañadas hicieron uso de dichos pastos. Según María Asenjo (en su libro ‘Segovia, Ciudad y su Tierra a finales del Medievo’), los sexmos de S. Martín y de El Espinar, fueron los más estrechamente vinculados con la Mesta. Aunque los lugares de Aldeavieja, Villacastín, Navas de Zarzuela y El Espinar fueron los que más aumentaron, creciendo en población, ganados y economía, nos han llegado noticia de otros términos como caseríos, villarejos y aldehuelas que con el tiempo quedaron despoblados, así como de explotaciones ganaderas que han llegado a nuestros días (Villarejo de Valposado, Navaznar, el Guijo, Navalvillar, Santo Domingo de la Cañada, Villarejos de Valdelobiellos, Albarrana, Arroyos, Azuelas, Ciervos, Valdevillo, la Isabela, el Hatillo, Batanejos, las Erijuelas, casillas del Sapo, el Alamillo, Serones, etc.).

A finales del siglo XIV, existía un castillo con gran heredamiento adyacente. Era conocido como Sanchoñana, o Sanchonava. Era propiedad de Dª Teresa González, hija del abulense Nuño González, y mujer de Juan Ortiz Calderón (Justicia Mayor de Talavera). Esta señora dispuso la venta del castillo en su testamento, recayendo en D. Sánchez Ferránz, el deán de su iglesia, el adquirirlo en nombre de la ciudad de Segovia por 35.000 maravedíes viejos. Se hizo la subasta en el mismo castillo, y con esto quedó el Campo Azálvaro como coto redondeado y libre de condominios.

El Sexmo de El Espinar estaba compuesto por los villarejos y las aldeas primitivas de StªMª de Prados, Nuestra Sª de la Losa, S. Miguel, Stª María de Caloco,Stº Domingo de la Cañada, y el mismo Espinar, más las aldeas y villarejos surgidos durante los siglos XV y XVI de Peguerinos, Hoyo, la Gija, Arroyo, Azuelas, la Lastra (la mayoría despoblados con el tiempo), así como las fincas de Campo Azálvaro, dehesas de la Garganta, del Portillo, Dehesa, Prados, Boyal, las Fuentecillas, Gudillos y agregados. El Espinar podría ser, por eliminación, la ‘aldea cercana’ a la que se refiere en el documento de cesión de 1103, ya que los demás puntos poblados aparecen como villarejos o caseríos. En el último tercio de este siglo Alfonso VIII había enviado a pastar la ganadería de ovejas merinas de la dote de su mujer, la reina Leonor Plantagenet, a estos valles, y las personas que vinieron con esta ganadería construían la primera iglesia a S. Eutropio. Unos pocos años después, sobre 1215 – 1217, Enrique I levanta un palacio de caza en el Cabezuelo, palacio que Alfonso XI (1312-1350) amplia y mejora (recordemos la mención que hace en su Libro de Montería sobre “…Las dehesas del Espinar son un buen monte de puerco en todo el tiempo. La Garganta de Ruy Velázquez, es muy buen monte de osos y puerco en verano, …”). Pero según María Asenjo, cuando en 1297 la Comunidad de Ciudad y Tierra de Segovia otorga la Carta Puebla, El Espinar ya era cabeza de sexmo, tenía una organización social jerarquizada en la cual destacan entre sus personajes los llamados cuadrilleros, con funciones jerárquicas administrativas, reparto de tierras y mantenimiento de obligaciones militares. Y aunque en su primera puebla, Segovia incluye parte de la gran finca del Campo Azálvaro, en las sucesivas pueblas de 1317 y 1368, las ampliaciones de concesiones de tierras son hacia el Sur y el Este, abarcando ya la antigua aldea de Stª. Mª de Prados, motivo de largos y duros pleitos con dicha Comunidad.