Teatro Juan Bravo
Teatro Juan Bravo.

La exposición El espectáculo debe continuar del Grupo de Archiveros Segovianos que hasta el día 27 de junio se puede visitar en la Alhóndiga nos sugiere algunas preguntas que la mirada al pasado nos puede resolver, y es lo que se va a intentar en este artículo. Habría que asomarse a las investigaciones de Álvarez Pellitero, Ruano de la Haza, Álvarez Barrientos, Alvar, Ruiz Mayordomo, Ruiz Tarazona, González Cuenca, Amorós, Pernas, García Candau, Sánchez Vidal, Gubern, entre otros, pero valga este resumen a modo de introducción.

De las acepciones del Diccionario de la Lengua Española sobre el espectáculo nos interesan dos de ellas. La primera dice: Función o diversión pública celebrada en un teatro, en un circo o en cualquier otro edificio o lugar en el que se congrega la gente para presenciarla. La segunda es de este tenor: Aquello que se ofrece a la vista o a la contemplación intelectual y es capaz de atraer la atención y mover el ánimo infundiéndole deleite, asombro, dolor u otros afectos más o menos vivos o nobles.

En todo espectáculo hay actores y público, los que se dejan ver, y los que miran. Además los que asisten quieren verse unos a otros, y hasta en una determinada manera de vestir se logra la sensación de grupo.

A lo largo de la historia se han organizado gran cantidad de espectáculos y con mucha diversidad buscando el gozo intelectual o la mera distracción. En todo caso, hay elementos comunes, y no es raro encontrar precedentes en los que parecen surgir de repente.

Ya Platón prestó atención en el segundo libro de Las Leyes a esta actividad humana. Para este filósofo griego los espectáculos colaboran, y mucho, a formar en la virtud o en el vicio a una juventud nacida de ciudadanos virtuosos. Los primeros cristianos tuvieron que prescindir de las representaciones de los teatros o anfiteatros romanos fruto de la decadencia de la sociedad de entonces. Un destacado Padre de la Iglesia, san Juan Crisóstomo en su 15 homilía al pueblo de Antioquía se expresaba de esta manera: Desearía que encontrases a un hombre que sale de un espectáculo y a otro que sale de una prisión; verías cómo el alma del primero estaría turbada y llena de indignidad; la del segundo, sosegada y libre. Pero la Iglesia no rechazaba los espectáculos respetuosos con lo mejor del hombre, ya que era consciente de su valor formativo, y no tendrá inconveniente de promoverlos por su valor educativo.

Entre los espectáculos, al que más estudio e investigación se le ha dedicado es al teatro. Remontándonos a la Edad Media encontramos las representaciones religiosas en torno a la Navidad y Pascua con autos sacramentales. En ámbito profano la temática será amorosa y política desarrolladas en coplas, diálogos, farsas y églogas. Ya en el siglo XVI encontramos el teatro de la universidad, la tragedia renacentista, y en su final, la construcción de teatros, sin que se limitara a estos lugares las representaciones. Será en el siglo XVII sobre todo con la comedia de corral, la fiesta palaciega, y los autos sacramentales cuando el teatro será el espectáculo más popular. Con la ilustración se querrá que el teatro esté al servicio de las nuevas ideas, y se abrirá paso la adaptación hacia un espacio cerrado y con escenario, que permitirá mucho después la decoración artística. Con el romanticismo el teatro evoluciona hacia lo ficticio tomado como real, la ambientación muy conseguida por pintores escenógrafos ganó con los efectos producidos por la luz eléctrica y el sonido. Del amor apasionado romántico se pasó con el realismo a la descripción del ambiente burgués. Y ya en el siglo pasado se buscará el debate interior, el diálogo, las pausas para meditar. Se abriría la disyuntiva entre lo artístico y lo comercial, generando obras de mayor o menor valor. Aparecerán los directores de escena superando las competencias de los directores teatrales y artísticos. El cine y otros espectáculos contribuirían al declive en la asistencia al teatro.

Con la entrada del canto en las obras teatrales se abrirían paso desde el siglo XVII espectáculos como la ópera y la zarzuela, ésta adquirirá un carácter más popular en la siguiente centuria, y adquirirá con el tiempo un carácter más dramático, sin reducirse a las canciones de contrabandistas, toreros y gitanos. La ópera de influencia italiana hará acto de presencia en la España de los primeros Borbones del siglo XVIII, y seguirá en el siglo siguiente, sin que falte la producción nacional.

Es difícil separar fiesta y espectáculo, de hecho hubo fiestas que se convirtieron en espectáculos. Al hilo del calendario litúrgico se desarrollarían manifestaciones como la del obispillo, fiesta del asno, el rey de la faba, carnaval, procesiones, la cruz de mayo, la hoguera de san Juan, etc. A nivel civil se dan los encierros, moros y cristianos, entradas reales, nacimientos, bodas y entierros de personajes de relieve.

Otro de los espectáculos con mayor recorrido es el del baile y la danza a la que no es ajena ninguna clase social, ni lugar, la calle, el teatro, las iglesias, los palacios, las casas. El movimiento y el ritmo les son propios, y se asocian a la música y otras bellas artes. Entre las manifestaciones de este ámbito se encuentra la danza de la muerte que desde finales de la Edad Media pervive hasta el siglo XVIII, los momos o danza cortesana con disfraces, las zambras de la procesión del Corpus Christi, danza de corte, danzas en el teatro, en cortejos civiles, bailes de máscaras en carnaval, bailes populares como la caleta, el bolero, danza en la ópera, flamenco, bailes de salón, danzas regionales como la sardana, la muñeira, y ballet.

La música como espectáculo se remonta a Grecia y Roma, siguiendo su desarrollo con desigual intensidad hasta nuestros días. De las catedrales y monasterios salió a los salones de la corte y la nobleza, y más adelante de la burguesía, pasando a los teatros. Sus manifestaciones son muy variadas, desde el virtuosismo de un solista a grupos de cámara, coros, bandas y orquestas sinfónicas. La evolución y perfeccionamiento de los instrumentos, la implantación de conservatorios, y el hacer compositivo han contribuido a su desarrollo. Junto a la música clásica se abrió camino en el siglo pasado la música pop-rock, y el jazz.

Entre los espectáculos de voz palabra hay que remontarse a los juglares y trovadores medievales, continuar con la poesía en la calle desde el s.XVI que usa acrósticos, laberintos, emblemas, jeroglíficos, arquitectura efímera y pasquines. No faltó la improvisación en las academias poéticas. A modo de concurso poético proliferaron los juegos florales decimonónicos. Por último, cabe mencionar la oratoria sagrada de los canónigos magistrales, y la oratoria política de los políticos, donde la voz, el gesto y la argumentación ganaban el ánimo del público.

Se practicaron espectáculos de riesgo entre los nobles como justas, torneos, y pasos de armas en la edad media, prolongándose literariamente hasta el siglo XVII.

Espectáculo propio de la cultura hispana es la tauromaquia. El animal reúne fuerza, nobleza, fiereza y docilidad. La fiesta ofrece reto, peligro, colorido, triunfo o fracaso. La corrida de toros tal como la conocemos, y con todo lo que conlleva, ganaderías, plazas de toros, toreros profesionales, se fijó en el siglo XVIII.

Plaza de toros de Segovia
Plaza de toros de Segovia.

El origen del circo moderno se sitúa en 1770 en las iniciativas del británico Astley. Dos décadas después comenzarán a visitar el suelo hispano diversas compañías donde la destreza de los malabaristas, el humor de los payasos, y la presencia de fieras vendrían a ser los ejes de este espectáculo hasta nuestros días.

Circo Atlas
Circo Atlas.

El deporte es uno de los espectáculos de masas. Desde la antigua Grecia, la competición deportiva asocia el esparcimiento y la diversión. El tenis, ciclismo, hípica, fútbol, automovilismo y natación son los más seguidos.

A 1896 tenemos que retrotraernos para el inicio del cine. Sus comienzos se relacionan con la sociedad más acomodada y selecta admirada de la imagen en movimiento. Luego se iría popularizando de la mano del teatro hasta conseguir autonomía. Del cine mudo, que no ha de entenderse como visión en silencio, se llegaría al cine sonoro. Se tendría que afrontar el necesario doblaje de películas extranjeras.

La televisión en 1956 haría posible el cine en casa para los españoles, simultaneando con las salas de proyecciones. Poco a poco la televisión en España iría alcanzando metas de calidad como la necesaria red de repetidores en 1959, la integración a Eurovisión en 1960, los estudios de Prado del Rey en 1964, el segundo canal llamado UHF en 1966, la tecnología de satélites en 1967, coproducciones en 1968, emisiones en color 1971, teleseries populares desde 1976, canales autonómicos a partir de 1983, canales privados en 1989, televisión digital de pago desde 1997. Junto a la pequeña pantalla, apareció la del ordenador. El espectáculo electrónico se ha abierto en la era digital a una mayor autonomía por parte del espectador, y a una mayor diversificación de canales, soportes, modelos y formas.

Hasta aquí el intento de comprimir la vida de esta manifestación humana, el espectáculo. Sin duda, la investigación en marcha en bibliotecas y archivos nos ayudará a conocer mejor lo que ha llenado buena parte de nuestro tiempo de ocio.