Una plaza mayor rodeada de casas medievales de aspecto vetusto. Una monumental iglesia coronada por cuarenta metros de espadaña. Un paisaje arcilloso que enmarca al pueblo de tonos ocres y rojizos. Muchos son los atractivos que la villa de Ayllón ofrece al sentir del visitante y, también, al ojo experto del artista. En el día de hoy, varios becados de la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Complutense comparten, en una exposición habilitada en la antigua Iglesia de San Miguel, una serie de trabajos en los que expresan, a través de pintura, escultura o fotografía, su visión del histórico pueblo y sus pintorescas postales.
¿Cómo surgió la idea de montar un curso para que los estudiantes de dicha universidad pasaran quince días de convivencia en la Villa pintando, esculpiendo, creando, en definitiva? Lo cierto es que, en la época de los 80, ya existían algunos cursos parecidos en otros lugares de la provincia, como el que se celebraba en la localidad de Sepúlveda o el de Pintores Pensionados que sigue desarrollándose a día de hoy. La propuesta fue presentada tanto a la Corporación Municipal como a los responsables de la Facultad de Bellas Artes. Ambas respondieron muy positivamente y, en tiempos del alcalde Félix Buquerín, comenzó defintivamente el curso para becarios en Ayllón.
Tal y como opina un autor de la época, en este regidor, en su secretario Teodoro García y en Julio Burruchaga, decano de la Facultad por aquellos tiempos, hay que buscar la responsabilidad de haber impulsado y posibilitado la creación del curso. Para él, fue la inteligencia, más que la “sensiblería o la mera voluntad de acoger arte”, lo que explica que los miembros del acuerdo mostraran tan buena disposición. Para el Ayuntamiento, era una oportunidad inmejorable de honrar el nombre del pueblo. Para la Facultad, suponía un espacio idóneo para obtener un marco adecuado y un fervoroso apoyo popular.
Desde un comienzo, además, se tomó la acertada decisión de aprovechar el curso para enriquecer el fondo del Museo de Arte Contemporáneo de Ayllón. Una vez acabado el período de confección de las obras de arte, las autoridades del municipio elegían un trabajo de cada uno de los artistas. Pasaban después a formar parte de la colección permanente de la institución, sita en el Palacio del Obispo Vellosillo. Es precisamente la selección de los artistas de este año lo que estos días se expone en la Iglesia de San Miguel.
En esta ocasión, los seleccionados para formar parte del curso han sido Héctor Palacios, Ana Elisabeth Salova, Claudia Gallart, Jimena Merino, Laura Colombino, Leire Izaguirre, Sergio Casanovas y Yufei Jiang. Tras quince días de inspiración, convivencia y trabajo en la Villa de Ayllón, se ven recompensados con una exposición en la mencionada iglesia, que funciona como sede de la Oficina de Turismo. Se mantendrá hasta el día 18 de septiembre.
Las imágenes que se incluyen en este reportaje conforman una pequeña muestra de todo el arte que los becarios han colgado en las paredes de la Iglesia. Algunas de las obras, como el óleo de Héctor Palacios, reflejan el envidiable entorno natural en el que se encuentra la localidad. En el cuadro de este artista se puede apreciar la intensa luminosidad que domina el paisaje en los días de verano. De otra manera muy distinta, Jimena Merino juega también con el entorno del pueblo. En su caso, enfrasca ese tono rojizo que presentan los suelos arcillosos de la Sierra de Ayllón, conceptualizando un paisaje en un centímetro. Numerosas técnicas y expresiones para transmitir una misma realidad.
La única fotógrafa del grupo, Leire Izaguirre, apuesta también por el medio natural en la obra incluida. Sobre un fondo verde de pasto, unas solitarias cardenchas protagonizan el encuadre. ¿A qué se referirá la artista con este disparo? Numerosas preguntas se desprenden también de las cerámicas de Yufei Jiang. En ellas, las formas humanas surgen de objetos tan cotidianos como los botijos o los porrones. Mezclas que nos hablan de una esencia híbrida, donde lo fabricado y lo natural forman un solo ser.
Otra de las técnicas empleadas por los becarios es la del collage. Como se aprecia en el cuadro de Ana Elisabeth Salova, figuras reconocibles y emblemáticas de la tradición pictórica española, como las Meninas, abandonan su salón palaciego y dan a parar a un nuevo entorno. que muy bien podría corresponderse con uno de los edificios de la Villa de Ayllón. Por su parte, Laura Colombino presenta un boceto en grises en el que se distinguen dos casas en medio de un paisaje de aspecto tétrico e intranquilo, una escena de esas que enmarcan los peores crímenes. Con este dibujo, es inevitable pensar en las muchas leyendas y habladurías que han informado la comidilla de muchos habitantes de la Villa. Por último, empleando una graciosa distribución, Claudia Gallart presenta tres corderos jugando alrededor de una roca. Una escena que transmite la paz y tranquilidad del campo.