IE siempre se ha caracterizado por su gran apoyo al emprendedurismo; es parte del ADN de la institución académica. / Roberto Arribas
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Santiago Íñiguez de Onzoño, Presidente de IE University

Los estrategas empresariales utilizan el concepto de “cisne negro” para referirse a aquellos acontecimientos sorpresivos, que pueden transformar dramáticamente un sector de negocio, o la entera economía. La metáfora hace referencia a la rareza de los cisnes negros, que originalmente solo se localizaban en Australia. Son acontecimientos imaginables, aunque por su baja probabilidad, son difícilmente predecibles. Las pandemias entran en esta categoría de fenómenos y la crisis del coronavirus es uno de sus epítomes.

Nuestro mundo vive circunstancias especiales, las más desafiantes de las últimas décadas, que ponen a prueba la resistencia de muchos sectores y empresas, especialmente las más vulnerables: las pequeñas y medianas, así como los trabajadores autónomos.

Por otro lado, también es el momento de contrastar la resiliencia de directivos y emprendedores, nuestro coraje y nuestra capacidad para tomar decisiones sensatas, en circunstancias de máxima incertidumbre, cambiantes prácticamente cada día.

En este entorno se hacen especialmente relevantes todas las capacidades asociadas con el liderazgo. La iniciativa emprendedora; la formulación de una visión de futuro, aunque los escenarios que se evalúen sean impredecibles; la motivación de las personas que trabajan con nosotros; y la determinación para implementar acciones, de forma ágil y efectiva, corrigiendo la dirección si es necesario.

Ciertamente, en coyunturas como la actual, con incertidumbre radical acerca de la evolución de la actividad empresarial, comprobamos el acierto de la afirmación darwiniana: no sobrevive el más fuerte ni el más grande, sino el que tiene mejor capacidad de adaptación. Este postulado es aplicable no solo al contexto de la naturaleza y las especies, sino también al mundo empresarial.

Vivimos en una época que podría calificarse de realismo mágico, donde lo virtual, lo fantástico y lo ilusorio se entrevera con lo tangible y lo probado. Paradójicamente, nuestra generación es la que ha tenido acceso virtualmente infinito y universal a información y datos de todo tipo, y sin embargo la incertidumbre, la generación de opiniones y la toma de decisiones se torna cada vez más compleja.

Con todo, las situaciones de crisis también generan oportunidades para desarrollar nuevas iniciativas. Son el entorno donde los emprendedores nativos identifican nuevas ideas de negocio. También el contexto en el que surgen múltiples emprendedores supervivientes: los economistas explican que cuando aumenta el desempleo se incrementa el número de empleados por cuenta propia. Sin duda, una de las consecuencias de la crisis actual va a ser el auge del emprendedurismo, algo que afortunadamente los miembros de las generaciones más jóvenes abrazan con más entusiasmo que sus mayores. Algunos analistas predecían, por ejemplo, que el porcentaje de “freelancers” en las economías avanzadas iba a alcanzar el 20% de la población activa en muchos países desarrollados durante esta década, debido a que las grandes corporaciones cada vez emplean menos gente. Por ejemplo, empresas como Google o Apple tienen mucho menos personal en nómina que los que figuraban en la de General Motors hace décadas. Posiblemente ese porcentaje de “freelancers” crezca mucho más, hasta un porcentaje difícil de prever.

Un dato histórico puede ser relevante a este respecto. Durante la Gran Depresión tras el crack de 1929 surgieron algunas de las grandes fortunas norteamericanas y conglomerados tan conocidos como E&J Gallo Wineries, el mayor productor de vinos del mundo, o Marriott, la cadena de hoteles multinacional. En la actualidad también surgen ocasiones en áreas de actividad especialmente demandadas. Por ejemplo, el sector sociosanitario, también el sector alimentario, logística y distribución, tecnologías de comunicación o electrónica. Desgraciadamente, otros sectores se verán seriamente afectados, y sería deseable contar con el apoyo público-privado para salvarlos: transporte aéreo, hostelería, restauración y actividades culturales o educativas, tan fundamentales para el desarrollo humano.

No obstante, precisamente en estas circunstancias es donde las instituciones educativas, y las escuelas de negocios, están llamadas a desempeñar un papel decisivo. Nuestra misión como formadores de los líderes del futuro ha de ligarse a varios objetivos: La reconstrucción de un sistema de gobierno global, que permita una integración efectiva y pueda hacer frente de manera rápida a retos como las pandemias. La adopción de normas y prácticas que promuevan una actividad económica sostenible. Y alcanzar unos estándares de libertad, igualdad y justicia en todos los continentes, que permitan un desarrollo humano pleno y respetuoso con el entorno.

En las últimas décadas, el sector educativo ha experimentado cambios profundos, como consecuencia de la irreversible globalización, el impacto de las tecnologías y las transformaciones sociales. Estos cambios se han agudizado más como consecuencia de la crisis actual, en la que el confinamiento ha estirado las posibilidades de la interacción virtual y la formación online.

Creo que el futuro de la educación, y también del trabajo, tendrá una naturaleza más híbrida. El aprendizaje en clases presenciales se complementará con múltiples recursos educativos, síncronos y asíncronos, para facilitar una mayor flexibilidad y adaptación a la personalidad y las circunstancias del estudiante. En este entorno educativo transformado, la educación tendrá un mayor impacto, tanto para desarrollar ciudadanos globales.