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De Andrés realizó una demostración de forja ante decenas de personas en su acto de homenaje. / NEREA LLORENTE

Ya ha perdido la cuenta de los años que lleva vinculado a este mundo. Durante “toda” su vida, se ha dedicado a forjar, fabricar y reparar materiales o piezas de metal. ¿Qué le llevó a ello? La explicación es “muy fácil”, asegura: su abuelo, sus tíos y su padre eran herreros. Desde pequeño, Elías de Andrés (Espirdo, 1934) lo veía en casa y él se limitó a recoger el legado de tres generaciones, para “tranquilidad” de su familia: la tradición no se rompía. Desde ayer, la fragua de la Real Casa de Moneda lleva el nombre del segoviano, quien porta una tradición en la que se siguen empleando técnicas únicas, ya en desuso, de una profesión para la que considera que se ha de tener arte, porque “sin él, no hay herrero”.

La Sala de la Herrería acogió ayer el acto de homenaje a De Andrés, que contó con la presencia del alcalde accidental, Jesús García, y el concejal de Turismo, Miguel Merino, un reconocimiento a su dilatada trayectoria.

El propio homenajeado, junto a su nieto, realizó una demostración de forja en la fragua de la Real Casa de Moneda en la que sigue ofreciendo a segovianos y visitantes su trabajo artesano, y que, a partir de ahora, como reza en la placa descubierta en este acto, llevará el nombre de “Fragua Elías de Andrés”. Cuando De Andrés la mira, siente “orgullo”. “Ha sido una emoción impresionante, es lo máximo que me podía esperar”, subraya.

El homenaje a De Andrés forma parte de las V jornadas de Turismo y Patrimonio Industrial que organiza el área de Turismo. La importancia del pasado industrial de Segovia es indiscutible, y prueba de ello es el patrimonio que ha llegado hasta nuestros días.

Toda una vida

Con apenas nueve años, en un taller familiar que tenían en Espirdo, De Andrés ya ayudaba a su padre tirando del fuelle de la herrería en la que se elaboraban y arreglaban aperos para el arado, hachas para los leñadores de la sierra, cuchillos, verjas y otros utensilios. Él se ocupaba de ajustar herramientas para los canteros, “que por aquel entonces había muchos”.

Con tan solo 14 años, abrió su propia herrería en Segovia junto a sus dos hermanos, pero pronto se les “quedó pequeña”, puesto que estaban ampliando mercado, y tuvieron que montar otro taller -en él ha permanecido hasta que alcanzó su jubilación.

A lo largo de su dilatada carrera, han sido muchas las obras de envergadura que han pasado por sus manos pero, sin duda, una de las que recuerda con especial cariño es una escultura que hizo para el aeropuerto de Son Sant Joan de Palma de Mallorca, o la puerta principal del Palacio de Comunicaciones, hoy Ayuntamiento de Madrid. Cuando echa la vista atrás, son este tipo de trabajos los que le hacen sentirse “muy orgulloso” de su carrera.

Un trabajo internacional

De Andrés es uno de los últimos grandes herreros. Ahora su hijo, uno de sus sobrinos y su nieto siguen el legado familiar, algo que alegra al segoviano, quien sostiene que “más vale así, que no se pierda la tradición”. A pesar de que hace años que se retiró, le resulta complicado dejar a un lado la que siempre ha sido su vida, por lo que, “casi todos los días”, visita la herrería de su hijo y reconoce que no puede evitar hacer “alguna cosa”.

Sus trabajos han recorrido distintos puntos de la geografía nacional e internacional; ha expuesto en Francia, Alemania, México, Italia, y en varias ciudades españolas. Su obra se puede ver en Segovia en iglesias, mesones, puentes, casas, calles y plazas. Suyo es el trabajo en hierro del quiosco de la Plaza Mayor.

Durante algunos sábados del mes, realiza demostraciones en la Casa de Moneda. “Va mucha gente a verme porque les encanta el trabajo”, manifiesta. Y es que a De Andrés le hace feliz compartir su pasión por una profesión que considera un arte. No duda cuando le preguntan cuál es la clave para ser un buen herrero: “Tener vocación”, afirma de manera rotunda. Y él, la tiene.