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Santiago Aparicio (13 de diciembre de 1956) es empresario de comercio y energías renovables desde hace más de tres décadas. Preside la Confederación de Organizaciones Empresariales de Castilla y León, en representación de la cual estuvo el viernes en Segovia pasando revista al tejido productivo de la provincia y su capacidad de resistencia contra la pandemia. Este soriano no contempla el escenario de otro confinamiento por sus nefastas consecuencias económicas y pide que las administraciones apuesten por préstamos a las empresas porque, sostiene, es mejor gastar en liquidez que en subsidios de desempleo.

— ¿Qué diagnóstico hace de la economía regional?

— El confinamiento ha puesto a la economía en una situación muy difícil. Hay sectores que realmente lo están pasando muy mal; muchos no tienen ningún tipo de demanda, algunos no han podido ni abrir y los que han abierto están con parámetros respecto al año pasado de un 80 por ciento menos de ventas. Por eso, la situación en la economía de Castilla y León es bastante regular, tirando casi a mal, diría yo. Hay algún sector en la industria o el agroalimentario, que en Castilla y León es muy potente… Pero el sector del automóvil está en una situación muy compleja y el resto lo está pasando francamente mal.

— ¿Qué ha hecho bien el sector agropecuario?

— Funciona mejor porque todos tenemos que comer y era una actividad esencial. Eso hace que ese sector esté mucho mejor, al igual que la gran distribución u otros sectores que han podido trabajar para suministrar al resto de la población.

— Habla de una situación compleja en el sector del automóvil. ¿A qué se refiere?

— Tanto en fabricación como en venta de automóvil, la demanda es casi nula por parte de los consumidores.

— Valora los ERTE como una buena ayuda. ¿Es suficiente?

— No, ni mucho menos. Todo lo contrario. Los ERTE son una ayuda que viene a paliar en cierta medida algunos de los gastos que tiene una empresa, pero nunca viene a cumplimentar la totalidad. Para que una empresa pudiera estar en una situación de normalidad, los ERTE más las ayudas que se han recibido por parte de las administraciones tendrían que cubrir toda la facturación que teníamos el año pasado. Nosotros estamos recibiendo liquidez por parte de los créditos ICO y algunas líneas de financiación de la Junta de Castilla y León para poder apuntalar las empresas y seguir funcionando sin los ingresos del año pasado. Con los ERTE no mantenemos una empresa, tiene que haber otras ayudas. Sobre todo, en materia de financiación, que no son ayudas a fondo perdido, sino préstamos que vamos a devolver. Pedimos que esa inyección de liquidez llegue con el mayor dinero posible y que haya una carencia para poder amortizar el préstamo y la devolución del mismo. Y que el periodo de devolución sea entre siete y 10 años para poder ir holgadas las empresas, porque la situación económica no va a empezar a mejorar hasta el segundo semestre de 2022.

— ¿Y cómo está funcionando la liquidez este año?

— En los créditos ICO, salvo algún dinero que queda residual, se han concedido ya los 100.000 millones a las empresas. En Castilla y León ha habido líneas con financiación de intereses. Hay líneas de apoyo para los avales puedan apoyar a las empresas. Y en una situación como la que estamos viviendo, todo es poco para que podamos apuntalar a las empresas. Se trata de que no cierren y de que no se produzcan despidos. Lo que más nos molestaría es que no se apostara por la inyección de liquidez a las empresas y que se dé producción a otros parámetros que no vengan a solucionar la situación. El empleo se conserva apoyando a las empresas para que estas sobrevivan y mantengan los puestos de trabajo.

— Se atisba un problema de solvencia. ¿Qué pasará cuando haya que devolver los créditos?

— Por eso estamos intentando negociar con el Gobierno por los préstamos ICO. Que esa carencia que podamos tener para devolver el préstamo principal se aumente a tres años. Durante esos años se irían pagando los intereses que genera el crédito y a partir del cuarto se empezaría a amortizar hasta el décimo. Eso es lo que estamos pidiendo. Esperemos que se conceda porque la presión de tesorería en las empresas va a ser muy grande y el año que viene van a ir muy justas para poder hacer frente a la amortización. Vemos que hay una cierta receptividad porque, si no, los bancos van a sufrir la morosidad: hay muchas empresas a las que esa inyección de liquidez solo les sirve para 2020. Hasta que se vaya normalizando la situación y la demanda vuelva a fluir, tenemos que apuntalarlas con nuevos préstamos para que puedan sobrevivir.

— ¿Son los autónomos los grandes damnificados de la crisis?

— A nivel económico, los autónomos son los que peor lo están pasando. Muchos de ellos han estado totalmente confinados y los únicos ingresos que tienen son los que pueden generar a través de su actividad. Ha sido un colectivo muy dañado y tampoco ha habido grandes ayudas a para ellos.

— ¿Qué le transmite la marcha del consejero de Empleo, Germán Barrios, tras un año de legislatura?

— Eso son temas internos del Gobierno, pero nos sorprendió mucho porque estaba trabajando bien.

— ¿Qué tipo de recuperación podemos esperar?

— Se ha hablado mucho que el crecimiento iba a ser en V y eso está totalmente descartado. Aquí pensamos la recuperación puede venir en L. Un poco como le pasó a Japón durante muchísimos años; no había un crecimiento importante, sino un mantenimiento. Se mantuvo en una especie de encefalograma plano. Su PIB no subía mucho, pero tampoco bajaba.

— La federación empresarial ha citado la carencia de suelo industrial y la falta de potencia energética en los polígonos como problemas sistémicos de Segovia. ¿Qué futuro tiene la provincia?

— Segovia tiene el futuro muy asegurado. Es una ciudad Patrimonio de la Humanidad y el sector servicios, sobre todo el turismo, es muy importante. Por eso está sufriendo ahora mucho. Hay que conseguir que haya suelo industrial público por parte de la Junta. Creo que es un mal endémico en muchas provincias de Castilla y León; se construyeron polígonos a finales de los 80 y principios de los 90 y en la mayoría de ciudades y pueblos grandes no se ha vuelto a invertir. Es fundamental que se invierta con todo tipo de adelantos; que tengan fibra, 5G, gas o calefacción.

— Habla de la excesiva presión fiscal a las empresas de la comunidad como un elemento de pérdida de competitividad. ¿No cree que puede interpretarse como que no quieren ser investigados?

— Es lo primero que decimos: queremos que haya un control exhaustivo a todas las empresas, pero que no haya un control todos los años a las mismas empresas en Castilla y León. En otras comunidades, teniendo en cuenta el número de empresas y habitantes, no se hacen de la misma manera. Hay empresas de Madrid que no son inspeccionadas en la vida y aquí la mayoría son inspeccionadas mínimo cada cuatro años. Estamos sufriendo una merma de empresas que se están yendo con sus domicilios fiscales a otras comunidades autónomas. Al final, esa empresa no está radicada en Castilla y León, aunque tenga aquí su factoría, y los impuestos los paga en otro sitio. No es que eluda la inspección fiscal, pero no tiene esa presión.

El presidente de CECALE, en un momento de la entrevista. / NEREA LLORENTE

— ¿Qué presión supone ser inspeccionado?

— En Castilla y León las empresas no defraudan; no tenemos miedo a la inspección. Pero muchas están hartas de que estén encima de ellas. Han venido empresas que tienen que devolver el IVA y necesitan a un inspector que les cuente los céntimos día a día. Y eso no les permite trabajar en otros temas de contabilidad. Se hace muy incómodo estar todo el día como esa espada de Damocles.

— ¿La política ha sumado o ha restado en la crisis?

— Nosotros no solemos hacer valoraciones políticas. Pero lo que sí vemos es un cierto descontrol en la situación. Hay 17 criterios diferentes en algo tan importante como la pandemia y creo que tendría que haber un criterio unánime con unos protocolos muy claros para todos por igual.

— Hay un lema que dice: “Cuando Madrid estornuda, Segovia se constipa”. ¿Qué efecto puede tener todo lo que está pasando en Madrid?

— La economía de Castilla y León, sobre todo en materia de turismo, depende mucho de los ciudadanos de Madrid. Por eso creo que es fundamental que haya un solo criterio para todo en el tema de la pandemia. En toda la región había muchas reservas en restaurantes, hoteles o casas rurales para venir a pasar este puente. Al final esos cambios de criterio generan incertidumbre, que es lo peor que puede tener cualquier persona o negocio. Eso al final perjudica mucho a un sector muy tocado.

— Defiende compaginar salud y economía. ¿Cómo?

— Todos debemos cumplir con la normativa. Es duro, pero de esa manera podremos llegar a que no se nos confine y podamos convivir con el virus hasta que haya una vacuna. Que puede ser dentro de dos años. Tenemos que obedecer, es la única manera. Como se cierre la economía de una manera brusca, la española va a caer y va a ser muy difícil que se recupere. No ya en el 2024, sino en el 2028.

— Confía en la disciplina social, pero se muestra contrario a un confinamiento brusco.

— Es lo más adecuado. Al final, si no mueres de una cosa, mueres de inanición porque la economía se puede cargar a gran parte de la sociedad. Si paras la economía, los siete millones de parados pueden ser una tontería; puedes llegar a 10 o 12 millones de parados y eso sí que generaría un gran conflicto social en el futuro.

— Prevé una vacuna estable en dos años. ¿Podemos aguantar ese tiempo de incertidumbre?

— Si todos colaboramos, esa incertidumbre se irá convirtiendo poco a poco en certidumbre. Debemos de ser consecuentes si queremos volver a conseguir el Estado de Bienestar que teníamos antes del confinamiento. Esto no es ninguna tontería.

— Uno de los mantras de la crisis es que saldremos mejores.

— Esto va a ser una lección de vida para todos. En nuestro foro interno vamos a analizar muchas circunstancias que nos han pasado. Nos va a servir mucho para cambiar nuestra forma de ser y de actuar.