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PILAR DE MIGUEL

El próximo día 25 se celebrará la gala de entrega de los Premios Goya y en ella tendremos la oportunidad de que un segoviano pueda pasear el trofeo por Málaga, lugar elegido para tal evento.

Luis Callejo, siendo muy joven y de casualidad, dio un gran giro a su vida y cambió el Derecho por la Interpretación y, aunque el camino no siempre ha sido de rosas, trabajo no le falta. No piensa en que “a la tercera va la vencida” y sí en que “No hay quinto malo” y, tan inestables están las cosas que piensa que ha llegado el momento de ser actor, titiritero, farandulero o… aquello que nos haga felices, pues todo está difícil.

Después de participar en obras de teatro y películas de bajo presupuesto, llegó “El Barco”, “Princesas”, “Tarde para la Ira” y otros muchos papeles. Ahora, empiezan los nervios: “Me preparo unas líneas por si acaso…”.

Le deseamos mucha suerte y esperamos que si no es en esta edición, consiga su Goya en otra. Mientras, a su paso por la calle o al entrar en cualquier lugar, también en Segovia, seguirá escuchando: “¡Mira, el artista!”

— ¿Sigues viniendo con frecuencia a Segovia?
— Eso depende de a quién le preguntes, lo de la frecuencia, claro… Yo creo que vengo poco, mi madre, piensa que poquísimo pero, también nos vemos en Madrid, casi todos mis hermanos están allí y ella viene y va…

— Imagino que tu trabajo no te lo permite…
— Con los niños, es un lio… no sabría decirte por qué pero… luego, mis mejores amigos de Segovia viven en Madrid… eso es lo que pasa.

— Háblanos de tu trayectoria profesional hasta ser candidato otra vez, a un premio Goya… ¿Es la segunda vez?
— No, es la tercera. La primera fue como actor revelación, por la película “Princesas”, de Fernando León, la segunda película en la que trabajaba. Luego por “Tarde para la Ira” como actor protagonista, en el año 2017 y ahora, en el año 2020, como actor de reparto por la película “Intemperie”. Ya tengo el completo de nominaciones.

— ¡A la tercera va la vencida!
— ¡Yo prefiero “No hay quinto malo”! Prefiero que me nominen otras dos veces más, prefiero llevármelo a la quinta vez que llevármelo ahora.

— ¿Es por la supuesta maldición de los premios Goya que dice que a quien gana el Goya luego no lo contratan? Se habla de ello con cierta frecuencia…
— No, creo que no es verdad . Es más notorio cuando alguien tiene un Goya y no trabaja que cuando lo tiene y trabaja pero, lo normal es tenerlo y trabajar, otra cosa es que, excepcionalmente, pueda haber rachas.

— Además, mientras uno está nominado, se lo den o no, eso quiere decir que está trabajando… Pero, sigamos con la trayectoria.
— Comencé a hacer interpretación por primera vez en París, cuando estaba allí con una beca Erasmus de Derecho, en el año 1992. Me apunté en un taller de teatro de la Universidad y eso me cambió la vida. Fue como un enamoramiento y, al volver de París me preparé las pruebas y entré en la Escuela de Arte Dramático. A partir de ahí fue un cambio de vida radical.
El Derecho lo dejé a un lado. Me puse a estudiar Derecho porque tampoco sabía muy bien qué hacer y, fue pasar de estar perdido, a enfocarme en algo que me gustaba y lo disfrutaba mucho. Los estudios en la Escuela de Arte Dramático en Madrid fue una época de vida muy dura, porque estábamos todo el día allí metidos, trabajando, ensayando, buscando…. fue como una explosión. Me encontré algo que me gusta y por lo que merece la pena intentar dedicarse a ello.
Empecé picoteando en series de televisión como “Farmacia de Guardia” y alguna otra pero, sobre todo empecé haciendo mucho teatro con una compañía formada por compañeros de la Escuela de Arte Dramático de Madrid que hacíamos espectáculos familiares de todo tipo y recorrimos toda España con varios espectáculos. La compañía se llamaba “Teatro Impar” y la dirigía Javier Veiga, que era compañero mío. Después, poco a poco, hicimos muchos cortometrajes, no remunerados, como siempre, con distintos compañeros. Me apuntaba a todo lo que fuera rodar o hacer teatro. Fue una época en la que no me importaba no dormir o no comer, lo único que me importaba era hacer teatro, trabajar.
Poco a poco, haciendo cortometrajes o haciendo algunos cursos en los que conoces a cierta gente, de pronto trabajé en “El penalti más largo del mundo” y “Princesas”, en el mismo año. Hice algunas películas independientes, una en Berlín, en Estados Unidos… todo muy independiente, barato, con poco dinero o ninguno, un mundo muy interesante.
El papel que me dio un poco de relevancia fue el que hice en “El Barco”, que hacía de padre de Mario Casas con 40 años. La primera vez que tuve un contrato de más de seis meses en algo… A partir de ahí me enganché en otras series, otras películas, sobre todo en el cine es donde más me he volcado, es donde más he querido estar y donde más me han buscado también, por lo que sea.

— ¿El cine es lo que más popularidad os da?
— La popularidad, sobre todo la da la televisión más que el cine. Ahora, con la nominación al Goya, tengo compañeros o familia que no han oído hablar de la película “Intemperie” y, no tenían ni idea de que estaba nominado. Pero la televisión, sobre todo las series, como la gente va menos a las salas, son las series las que se consumen en casa y, allí hay mucha competencia y el mundo ahora mismo está “reventado” de series , hay muchísimas.
Hay tanto para elegir que alcanzar popularidad o no… bueno…Yo estoy en una fase de mi vida en la que hay gente que me conoce muchísimo y otra gente que no me ha visto en su vida. No soy súper popular, ni falta que hace tampoco pero… en la profesión, sí que tengo mi reconocimiento y saben perfectamente quién soy trabajando. Esto es un no parar.

— Te encontraste de repente con el mundo de la interpretación pero, de todo lo vivido ¿Qué ha sido lo mejor y lo peor del día a día de este mundo?
— ¿Lo peor? Lo peor, indudablemente es cuando no tienes trabajo. Hubo una época en la que no todo era tan feliz porque, incluso yéndote bien, esta es una profesión inestable.
Hubo un momento en el que llegué a plantearme prepararme alguna oposición de algo o abandonar y encontrar otro trabajo. Llegué a mirar cómo hacerme controlador aéreo, como eran las oposiciones… porque lo que ganaba me daba muy justo para vivir.
Vivía compartiendo piso siempre, en pisos pequeños, habitaciones pequeñas, con gente de diverso tipo. Eso es lo peor, cuando no trabajas. Por suerte me ha ido bien en ese sentido pero…
¿Lo mejor? Pues… ¡cuando trabajas! Hay mucha gente con vocación, que le gusta su trabajo pero, en nuestra profesión, estás deseando que te llamen para trabajar “en lo que sea”. Luego, cuando te llaman, te entran todos los nervios. Lo mejor en la profesión es la gente que conoces y un tipo de vida que parece que es como vivir de campamento, como vivir muy al día. Te hace sentir bastante vivo, pero a veces, la vida duele.

— ¿Cómo ves la situación de esta profesión? Para alguien que decida entrar en este mundo ¿es fácil salir adelante?
— ¡Hay un paro tremendo! Hay un porcentaje altísimo de gente que no trabaja. Dicho lo cual, como la vida se ha vuelto tan inestable, en comparación, nuestra profesión, subjetivamente es, más estable. Antes, descaradamente, ser actor, era una cosa muy peligrosa, inestable y que no iba a ningún lado pero, hoy por hoy, con grandes carreras, grandes estudios, la gente tiene contratos basura y muy precarios. Total, para estudiar una ingeniería y que luego te vaya horrible la vida, que supongo que no, es el momento para ser pintor, acróbata, farandulero, titiritero, bailarín. Total, el mundo se va a acabar en cincuenta años… es el momento para hacer lo que te dé la gana sin pensar en “dónde irás”.

— ¿Lo de que el mundo se acaba en 50 años es alguna nueva teoría de Nostradamus, o algo así…? No me he enterado…
— Lo he dicho irónicamente, no lo sé. No tengo ni idea pero, el mundo es tan inestable, cada vez hay más diferencia entre pobres y ricos… Igual que ahora tenemos mucho miedo pensando en el tiempo que viviremos, igual pasamos a otro tiempo en el que a la gente le importe más vivir dignamente, aunque sea menos.
Lo que recomendaría a todo el mundo hoy es no estudiar y dedicarse al Rock and Roll. Dicho lo cual, a ver cómo se lo cuento a mis hijos. Hay que intentar hacer algo que te haga feliz y, si falla, pues ya harás otra cosa que no te hará tan feliz pero, te dará de comer. Intentar hacer “algo que te llene” porque vas a tener más impulso en la vida.
A mí es lo que me pasó hasta que comencé con la interpretación. Antes de ello tenía miedo, cuando estudiaba Derecho, tenía muchísimo miedo. Sin embargo, cuando me metí en el mundo de la Interpretación, perdí el miedo. Me importaba todo un pimiento, era como decir: Venga lo que venga, voy a estar más contento y voy a tener más capacidad para afrontar todo lo que venga, porque voy a estar de mejor humor.

— Has hablado de cómo dirías a tus hijos ¿cómo se quedaron en casa, tus padres, cuando dijiste que “aparcabas” el Derecho y te dedicabas a la interpretación?
— Muy sorprendidos, menos mi madre, ella, lo veía venir. No sé qué me vería ella. Se lo conté cuando les dije un día que me tenía que ir a Madrid para hacer unas pruebas de la Escuela de Arte Dramático. No se lo había contado a nadie… mi madre dijo: “Ya verás cómo al final van y te cogen…” y efectivamente.
Los padres quieren lo mejor para sus hijos. Tú puedes ser fumador pero no quieres que tus hijos fumen, lo que demuestra que sabes que fumar es malo. No digo que la interpretación sea como fumar pero, en principio, tú vas a querer que tus hijos se dediquen a algo estable, porque es verdad que, aunque te vaya bien, es muy inestable. Hay que tener mucha suerte y comprender que somos muchos y como no hay hueco para tantos…
No sé si mis hijos se dedicaran… pero, que tengan unas nociones de interpretación, siempre está bien, es bueno para ver cómo funciona la gente, para saber cómo es esa gente. La interpretación enseña muchas cosas sobre la gente, los “porqués” y los “para qué”.

— Háblame de tu trabajo actual en este momento.
— Estoy grabando una serie en Movistar que se llama “Bandoleros”. La dirige Enrique Urbizu, quien ha dirigido series como “Gigantes” o películas como “No habrá paz para los malvados”, un tío al que admiro y quiero mucho. Luego, tengo dos películas pendientes de estrenar en el año 2020 en las que tengo buen papel, una se titula “Bajo cero”, un thriller carcelario que tiene que ver con una fuga y, otra película que se llama “Mal nacidos”, sobre la Guerra Civil Española y Zombies, dirigida por Javier Luis Calderas, que ha dirigido películas como “Súper López”, “Tres bodas de más”, uno de los mejores directores de comedia que hay.

— Será divertida…
— En realidad, en este caso, es más una película de aventuras que una comedia. Tiene su toque de divertimento pero, también tiene momentos muy serios. Es un poco difícil de clasificar.
Luego está lo que se ha estrenado este año. Ha sido muy buena la cosecha que estoy recogiendo este año. Estoy nominado con la película “Intemperie”, de Benito Zambrano y he trabajado en la última película de Amenábar, “Mientras dure la Guerra”, en la que tengo un papel haciendo del general Mola. Las dos están nominadas a “Mejor Película” y para mí es muy satisfactorio.
También he participado en la segunda temporada de “La Peste”, que se estrena en Movistar en noviembre… no me falta… me gustaría volver a hacer teatro en algún momento pero, es muy sacrificado, está peor pagado y requiere unos tiempos que… con los niños… Mientras pueda tirar del cine y la televisión, tengo que seguir.

— ¿Cuántos hijos tienes?
— Dos.

— ¿Pequeñitos?
— De cuatro y dos años.

— ¡Estas muy entretenido!
— Un niño y una niña. Estamos a tope.

— ¿Cómo ves el mundo del cine en este momento?
— Yo diría que “precario”. El otro día, en una entrevista que hicieron a Amenábar, decía que “Si todos los directores se pasan a la televisión ¿quien va a dirigir películas?”
Están muy de moda las series. Tienen algo que engancha al público pero, el cine siempre estará ahí. El cine necesita ayuda como la ganadería y miles de cosas. Las subvenciones que hay son muy bajas comparadas con las que se dan en el resto de Europa, como de costumbre.
Por otro lado, el cine es una fuente de riqueza, produce muchos puestos de trabajo pero, para los medios que hay, porque para hacer cine en general se requiere dinero y tiempo, sobre todo dinero que te permita trabajar las cosas con tiempo y, para el nivel que tenemos, el nivel de las películas que salen es excelentísimo. No es lo mismo hacer una secuencia en dos tomas muy rápidas, porque tenemos que seguir para hacer la película en cinco semanas que poder hacerla en diez semanas… ahí empieza a haber espacio para lo artístico, y para recrearse. La combinación tiempo-dinero, es fundamental.

— Cuando vienes a Segovia ¿la gente te conoce?
— No sé qué decirte, a veces sí y a veces no. Como en cualquier lugar. Quienes me conocían antes, me reconocen. Le dicen más cosas a mi madre cuando no estoy, que a mí cuando estoy aquí. Se le acercan para decirle que han visto a su hijo. Tanto a ella como a mi hermano, que vive en Segovia. Les da mucha alegría. Cuando vamos por ahí… escuchas la típica frase: “¡Este es el artista!”.