Segovia despide a Moro

Representantes del arte, la cultura y la política dieron ayer el último adiós al escultor, junto a familiares y amigos.

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La ciudad de Segovia despidió ayer, con la luz de una mañana fría de invierno, al escultor José María García Moro, fallecido el pasado sábado en su domicilio de la calle Vallejo de la capital segoviana, a los 78 años de edad. La iglesia de la Trinidad se quedó pequeña para albergar a todos los que quisieron unirse a la viuda de Moro, Cuca, a su hijo José María y al resto de la familia en el momento de la despedida.

Entre los asistentes, una nutrida representación de la Real Academia de Historia y Arte de San Quirce, de la que el escultor era miembro de número, encabezada por su director, Rafael Cantalejo, con los académicos Carlos Muñoz de Pablos, Antonio Ruiz, Juan Luis García Hourcade, Ángel García Sanz, Alonso Zamora, Juan Manuel Moreno Yuste o José María Martín.

El mundo de la Cultura estuvo representado por artistas como Ángel Cristóbal, Mon Montoya, Frutos Casado de Lucas, Carlos Costa, Christian Hugo Martín o José Luis Saura; los galeristas Ángel y Jesús Serrano; el escritor Ignacio Sanz; el director de Titirimundi, Julio Michel; Ángel Román, de la Ronda Segoviana; el historiador Pompeyo Martín; o la directora de la Casa de los Picos, María Victoria Armentia.

Del ámbito de la política, el alcalde de la ciudad, Pedro Arahuetes, acompañado por la concejala de Cultura, Clara Luquero, así como por los parlamentarios socialistas Juan Luis Gordo y Félix Montes y el presidente del PSOE de Segovia, Javier Reguera.

Tras el funeral en la Trinidad, oficiado por tres sacerdotes, los restos mortales del escultor fueron trasladados al cementerio del Santo Ángel de la Guarda, donde ya descansan.

Moro, como el escultor prefería que se le llamase, obviando su nombre de pila y su primer apellido, era madrileño de nacimiento pero segoviano de adopción, ya que, tras vivir en distintas ciudades del mundo, fijó su residencia en Segovia hace décadas. También instaló su estudio de trabajo en la localidad segoviana de Lastras del Pozo.

Lo más característico de su trabajo fueron sus instalaciones con las que ganó plazas y calles públicas para la práctica del arte y la intervención del espectador, con montajes que parten de un solo color, una base cromática que cubre el piso, hasta pasar a la fiesta y el caos, cuando iba incorporando formas escultóricas y objetos que, finalmente, terminaban esparcidos por la ciudad.

Su última intervención en las calles fue en Segovia, el 1 de agosto de 2009, dentro del Festival OxigenArte, aunque más recientemente, el verano pasado, protagonizó un último montaje en el Museo Esteban Vicente. Además, en las calles segovianas quedan algunas de sus esculturas, como las dedicadas a San Juan de la Cruz o Agapito Marazuela.