Publicidad

El interés por la toponimia como uno de los pilares para intentar descubrir las lenguas más antiguas habladas en la península, ha provocado que en los últimos veinte años se hayan publicado cientos de estudios sobre el tema. Para la provincia de Segovia solo existían algunos trabajos parciales sobre nombres de lugar prerromanos, incluidos en artículos o libros que no se referían específicamente a la provincia.

Voy a presentar algunos esbozos de estos topónimos mayores (aquellos que se refieren a lugares poblados) y que se encuentran entre los más antiguos de Segovia. Todos ellos están estudiados en el libro: “Segovia y sus mil pueblos”, publicado recientemente en la editorial Derviche. Antes de empezar, quisiera hacer notar que estos nombres pueden no haber nacido con la fundación de la aldea, sino ser preexistentes y haber sido adoptados por las personas que ocuparon esa parte del territorio.

ARAHUETES
Se trata de un topónimo de difícil interpretación. La primera parte Ara- es una raíz que aparece a lo largo de toda Europa con el significado de valle (piénsese, por ejemplo, en el Valle de Arán) y la segunda, -otz-, ya podemos encontrarla en diccionarios sobre vasco antiguo con el sentido de frío. La dificultad estriba en saber si el nombre lo trajeron repobladores de origen vascófono durante la Reconquista o bien se generó directamente en la provincia antes de la llegada de los celtas. Por cierto, que además de la población existente en el pie de sierra, en Segovia ha habido otro Arahuetes cerca de Santa Marta del Cerro y un San Martín de Aragüetos a dos kilómetros de El Negredo.

CADGÜÉS
Debía encontrarse alrededor de Codorniz. Su etimología se basa en una hibridación entre el indoeuropeo (seguramente celta) cat(a) “cueva” más el sufijo paleovasco kos(e) “perteneciente a”. Si la datación es cierta, estaríamos ante el momento de contacto entre la población indígena y los invasores celtas.

CALOCO
El cerro de El Caloco y sus hermanos pequeños Caloco Mediano y Caloquillo son parte del paisaje del suroeste segoviano. La aldea que se encontraba a sus pies nos ha llegado desde los documentos antiguos como Santa María del Caloco. Esta palabra deriva de una raíz preindoeuropea *galdur-/gallur- “cresta, cima, cumbre” más un sufijo diminutivo –occu, cuyo resultado final creo que refleja bastante bien la orografía del lugar. En Santander existe una Caloca con la misma situación. Visto esto, no deben ser pocos los Gallos y Gallegos que hacen referencia a una montaña acabada en cresta a lo largo de la península y cuya procedencia ha de ser idéntica.

CANTIMPALOS
Ni cantos ni palos. Los estudiosos todavía están poniéndose de acuerdo sobre el significado de la raíz indoeuropea cant “piedra, confín, frontera” dependiendo de la lengua de origen; en cuanto a Palos, está procede de *pel(ð)-u- “pantano, laguna”. Hay que añadir algunos pasos más que se dan a través del latín hasta la forma que aparece en la actualidad pero, en definitiva, se trata de la laguna de las piedras o del pedregal inundado. Por cierto, aunque no lo parezca, tiene la misma raíz que el cercano arroyo Polendos.

CARABIAS
Los formantes indoeuropeas *Kar “piedra” y *ab “agua” son las que componen el topónimo. El significado final sería el agua de la piedra o, aún mejor, manadero bajo una piedra. Si bien tenemos en Galicia una buena cantidad de Carabias, el término parece tan general que no es necesario postular repoblación desde aquellos lugares; bien podría ser un nombre creado en la provincia.

Curiosamente, Milcaravos, aldea desaparecida entre Collado Hermoso y La Salceda, tiene casi la misma composición añadiendo la raíz *mel- “desmenuzado” por lo que en vez de una roca grande, el agua saldría de un grupo de ellas, más pequeñas.

CÁRDABA
Si bien se llegó a interpretar como derivado de cardo, esto está lejos de la realidad. Se trata de las raíces celtas *kar- “roca, peña” y *tabh- “disolver”, quedando reflejado en el nombre el tipo de roca predominante en el lugar, la caliza, piedra que se va disolviendo con el paso del tiempo y del agua.

CARRACILLO
La Aldehuela de Carracillo se encontraba entre Narros de Cuéllar y Chañe e identificar su significado es un tanto complejo. La primera parte es la raíz indoeuropea *karr- “peñasco, piedra, peña”, la segunda, que pertenece a la misma adscripción histórica, es *ok-/*ak- “agudo, elevado, afilado” a la que se añade un sufijo *-elo con un significado de fortificación elevada. Esto fue lo que se encontraron los romanos al llegar. A partir de *karrakelo solo hay que seguir la lógica evolución histórica desde el latín para obtener el topónimo. Se trata de una comarca presidida por una fortaleza en una roca elevada. Observando la zona debe de referirse a Íscar, pero sin descartar Cuéllar o Coca.

CEGA
Existió un pueblo en Santiuste de Pedraza que se llamó así debido a su cercanía con el río. El topónimo contiene la raíz indoeuropea *seikw- “fluir” que, por otra parte, también es la precursora del latín siccus “seco” así que, tengo la impresión, de que no siempre que veamos este adjetivo en los nombres de lugar va a significar falto de agua.

HORNUEZ
¿En qué se parece el florentino río Arno a Hornuez? La respuesta no es tan evidente y es que ambos contienen la raíz paleoeuropea *Er-n “fluir, moverse”, a lo que para el topónimo segoviano hay que añadir *-otz “frío”, también raíz precelta y que para nuestra provincia ha quedado reflejada en Arahuetes; su sentido final sería el de Fuente Fría.

Cuando los romanos llegan a este lugar, lógicamente no entienden el sentido de *arnotz y añaden a esta forma fons “fuente”. La pérdida de material fonético al unirse ambos miembros y la evolución habitual de consonantes y vocales terminan por dar forma a Hornuez cuyo significado diacrónico sería el de Fuente de Fuente Fría.

MALBARBADOS
A dos kilómetros al sur de Abades nos encontramos el pago de Castropico, lugar donde se asentó el pueblo de Malbarbados. ¿Fundado por gente tan joven que aún no les salía barba? ¡Claro que no! Estamos ante las raíces preceltas *mal “roca, pedregal” y bhar-b “monte” a los que habría que añadir un sufijo toponímico. Así que, este nombre, que tendrá unos 3.500 años de antigüedad, significa el pedregal del monte o del pico; como se ve, con cierto parecido al topónimo actual.

MALETAS
Nos vamos de viaje a la estación de tren de Hontanares de Eresma donde, en sus cercanías, se fundó este pueblo que vuelve a parecer lo que no es. Estamos otra vez ante la raíz *mal “roca, pedregal” que veremos en varias ocasiones. Si nos ponemos, seguro que encontramos alguna piedra con forma de bolsa de viaje, pero no, simplemente era un pedregal cuando se fundó.

MESLEÓN
Segundo formante de Castillejo de Mesleón. Se han dado algunas teorías que lo hacen derivar desde el árabe manzil “hostería” y al- uyun “fuentes”, pero hay ciertas dificultades con la evolución fonética. Creo, más bien, que se trata de la unión de las raíces indoeuropeas bas/bes “bosque” y le-n-d “viscoso, pegajoso” que en latín daría “ungir, untar”, así que pienso que su significado podría ser el de bosque sagrado o bosque donde se unge.

MODÚA o MODUBA
Encontramos este despoblado a 4,5 kilómetros al noroeste de Muñopedro, junto al río Magdalena. La formación del topónimo tiene una antigüedad extraordinaria, dado que deriva de dos raíces ni tan siquiera indoeuropeas; en efecto, *mote- “monte, montaña” y *-uba “río” pertenecen a un ámbito paneuropeo anterior a la llegada de los celtas. Por ejemplo, en España podemos encontrar nombres parecidos en Modúbar (Burgos) o Mondúber (Valencia).

ORTOYA
Ya desaparecido, se encontraba en el actual alfoz de Condado de Castilnovo. Su nombre es un compuesto de las raíces preceltas *or-/*ur- “río” y –toki “lugar”. La referencia es el río Caslilla, sobre el que estaba la aldea.

ÓVILO
Un nombre resbaladizo a 3,5 kilómetros al suroeste de Vallelado, junto al río Cega. Deriva las raíces preceltas *obi “hoyo, fosa” y, seguramente *leu “sucio, con lodo”, es decir, trampal. Hay dos yacimientos, uno junto al otro en la zona y con la misma denominación. Debieron fundarse en un lugar que, en su momento, fue un lodazal o se embarraba con facilidad.

RAPARIEGOS
Nunca se ha explicado este topónimo que, por otra parte, deriva de las raíces indoeuropeas *rap “nabo” y *prai “gustar” más un sufijo *acco, latinizado, con un sentido final de “los que gustan de los rábanos”. Curiosamente, las curcubitáceas parecen estar también detrás de nombres como Alquité, Calabazas de Fuentidueña, Rábano y Navares.

SEGOVIA
De las raíces celtas seg- “victoria” y –ovia que algo significará, aunque no esté claro, todo ello desde el celta. Esta ha sido la teoría más recurrente desde hace más de un siglo. Voy a aportar algo distinto. Parto de la raíz seikw- “fluir”, que ya hemos observado en Cega, y de la raíz no indeoeuropea obi “hoyo, foso, garganta”. De esta manera, la ciudad se fundó en una zona cuyo nombre se refería a la orografía de lugar. Con total seguridad, este topónimo lo crearon personas mucho antes de los primeros asentamientos estables sobre la roca de Segovia.

SEPÚLVEDA
Estamos ante un topónimo cuyas raíces se encuentran entre las más antiguas localizadas en España. La primera es Sa-ippo, con un significado de lugar habitado. Había en la provincia de Cádiz un lugar así llamado. Pudieron ser tartesos inmigrantes lo que llegaran a nuestra provincia o bien ser esta una palabra propia de la lengua de todos los habitantes de la península hace unos 4.000 años; hay pruebas para las dos suposiciones.

Otra raíz es *-(d)ur- “corriente de agua en general”, también del ámbito preindoeuropeo. Es la misma forma que tiene Duratón, Turia o Duero.
Para finalizar, *-beda “foso, garganta” también formaba parte del mundo ibérico antes de la llegada de los celtas.

Así que, este *Saippo(d)urbeda “la aldea de la garganta del río o del río metido en una garganta”, tras multitud de cambios fonéticos, es el precedente de Sepúlveda.

SIETEMIL
Si bien no se trata de un topónimo de una gran antigüedad en comparación con los descritos hasta ahora, he decidido incluirlo porque es muy curioso. La explicación que se ha dado se basa en la leyenda de los siete infantes de Lara luchando en la zona con siete mil moros. En el lugar de esta mítica batalla se fundó una aldea que recordaría los hechos.
Pero, aunque la historia sea muy interesante, nada más lejos de la realidad. Esta aldea que se encontraba a dos kilómetros al noroeste de Requijada, junto a La Velilla, fue fundada por alguien llamado Seppemiro, de origen visigodo o repoblador durante la Reconquista. Hay varios ejemplos en el reino de León de la transformación Seppe > Siete y Miro > Mil.

TURÉGANO
Desde el primer momento me sorprendió el parecido de su primera aparición documental de 1116, Torodano, con el nombre del río francés Ródano que parece derivar del celta rhôdan “rojizo”. Si a esto le añadimos la raíz *tur- “río”, posiblemente también celta, tendríamos algo así como el río Rojo o el río del Rubio, quizá porque el río Mulas, al que se refiere el nombre, pueda pasar por terrenos de ese color, o bien porque hubiera un propietario de tierras con ese mote. La pequeña aldea que se fundó por encima del cauce adquiriría el nombre de la corriente de agua y lo ha mantenido durante siglos a pesar de que el propio arroyo lo perdiera.

ZAMARRAMALA
Son desacertadas las elucubraciones sobre el significado literal del nombre. Este deriva de las raíces prerromanas:
• *sam- cuyo significado no está claro, aunque en irlandés antiguo significaba “juntamente, común”.
• *-arri- “piedra, peña”.
• *-mal “roca”.

Parece que las dos primeras sí son raíces celtas, no así la última cuya filiación no acaba de estar clara aunque algunos autores la colocan en el ámbito preindoeuropeo. Parece evidente, entonces, que su sentido tiene que ver con el roquedal sobre el que asienta el pueblo; quizá algo como “junto a los desprendimientos de la roca” o “junto a las piedras de Mal”, siendo este mal una palabra anterior a la formación definitiva del topónimo.