Las danzantas con una recreación de las Habas Verdes en honor a la Virgen del Rosario. / Octubre de 2019. FAC.
Publicidad

Muy frecuentemente nos encontramos con el término tradición asociado a cultura y de ésta no dudamos el significado, todos sabemos lo que es la cultura, el saber, en definitiva. Y tradición es todo aquello que se transmite de generación en generación, de padres a hijos, fundamentalmente de forma oral. Por tanto, ¿qué es la Cultura Tradicional? Casi desde la literalidad y sin demasiado circunloquio, se entiende por Cultura Tradicional todos aquellos saberes transmitidos de forma oral por sus portadores o protagonistas y que forman parte de la identidad de un pueblo, zona o comarca.

Estos saberes tradicionales a los que nos estamos refiriendo se agrupan a grandes rasgos en torno a la alimentación y cocina, tal es el caso del “asado” segoviano o los judiones por poner algunos ejemplos; los oficios y saberes tradicionales como la trashumancia, los gabarreros, los resineros, la arquitectura de adobe, la arquitectura de piedra en seco, el esgrafiado, o los usos agro-ganaderos del agua como las caceras; sin olvidarnos, por supuesto, de los rituales y los modos de expresión como la música, el baile y la danza tradicional. Y mucho podríamos extendernos si tiramos también del hilo de la tradición en todos y cada uno de sus aspectos, pues haríamos casi historia si ahondáramos en el romancero y la indumentaria. Todo lo hasta aquí expuesto tiene su identidad y no admite copias, adaptaciones o recreaciones fuera de su contexto.

Segovianos o no, distinguimos perfectamente las formas del asado segoviano dentro y fuera de nuestra tierra y no se admiten sucedáneos o réplicas que difuminen esa identidad que transmite. Distinguimos el asado reciente, el de leña, el lechal y el recental. Y no queremos aderezos, guarniciones, ni descontextualizaciones pues éste saber sobre este aspecto concreto de la alimentación forma parte de nuestra cultura tradicional y ha estado presente desde hace cientos de años, influencia seguro de la Cañada Real. Pues lo mismo debería suceder con el resto de saberes tradicionales, elementos identitarios de un pueblo o una tierra como es Segovia. Forman parte de nuestra tradición e incluso historia y deberíamos de conocerlos, valorarlos y salvaguardarlos. Todos tienen un significado dentro de los códigos de la tradición. Por ejemplo, las campanas. Sabemos cuando tocan a misa, a fuego, cuando se voltean por ser día de función o cuando tocan a clamor. Sin olvidar el esquilín, que sólo se tocaba si el difunto era un niño. Y es un código que todos conocemos y que al igual que el ejemplo gastronómico no admite réplica ni adaptación.

Siguiendo con los rituales de marcado carácter religioso, identificamos además de las ya nombradas campanas, los cohetes que avisan de la procesión, la diana de la dulzaina para avisar de la mañana de función, y otras tantas melodías con un significado muy concreto como las entradillas o paloteos dentro de las danzas rituales, los pasacalles de autoridades, y un largo etcétera. Un paisaje sonoro, identitario del pueblo segoviano, que cerrando los ojos, sin ver, sabría perfectamente dónde está y qué está viviendo. No todo vale, pues cada elemento tiene su significado, y hay que conocerlo. Y lo mismo sucede con los elementos vegetales como el cantueso, identidad de las procesiones de muchos pueblos segovianos, o las enramadas. Todos tienen un significado dentro de un contexto.

Siguiendo con el día de la función encontramos varios ejemplos más de elementos significativos de nuestra cultura además de los ya nombrados: las insignias parroquiales (cruces, estandarte, y el pendón), o las mandas (ofrendas que los devotos hacen por llevar las andas o poner la imagen en el altar, o en tiempos pasados igualmente se recogían por la soldadesca). No faltan en ninguna procesión y no pueden faltar.

Lejos quedan ya las formas de vida tradicionales. Nadie viste a la manera tradicional, ni se peina a la manera tradicional, ni se riega con caceras, ni se va a por leña al monte, ni se construye ni con adobe ni con piedra en seco, ni se toca a clamor la noche de todos los Santos. Pero otros elementos de la tradición siguen vivos y conviene salvaguardarlos, y de otros tantos, aunque no sigan vivos, tenemos la suficiente información como para mantenerlos, como es el caso del baile tradicional, ese baile de plaza, en forma de rueda, donde se desgranaban entradas de baile, jotas, seguidillas, fandangos y habas verdes.

Y tema aparte sería la melodía de las habas verdes. Estamos ante una adaptación a otros contextos y funciones de uno de los géneros del baile de rueda, concretamente el último, el que daba fin al baile. Es decir, que con los ojos cerrados, al oír esa melodía, el código de la cultura tradicional me indica un fin del baile. Pues actualmente no. Es una melodía muy valorada y usada por el pueblo segoviano que cayendo en desuso el baile de plaza y dando sus géneros paso a los deseados agarraos, ha sido adaptada a nuevos contextos como melodía ritual para dulzaina, o como danza ritual en las procesiones con diferentes recreaciones muestra de que el patrimonio inmaterial es vivo, y cambiante y es recreado por las comunidades portadoras, tal y como ha sucedido en Segovia con las casi 300 melodías que tenemos paloteadas. Ahora bien, las habas verdes no son jota: ni jota respinguera, ni jota de la rueda. La jota tiene ritmo ternario y las habas verdes binario y si bien ambas vienen del baile de rueda y han sufrido adaptaciones a nuevo contextos por parte de los protagonistas, cada una tiene un “sabor” único, perfectamente reconocible por los conocedores de la cultura tradicional y confundirlas es un grave error. La tradición cambia a lo largo del tiempo y se convierte en historia. Lo hemos visto en los libros de cofradía con datos desde 1565. Advocaciones que ya no tienen función como Las Nieves de Turégano incluidas las luminarias, han desaparecido los arcabuceros de las soldadescas, los cascabeles de los danzantes, las enaguas, la zorra o zarragón, ha desaparecido la danza y las festividades han cambiado según ha ido cambiando el ciclo económico. En definitiva, no todo vale. Los elementos de la cultura tradicional responden a unos códigos muy concretos de la tradición y no son sólo significantes, sino significados: no toco el esquilín en cualquier momento, el asado segoviano no lleva aderezos, la salida de la imagen no se acompaña con melodías de bailes corridos, las danzas rituales no son jotas, y las seguidillas y las habas verdes tampoco.

(*) Diploma en Educación Musical. Licenciada en Historia de la Música. Las danzas de palos en la provincia de Segovia y Danza y Rito en la provincia de Segovia.