Algunos de los menores saharauis, en el encuentro con sus familiares cuando llegaron a la ciudad ayer.
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Un total de trece niños llegaron ayer a distintas localidades de Segovia y se reencontraron con sus respectivas familias. Estos jóvenes, generalmente entre los 8 y 12 años, llevan más de cuatro décadas viviendo en jaimas en campamentos de refugiados en el desierto argelino de Tindouf, donde actualmente viven 100.000 personas  en condiciones precarias y con servicios básicos como la electricidad, el abastecimiento de agua potable o las prestaciones sanitarias.

La Unión de Asociaciones de Castilla y León Solidarias con el Pueblo Saharaui (UACYL) se fundó en 1991. Comenzó la iniciativa de las familias de acogida todos los veranos desde el año 1997 porque consideran que España tiene una deuda histórica con ellos.

Gracias al programa ‘vacaciones en paz’ (promovido por UACYL y la Delegación Saharaui en Castilla y León), se logra conseguir los principales propósitos de la organización: brindar toda la ayuda posible, el intercambio cultural y el enriquecimiento y cariño mutuo que crece entre  las familias con la llegada de estos niños.  Todos los años al llegar, lo primero que hacen es pasar revisiones médicas exhaustivas porque muchos de ellos suelen padecer anemia y para controlar otras enfermedades o patologías más graves.

Además, durante los dos meses de estancia gozarán de actividades  extraescolares tanto deportivas como culturales que nunca habrían imaginado. Practicarán kárate, piragüismo, tenis, entre otras competiciones. A pesar de que los medios de comunicación llegan casi a todos los rincones del mundo  se  siguen sorprendiendo cuando vienen aunque su capacidad de adaptación es asombrosa.

Se trata de que los menores conozcan más allá de su pubelo y puedan descubir nuevas realidades, mejorar al menos temporalmente su alimentación, ofrecerles vestimenta y evitar que sufran las temperaturas extremas de más de 55 grados.

El problema que encuentra la asociación es que el número de niños acogidos se ha reducido a más de la mitad en diez años aunque a pesar de eso, sigue habiendo personas solidarias que luchan por dar visibilidad a estos niños olvidados en los campos de refugiados.

Una familia de acogida del municipio de Trescasas lleva participando en esta iniciativa desde hace muchísimo tiempo y ha acogido ya a más de doce niños.  “Vimos que era un pueblo olvidado y que los niños nos necesitaban. Ellos te dan mucho más que tú a ellos. Te dan un cariño y un enriquecimiento personal incalculable. Lo que queremos y nos gustaría es  conseguir que se les vea, porque estos niños existen. Esto hay que solucionarlo, no se puede tener a un pueblo apartado”, expresó la madre de acogida. Generalmente  son dos meses aunque en una ocasión acogieron a un niño huérfano durante más de 6 años porque requería atenciones médicas explícitas y de vital importancia hasta que pudo volver a su campamento con sus hermanas ya mayores de edad y podían hacerse cargo de él. Son conscientes de que es algo temporal y que independientemente del encariñamiento y los lazos que surgen, asumen que tienen que volver con su familia biológica,.”Yo ni puedo ni quiero arrebatarle a una familia su hijo. Estos niños son muy queridos en su casa”, afirma.

Asegura  que a pesar de las diferencias culturales y de que  aunque muchos no conozcan las normas del lugar en el que se encuentran, nunca han tenido ningún tipo de problema. Considera que hay que tratar de enseñarles desde la paciencia y entendiendo que están habituados a la libertad  de sus campamentos.