Estatua de Juan Bravo y Catedral al fondo. Segovia.
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No se puede entender la historia de Segovia sin este fabuloso siglo que comenzó en torno a 1450. A partir de estos años la ciudad tuvo un gran crecimiento económico en una Castilla en plena recuperación. Las bases agrarias y ganaderas de su territorio (la Tierra), ofrecían un amplio y rico abanico de productos: desde los cereales y el viñedo, dominantes en las zonas de llanura, hasta la apreciada lana merina que tenía sus principales proveedores en los rebaños de los terrenos serranos. Esta lana había comenzado a activar una manufactura textil de calidad en las parroquias de los arrabales y al mismo tiempo un brioso comercio de exportación al norte de Europa. La actividad económica segoviana comenzaba a generar una importante acumulación de capital en sectores de la nobleza y grupos sociales intermedios dentro de los cuales se encontraban familias de conversos, como los del Río, los de la Hoz o los Arias Dávila, que comenzaban a influir de forma notable no solo en la vida económica y política de la ciudad, sino que se habían aproximado a la monarquía en la administración y el arrendamiento de impuestos reales, beneficiándose del apoyo de monarcas como Enrique IV y posteriormente los Reyes Católicos. Es por ejemplo, el caso de Diego Arias Dávila, que llega a ser contador mayor de Enrique IV. También la comunidad judía, dedicada a actividades liberales (médicos, prestamistas…) aprovechaba la coyuntura. Destacaba el caso de Abraham Seneor que, con otros socios, formaba compañías para recaudar impuestos en diversos territorios de la Corona y pronto acaparó importantes cargos, como el de rabí mayor de las aljamas judías en Castilla.

Estas influyentes familias segovianas utilizaron los beneficios obtenidos para hacerse palacios en la ciudad e invertir en los pueblos de la Tierra. En particular, el sexmo de Santa Eulalia era uno de los más afectados por la presencia de grandes propietarios urbanos. Este territorio, salpicado por pequeñas aldeas, desde épocas tempranas contaba con la presencia de instituciones como el cabildo de la Catedral o el convento de Santa Cruz, que tenían muchas tierras y pastos. En el siglo XV comenzaron a llegar otras instituciones y particulares. Es el caso del monasterio jerónimo del Parral, que fundado en 1447 pronto adquirió muchas tierras de pan y majuelos en Migueláñez, Domingo García y especialmente Nieva. La familia del Río tenía propiedades en Muñoveros y Domingo García (ambos lugares del sexmo de Posaderas), y también en Añe, y Migueláñez. Los de la Hoz se habían afincado en Armuña y los Seneor estaban formando un extenso y diverso patrimonio en Bernardos, Migueláñez, Pinillos de Pestaño (ahora despoblado) o Pascuales. Diego Arias Dávila había desembarcado en la zona detentando la aldea de Valverde el Seco, que se despobló en la primera mitad del siglo XV.

Estos grandes propietarios cedían las tierras a los campesinos mediante contratos de arrendamiento a muy largo plazo, llamados censos enfitéuticos perpetuos, en muchas ocasiones firmados por el concejo como representante de los arrendatarios. Los concejos administraban los censos repartiéndolos en lotes entre los vecinos, situación que fue el origen de los fetosines que conocemos en muchos pueblos aún en la actualidad.

Las relaciones entre cristianos y judíos fueron tensándose en este periodo. La influencia de Torquemada sobre la reina Isabel y otros movimientos antijudíos llevaron al decreto de expulsión en marzo de 1492, que forzó la conversión de muchos y entre los más importantes Abraham Seneor, con parte de su familia, bautizado en el monasterio de Guadalupe en presencia de los Reyes Católicos el 15 de junio de 1492 como Fernán Pérez Coronel. El nuevo cristiano recibió título de nobleza y fue nombrado regidor de Segovia. Fernán Pérez Coronel falleció en 1493 y fundó una capilla en el convento del Parral de Segovia para él y sus descendientes.

Desde comienzos del siglo XVI la familia Coronel mantiene una gran influencia en Segovia y su territorio. Formaba un clan de personas muy preparadas y cultas que se habían colocado en puestos importantes en la administración de rentas, la Iglesia y la universidad. Uno de los hijos de Fernán Pérez Coronel, Íñigo López Coronel, heredó el patrimonio rústico en el sexmo de Santa Eulalia y lo acrecentó con nuevas compras. Estableció su centro de operaciones en Bernardos, con casas principales dotadas de bodegas y almacenes donde recibía las rentas.

Las relaciones entre los miembros de las clases altas segovianas se tejían a través de los matrimonios de miembros de distintas familias, para consolidar su posición y poder. Las familias conversas buscaban establecer vínculos con linajes de cristianos viejos como una forma de protegerse ante posibles ataques de la Inquisición, pues se recordaba en Segovia el proceso contra Diego Arias Dávila, que afectó a uno de sus hijos, el obispo Juan Arias. Por ello surgieron matrimonios como el de Juan Bravo, un soldado de origen hidalgo sin muchos medios, pero emparentado con los Mendoza, con Catalina del Río, hija del acaudalado regidor de Segovia Diego del Río. El enlace, que tuvo lugar en 1504, supuso para Juan Bravo un jugoso partido y su entrada en el grupo dirigente de la ciudad. La muerte de su suegro le convirtió en regidor y beneficiario de los bienes rústicos e inmuebles repartidos por la parroquia de San Martín, Muñoveros, Añe o Domingo García.

La muerte de Catalina en 1515 acerca años después a Juan Bravo con otra familia de conversos, los Coronel. Su fama de gastador le hizo buscar otro buen partido y el de la familia de Íñigo López era de los más provechosos de Segovia. María Coronel, hija menor de Íñigo, será la nueva mujer de Juan Bravo tras la boda celebrada en Bernardos, el lugar donde la familia tiene sus principales propiedades, el 6 de agosto de 1519. El contrato de capitulaciones, firmado dos días antes, suponía para el novio un acceso a ingresos como los del servicio y montazgo, una de las principales rentas de la Corona.

El futuro del nuevo matrimonio quedó marcado con el estallido del conflicto de las Comunidades a partir de 1520, una guerra civil en Castilla entre los partidarios del nuevo rey Carlos I, que había llegado con una corte de personajes extranjeros y con exigencias fiscales que recaían sobre la población, y las ciudades opuestas a la política del rey. Juan Bravo y su familia, alineados en el bando comunero, sufrieron los efectos de la derrota de Villalar en abril de 1521 con la muerte del capitán y la confiscación de los bienes de parientes y allegados. María Coronel, viuda, y con tres hijos, emprendió un largo litigio contra la Corona para recuperar lo que le habían usurpado. Al final la justicia le dio la razón y poco después compró en pública subasta las tierras y casas incautadas a su padre en el sexmo de Santa Eulalia, de las que toma posesión en 1524.

María Coronel casó en segundas nupcias con Fadrique de Solís en 1525 y vivió largas temporadas en Bernardos, donde hizo testamento en 1528. Su vida se prolongó hasta 1550 y fue enterrada en el Parral, en la capilla de su abuelo, al lado de un personaje muy cercano en su vida, Pablo Coronel, uno de los intelectuales segovianos más importantes de la época y ahora casi olvidado. Con la muerte de María Coronel se cerraba un célebre capítulo de la historia de Bernardos y de Segovia a mediados del siglo XVI.
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(*) Profesor Departamento de Economía Aplicada e Historia Económica, Facultad de Económicas de la UNED.