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Lucas Aragón, al fondo, escucha la lectura del decreto episcopal de reunificación de la parroquia. / M.G

La festividad de San Ignacio de Loyola de 2021 será inolvidable para el barrio de Santa Eulalia, cuya parroquia inicia una nueva etapa al reunificarse con la vecina de Santo Tomás. La decisión de la diócesis ha venido precipitada por la renuncia del párroco Lucas Aragón como párroco, obligado a ello por motivos de salud, y fue dada a conocer en la eucaristía de despedida de Don Lucas, presidida por el obispo de Segovia, César Franco, que tuvo lugar a mediodía de ayer.

A la conclusión de la misa, fue leído el decreto firmado por el obispo en el que se hacía constar la unificación de las dos parroquias, justificando esta decisión por las dificultades existentes para encontrar un presbítero, debido a las carencias que existen en la nómina de sacerdotes del clero diocesano. El decreto, con fecha 1 de agosto, señala que será el párroco de Santo Tomás, Julio Alonso, el encargado de administrar ambas parroquias, y será recibido oficialmente por sus nuevos feligreses en una misa solemne que tendrá lugar el próximo 8 de agosto.

La alegría con la que la parroquia de Santa Eulalia celebró este mismo año las bodas de oro en el sacerdocio del párroco que ha guiado los destinos de Santa Eulalia se contrapone con la tristeza con la que los feligreses acogieron no solo la noticia de la marcha de Don Lucas, sino la reunificación con Santo Tomás. Hay que recordar que esta medida ya se ha llevado a cabo en otras parroquias de la ciudad bien a través de Unidades Pastorales como en el caso de La Trinidad, o el más reciente de la unión de las parroquias de El Carmen y San Frutos, en el barrio de La Albuera.

A la tristeza de la feligresía, las palabras de Don Lucas en su última homilía como párroco sirvieron como bálsamo de “agradecimiento y despedida” , al hacer constar el amor que Dios le ha inspirado hacia esta parroquia durante los nueve años que ha trabajado en ella. Así, señaló que durante este tiempo “he ejercido el sacerdocio con aciertos, errores y esperanza, donde quise más que pude, y tengo la certeza de que he sido acompañado por la misericordia y la fidelidad de Dios”.

También aseguró que en este tiempo ha podido superar las dificultades con los apoyos y colaboradores que Dios ha dispuesto en su tarea pastoral, y pidió que en esta nueva etapa “me deje guiar en un camino lleno de incertidumbre”, así como que se acoja a los nuevos sacerdotes “que bien os atenderán”.

Por su parte, el obispo alabó las virtudes del que fuera párroco, al que definió como “un sacerdote fiel y un buen consejero” y aseguró que seguirá ejerciendo su sacerdocio “de manera igualmente fecunda” desde su nueva situación, ya que “la verdadera fecundidad es la del espíritu”.