Sanitario y docente

El doctor José Rodríguez Sanz ejerce de médico de familia y comunitaria en el Centro de Salud Segovia III de San Lorenzo a la vez que lleva más de 30 años como tutor de médicos internos residentes

El doctor José Rodríguez, en la puerta del centro de Salud de San Lorenzo.

Ha desarrollado toda su vida laboral en Segovia. Aunque nacido en Madrid, el doctor José Rodríguez Sanz, se encuentra estrechamente vinculado a la ciudad, en la que es reconocido y valorado por una gran parte de la población en su condición de médico de Familia.

Llegó a Segovia en el año 1986 para realizar su primer trabajo como MIR (médico interno residente), antes de acceder a la especialidad. Luego pasó por la unidad de Urgencias del Hospital, cuando se creó este servicio específico, hasta que comenzó a ejercer como médico de Atención Primaria, en la especialidad de Medicina y Comunitaria.

Es también tutor de médicos residentes desde hace 30 años. Es, pues, uno de los 20 médicos segovianos que llevan a cabo labores docentes a la vez que realizan las labores cotidianas atendiendo a los pacientes que tiene asignados y que pasan por su consulta cada día.

Además, el doctor Rodríguez, de 62 años de edad, forma parte de un grupo de la Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria, donde lleva aspectos como la comunicación y la relación entre médicos y pacientes.

Sobre el estado de salud de la población de Segovia, apunta que no se caracteriza por tener patologías distintas a las de otros lugares. Lo que sí le es propio es su elevada edad media, algo genérico en toda la provincia. Ello condiciona no sólo el tipo de patologías más habituales que atiende sino el que la frecuencia en las visitas a su consulta sea más elevada cada vez. “En general el tener una lista de pacientes ancianos conlleva una mayor carga de trabajo. Pero es algo muy común”, justifica.

Asegura que el trabajo cotidiano actual es diferente al que tuvo cuando pasó por Urgencias del Hospital en el año 90. “Y eso que el servicio de entonces no se parece nada a lo que hay ahora, ni en volumen, ni en organización”, dice para destacar el avance que ha experimentado el centro.

Dada su permanencia como médico de Familia, José Rodríguez comprueba la evolución de sus pacientes, lo que le permite no sólo conocer sus antecedentes, su modo de vida… si no también sus inquietudes y problemas ajenos a las cuestiones somáticas.

A él le gustaría que se aplicara la idea que defiende la Sociedad Española de Medicina de Familia: que cada médico pueda dedicar diez minutos a cada paciente. Requeriría disminuir los actuales cupos que tienen asignados. “Pero se llenan cada vez más de gente porque hay pocos médicos, y además con más edad, lo que supone más carga de trabajo”.

En su consulta es habitual el encontrar a un joven médico residente, puesto que el doctor Rodríguez lleva unos 30 años como formador de nuevos sanitarios.

Calcula que por sus manos han pasado al menos una treintena de MIR. José Rodríguez está orgullos de esta tarea porque la considera “algo muy especial”. “Son los que se van a incorporar al mercado laboral, serán nuestro relevo y los que estarán atendiendo al resto de la población; y deben estar lo mejor preparados que sea posible”.

Pero este trabajo docente, que él realiza de forma voluntaria y por la que no recibe más retribución que la satisfacción moral del deber cumplido, en muchas ocasiones tiene que abordarlo en su tiempo libre. La labor cotidiana de atender a pacientes le completa la jornada. “Con una agenda de 50 personas diarias, es difícil llevar a cabo ambas tareas. Se podría dedicar más tiempo a la tutoría, pero hay que extender la jornada porque la labor docente creo es una parte importante de los médicos. Estoy convencido de que hay que hacerlo. Y no sólo hay que formar, sino también motivar, ir corrigiendo… hay que colaborar con ellos en su sus trabajos de investigación, de presentaciones…”

Este año tiene cuatro residentes a su cargo. Dos de ellos, que ya han estado previamente aprendiendo con él, rotan su formación con la que desarrollan en el Centro de Salud o en el Hospital General.

Sobre la posibilidad de incorporar más profesionales a la sanidad, José Rodríguez, asegura que es un tema tan necesario como controvertido. Pero que debe afrontarse con valentía. Es claro al decir que formar un médico requiere de diez años: seis de estudios en la Facultad de Medicina, y cuatro como MIR.

A día de hoy hay un número limitado de sanitarios y otro más alto de pacientes a atender. Hace tiempo que la comunidad científica ya alertó del ‘boom’ de jubilaciones que llegaría, “pero no se hizo nada al respecto”. “Si además le sumamos los efectos de la pandemia, la situación es la que es”.

Tiene claro que los ciudadanos son conscientes de esa necesidad de reforzar la sanidad pública. Y están dispuestos a poner algo de su parte. Según encuestas y estudios recientes, los españoles son partidarios de pagar más impuestos si se invierte en una mejora de la Sanidad. “Y para una sanidad adecuada hay que conseguir unos ratios médicos/pacientes adecuados para poder atender bien a tantos ciudadanos”.

Reclama que se saquen plazas suficientes de distintas especializades, porque cuantos másmédicos se puedan formar, más podrán incorporarse. “Se requiere inversión y también se requiere de tiempo”, matiza.

Sobre la posibilidad de traer profesionales de fuera, no lo descarta; aunque es preciso que cuenten con la formación adecuada para desarrollar un trabajo tan importante como es la sanidad. No todos los países tienen los mismos estándares. Basta recordar que muchos países europeos reclaman y se llevan a médicos y enfermeros españoles para trabajar en sus sistemas de salud.

PELEAS POLÍTICAS
Lamenta que la gestión sanitaria se utilice en las batalla entre partidos. “Cuando algo se politiza tiene muchas posibilidades de que salga mal”, resume.
Tiene la esperanza de que contar próximamente en Segovia con un nuevo hospital y una escuela de Enfermería “será positivo y va a ayudar” al sistema sanitario de la provincia. Porque además atraerá a gente, tanto para estudiar como para trabajar y enseñar.

Mientras tanto, la actual estructura de Atención Primaria distribuida en consultorios, centros de salud y puntos de atención continuada no le convence, dada la falta de profesionales que se padece. Por ello cree necesaria “alguna solución que evite que en ciertas fechas se reduzcan las horas de atención a los pacientes”. Matiza que la gestión no le corresponde a él, pero cree que esa limitación de “recursos profesionales, que ya se sabía que podía ocurrir, requiere hacer algo”. Apela a lo que comentan desde el Colegio de Médicos: “favorecer el desplazamiento de pacientes de determinadas zonas donde haya que restringir centros, a otros núcleos, con el coste económico y político que ello pueda requerir, pero hay que solucionarlo”.

También se muestra contrario a que exista un alto porcentaje de temporalidad en los contratos que tienen el colectivo médico, porque ello condiciona su continuidad en las plazas que ocupan y hace que el sistema sanitario se resienta.

Defiende a ultranza el papel que dentro de la sanidad ocupan los médicos de Familia y Comunitaria. Los define como “especialistas en personas”. Porque, como bien saben sus pacientes, sus historias clínicas la conserva en la memoria y las adivina cada vez que el enfermo abre la puerta de la consulta.

Por ello, los médicos de Familia han recuperado un prestigio y una valoración social que en otro tiempo estuvo infravalorada. “Durante la pandemia se dio cuenta la sociedad otra vez de la importancia de un médico”. Ahora, con los problemas de atención que se dan en la Atención Primaria por falta de recursos, parece resurgir un repunte de crispación social que desemboca en cierto descrédito hacia los profesionales. “Estamos pagando de alguna forma el déficit de personal que nosotros mismos padecemos, pero somos nosotros los primeros interesados en que esto funcione bien y en poder atender a los pacientes como se merecen”.

Sobre la pandemia del Covid el doctor Rodríguez recuerda una “situación durísima”. Fue algo “inesperado, deshizo las costuras del sistema público, que se vio desbordado, sin los recursos que se precisaban y que no pudieron cubrirse”. Pese a las jornadas maratonianas que debieron cumplir, psicológicamente les afectó mucho. Él recuerda la pérdida de compañeros, de amigos, y también de pacientes a los que hacía seguimiento. “La propia atención no presencial fue también algo duro desde el punto de vista profesional”, añade. Insiste en la importancia que han tenido las vacunas, pero recuerda que hay que seguir atentos porque la pandemia sigue. “Hay que mantener la precaución”.