San Pedro y el orgullo segoviano

Miles de personas disfrutan en la calle del día grande de las fiestas con el calor y la amplia participación popular como notas más destacadas de un periplo festivo que hoy llega a su fin

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“Yo, señor, soy de Segovia”. La frase con la que el Buscón Don Pablos iniciaba el relato de sus trapacerías contadas con mano maestra por Quevedo está inscrita en el código genético sentimental de los miles de segovianos que se entregan año tras año a celebrar la festividad de San Pedro, dia grande de las fiestas de la capital para realizar un ejercicio de autoafirmación conjunta de cariño e implicación con la patria chica. En tiempos de ‘brexit’ e independencia, los segovianos que ayer coreaban la letra del Himno a Segovia en el centro de la Plaza Mayor parecían querer demostrar el valor de una ciudad que vive entre dos capitales pero que reivindica su propia identidad.

Y es que la fiesta de San Pedro es una fiesta del orgullo segoviano, cuyos mejores exponentes son las figuras del Tío Frutos y de Fuencisla que desde hace décadas pasean por la ciudad comandando el desfile de gigantes y cabezudos que pone el primer acento festivo a la jornada.

Desde La Alhóndiga, lugar de descanso de esta peculiar comitiva, la comparsa partió ya pasado el mediodía acompañada como siempre de las dulzainas y tamboriles de Los Silverios, para recorrer el corazón y las principales arterias de la capital insuflando el ambiente festivo propio de una jornada como San Pedro. Los turistas asistían asombrados ante este pintoresco desfile, y recibían con agrado los sustos y golpes de tripa de los revoltosos cabezudos, admirando también la elegancia de los gigantones y su pericia a la hora de bailar las jotas interpretadas por los herederos del maestro dulzainero.

Desde otro punto de la capital, el barrio de San Andrés, partían a mediodía el alegre cortejo de vecinos que desde hace casi cuatro décadas animan la fiesta con la ya tradicional ‘Tajada’ que comparten con propios y extraños. 100 kilos de chorizo, una docena de quesos, 125 barras de pan, dos jamones y 100 litros de limonada fue el imponente arsenal que repartieron los vecinos durante su festivo recorrido por la ciudad, contribuyendo un año más a hacer más participativa la fiesta segoviana.

A primera hora de la tarde, desde el quiosco de la Plaza Mayor, la banda de la Unión Musical Segoviana ofreció un concierto que terminó con la interpretación del Himno a Segovia, que terminó con una cerrada ovación del público que coreó la letra de Luis Martín García Marcos con vivas a San Pedro y a Segovia.

Por la tarde, los toros fueron los protagonistas en el bicentenario coso segoviano, donde los aficionados disfrutaron de una buena tarde con una terna de primer nivel (ver crónica en la página 7). Por la mañana, muchos segovianos se acercaron a la plaza para presenciar el desencajonamiento de las reses del Marqués de Quintanar y el sorteo de lidia, al que asistieron los componentes del cartel. Para cerrar el círculo de las tradiciones festivas, nada mejor que los espectaculares fuegos artificiales que iluminaron la noche segoviana desde los altos de La Piedad.

La coda de las fiestas segovianas llega hoy con la tradicional ofrenda de la Alcaldesa de las fiestas y sus damas a la Virgen de la Fuencisla, y el concierto de la Banda Sinfónica Tierra de Segovia en el Barrio de La Albuera, que ponen fin a diez intensos días de fiestas que, al igual que el tiempo, han ido de menos a más en intensidad, calor y participación popular.