Procesión con la imagen del Santo por las calles de El Espinar. / José Redondo
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“San Antón, santo francés, santo que no bebe vino, y a los pies lo que tiene es un gorrino”.

Así dice la cantinela popular que se recita en el Espinar desde hace muchísimas décadas. Y aunque no se ajusta mucho a la realidad, ya que San Antonio Abad (San Antón) era egipcio, si parece que por las noticias que nos han llegado de San Atanasio, uno de sus principales seguidores, debió de beber poco vino en su austera vida eremítica, fue el creador de esta forma de vida, y muchos cristianos, a través de los siglos, la han practicado como la vía para seguir la doctrina de Cristo en varias iglesias y confesiones. Y el cerdo a sus pies debe de querer hacer referencia a su origen campesino.

En el primer libro de la Cofradía de San Antonio Abad de nuestra villa que se conserva dice: “Memoria y cuenta y razón de los Hermanos Cofrades de Nuestro Patrón San Antonio Abad asta hoy diez y ocho del mes de enero año de mill setezientos y cinco que por sus entradas y Antiguedades son como se siguen en la forma siguiente … Hermano Juan Azedos en el año de mil seiszientos y sesenta y seis y xuro Guardar las ordenanzas”. Continúa con una retahíla de nombres.

Desde esta época el gremio de ganaderos de El Espinar viene celebrando la festividad del santo egipcio, patrón protector de los animales. Se le suele representar como un longevo bonachón (se le atribuyen ciento cinco años de vida), que abandonando la comodidad que disfrutaba en el seno de su rica familia campesina, se fue a vivir, primero al cementerio de su pueblo, y después a la aspereza solitaria del desierto.

La larga tradición de ganaderos de nuestra villa, primero con las cabañas de ovejas que adecentaban en los cinco esquileos, las yuntas de bueyes para las famosas carreterías, las vacas lecheras para el suministro local y más adelante las ganaderías de vacuno para el aprovechamiento cárnico, tenían que festejar a su patrón el día 17 de enero de cada año. La imagen se veneraba en la capilla izquierda de la iglesia de San Juan Bautista (de la cual solo se conserva el ábside), situada extramuros del casco urbano, a la cual se llegaba por la calle de San Juan y la Puerta Norte (usada también por los que se dirigían a Segovia). De forma que como la fecha solía ser de frío tiempo invernal, si el clima lo permitía se trasladaba la imagen a la Colegiata de San Eutropio para hacer un triduo, pero si “San Antón se ponía el Manto Blanco”, la celebración se realizaba en San Juan. Con los años y las inclemencias del tiempo, la imagen se trasladó permanentemente a una de las capillas laterales de San Eutropio, donde la Cofradía sigue festejando a su patrón.

Durante estos, al menos trescientos cincuenta y cuatro años, las celebraciones han pasado por altos y bajos, según los momentos. Nos han llegado noticias que a finales del siglo XIX el párroco de San Eutropio amenazó con la excomunión a los hermanos cofrades que se dedicasen durante los festejos a los juegos de cartas. Se ve que si el frío arreciaba era un recurso.

Durante el siglo XX hubo periodos en que las celebraciones se podían alargar hasta una semana, y otros en que la apatía y el desánimo llevó a suspender hasta la bendición de los animales. Pero a partir de 1995 la directiva de la Cofradía impulsó una serie de actividades que dieron de nuevo esplendor a la misma recuperando la citada bendición (hay años que se superan los 150 animales que pasan a ser bendecidos), se realizan actividades en cooperación con los colegios de Primaria, participando un buen número de niños en los concursos de relatos cortos y dibujos sobre San Antón y los animales, y se invita a todos los vecinos y visitantes a la degustación de los exquisitos gorrinillos (pastas que elaboran en la centenaria y artesanal Pastelería Yagüe), y al vinillo dulce que ayudan a combatir los fríos habituales de la época. A esto último también ayudan las celebraciones de la tarde del día 16, que al tocar las campanas a vísperas, se puede degustar las sopas de San Antón acompañadas con torreznillos (colaboración del restaurante K`techu) y vino tinto al son de tambor y las dulzainas de la agrupación musical de San Rafael.

Al día siguiente, a primera hora, algunos de los más de 160 hermanos cofrades, abrigados con sus largas capas, van a buscar al Esclavo Mayor, que en su casa suele invitar a un generoso desayuno. Seguidamente se incorporan las autoridades, el resto de hermanos, y feligreses para sacar en procesión la imagen de San Antón por las calles de la villa y celebrar después la Misa Mayor cantada por un grupo de animosos cofrades. Terminada la Misa, se procede a la bendición de los animales en el atrio sur de San Eutropio, se reparten los premios de los concursos infantiles y se tiene la susodicha degustación de “gorrinillos”. Seguidamente, los cofrades tienen el refresco-comida ofrecido por el Cajero de la Cofradía, y que este año corresponde a Ricardo Romano. Al día siguiente se realiza la Junta General donde se revisan las cuentas y se hace el relevo de la directiva, a continuación, se tiene la Misa por los hermanos difuntos, y se rematan los festejos con la Cena de Hermandad y un ¡Viva San Antón!.