Comensales que disfrutaron del menú de El Cordero. /rodrigo verdugo
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Pasar junto al restaurante El Cordero es oler a tradición, a asados, a guisos a fuego lento, a cuchareo de antaño y por eso, y mucho más, de nuevo, el Otoño Enológico se ha acercado a los fogones de Ángel García y su equipo para disfrutar de una propuesta que nunca falla. Pero este año se le lanzó un reto importante a la vez que divertido: maridar todos los platos con burbujas (cavas y champagnes). Ángel García es amante del guisoteo y de las burbujas a partes iguales y no dudó en aceptarlo. El domingo disfrutamos de una propuesta cuidada al detalle: cada plato, cada maridaje, cada explicación. Una propuesta hecha con mucho mimo.

El reto se convertía, además, en una responsabilidad al encontrarse en presencia de algunos de los mejores sumilleres y enólogos de nuestra ciudad (Mazaca, Laura, Raúl, Javier…) y de importantes bodegueros y amantes del vino, que no quisieron perderse esta cita. Pero el equipo de El Cordero consiguió sorprender (y mucho) con un menú consistente en seis platos que buscaban la fusión perfecta: boquerones escabechados; ensaladilla rusa tradicional con cítricos, pistachos, encurtidos y anguila ahumada; ensalada multicolor de frutas, escabeche, langostinos (y ‘cien’ ingredientes más); taco de bacalao y, por supuesto, no faltaron los tradicionales callos con garbanzos que obligan a mojar pan. Después, unos judiones de la Granja ‘de verdad’ con un sabor y una cremosidad exquisitos y una tarta de frutas con peso de frambuesas, base de natillas, frutillas crujientes y helado. Seis propuestas que no dejaban nada a la improvisación, con ingredientes perfectamente estudiados (seguro que Ángel estuvo haciendo y deshaciendo hasta esa misma mañana), con matices de los platos que se encontraban en los vinos…Un menú de altura muy trabajado que arrancó los aplausos de los 50 comensales que disfrutaron de este homenaje a la cocina tradicional y a la vanguardia enológica. La selección de cavas y champagnes realizada por el maestro Ángel García estuvo a la altura, complementando a cada uno de los platos como si se conocieran de toda la vida. Un maridaje meditado y especial.