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Blanco posa tras el mostrador en el que se exhiben algunos de los roscones que se consumirán en los próximos días. / M.G.
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Ubicada en la calle Vicente Aleixandre, en una de las zonas ‘comerciales’ del barrio de Nueva Segovia, la pastelería Blanco bulle estos días de actividad. El pequeño establecimiento no deja de recibir visitas de vecinos del barrio que ponen en manos de Emilio Blanco la responsabilidad de llevar a sus mesas el mejor roscón de Reyes, conforme a la receta tradicional que hace que este postre sea uno de los productos navideños más preciados.

Con 37 años de experiencia, el pastelero segoviano dedica la práctica totalidad de su tiempo a elaborar los cerca de 300 roscones que estos días despachará en su pastelería. A los que vende de forma directa a diario, se suman los de la particular ‘lista de espera’ que encargan su roscón para la noche de Reyes o para celebrar la llegada de los Magos con un desayuno muy especial.

Aunque es un producto de temporada, los gustos de los consumidores tienden a prolongar el periodo de venta del roscón, y de hecho en la pastelería de Nueva Segovia comienzan a venderse incluso antes de Navidad. “No deja de ser un postre navideño como el turrón o el mazapán –explica- y son muchos los clientes que preguntan por el roscón antes de Nochebuena para tener la oportunidad de degustarlo en sus hogares”, explica el pastelero.

En cuanto a las variedades, hay para todos los gustos, según explica Blanco. El roscón tradicional sin relleno se mantiene estable en las preferencias de los consumidores, pero son los rellenos quienes copan la mayor parte de los pedidos en la pastelería, donde la nata, la crema y la trufa son los más demandados.

La nata, la trufa y la crema son los rellenos más demandados

La tradicional ‘sorpresa’ del roscón con su particular haz y envés de buena y mala fortuna en forma de figurita o haba (cuyo hallazgo en este último caso obliga a pagar el dulce a quien la encuentra), sigue siendo otro de los alicientes de este postre.

Sobre este aspecto, Blanco señala que en contadas ocasiones, algunos de los clientes llevan al obrador regalos como anillos o valiosas pulseras con el fin de sorprender a la familia con un regalo de valor; lo que obliga al pastelero a extremar la precaución a la hora de custodiar los ya de por si valiosos roscones.

En estos días de masiva demanda de roscones, el ‘enemigo’ a batir son las grandes superficies comerciales, que producen roscones de forma industrial a precios muy competitivos que hacen accesible el postre a todos los bolsillos, pero sacrificando la calidad por la cantidad.

Sobre este asunto, Blanco asegura que un roscón realizado en un obrador pastelero por un profesional tiene una mayor calidad que el de origen industrial, ya que las materias primas son escogidas y elaboradas de forma artesanal.

“Cuando veo en un gran supermercado una pila de roscones rellenos colocados a temperatura ambiente, lo primero que pienso es cómo aguantará la crema o la nata sin estropearse –asegura el pastelero- lo que me hace dudar de su calidad”.

Por eso, el pastelero pide confianza en los profesionales, a sabiendas que el resultado es infinitamente superior, con precios que, en el caso de su establecimiento, vienen manteniéndose casi invariables en los últimos años.

“Aunque las materias primas han subido, al igual que el precio de la energía, preferimos no repercutirlos en el coste del roscón y mantener nuestros clientes”, asegura.