El diestro colombiano Juan Sebastián Ritter, antes de un festejo. / PRENSA SEBASTIÁN RITTER
El diestro colombiano Juan Sebastián Ritter, antes de un festejo. / PRENSA SEBASTIÁN RITTER

Va camino de la ganadería de Raso de Portillo, ubicada en el término municipal de Boecillo (Valladolid), desde Madrid y para en Segovia para comer, su segunda casa en España. Un alto en el camino para continuar con la temporada que le viene, la más importante hasta la fecha. Francia ya ha puesto el foco de su mirada en su toreo y la afición gala no acostumbra a equívocos, un ojo clínico en la línea del de ‘su descubridor’. De la factoría de Antonio Corbacho -figura que forjó a José Tomás o Alejandro Talavante-, la historia de Juan Sebastián Ritter (Medellín, 1992) es la de un ‘niño torero’ que empezó con 6 años y recorrió las principales plazas de Colombia para después dejar su país y luchar por el encriptado sueño de vivir en torero. “Mi carrera siempre ha sido de apostar: ‘todo o nada’”, comienza.

De la Antioquia que vio nacer a Fernando Botero a la Escuela Taurina de ‘El Juli’, en Arganda del Rey (Madrid). Hijo de torero – Luis Ritter-, en 2010 tomó la decisión ir al epicentro taurino: España. “Si quieres ser el mejor ingeniero, tienes que ir a la mejor universidad. En el toreo pasa lo mismo: si quieres ser el mejor, tienes que ir al país donde más se vive esta cultura y donde más oportunidades hay”, explica; y continúa repasando su etapa de novillero sin picadores, en la que ganó tres certámenes. Lejos de su familia, reconoce que fue una “época bonita” pero en la que tuvo que “superar” muchos baches, sobre todo anímicos, que solventó “a base de afición”.

La distancia es un obstáculo mental que atenaza personalidades, pero es estímulo para no desistir. Un invierno permanente en busca del calor del triunfo. Fue en 2012, tres meses después de debutar con picadores en Moralzarzal (Madrid), cuando reclamó la atención de Corbacho, uno de los taurinos más influyentes y respetados en el sector. El reconocido apoderado puso su órbita en la actitud de Ritter en Arganda y unas semanas después decidió acompañarlo a Arnedo (La Rioja). En pleno ‘Zapato de Oro’, uno de los seriales novilleriles más importantes a nivel nacional, volvió a comprobar el arrojo del colombiano, que sufrió una cornada en el escroto de ‘pronóstico grave’ que llegaba casi hasta el estómago.

Ahí despertó una nueva ilusión para Corbacho: su último descubrimiento. “Fue un lujo que alguien tan influyente se fijara en mí”, rememora. De la mano del madrileño, Ritter pisó en 2013 los ruedos de La Maestranza de Sevilla y Las Ventas de Madrid, donde fue designado ‘mejor novillero’ de la Feria de San Isidro. La carrera del novillero iba cogiendo vuelo, pero el fallecimiento de Corbacho en julio, tras pasar una larga enfermedad hepática supuso un duro trance en su evolución.

“Antes de que muriera, me recomendó a amigos suyos para que se hicieran cargo de mí”. Entre ellos, el segoviano José Pascual Castrillo, conocido popularmente como ‘Pepe Castrillo’, que fue director de Castilla y León de la Cadena SER, medio al que estuvo ligado más de 45 años hasta su jubilación. “Es una persona que me ha ayudado mucho: sin llegar a ser mi apoderado, apostó por mí incluso ni cuando yo creía. Es un pilar fundamental para que no me quite de esta profesión”, asegura; y añade: “Tiene una humanidad bárbara. Se lo debo todo”.

La proyección vista por Corbacho se tradujo también en la puesta a escena de una alternativa en el primer escenario del mundo. “Mi carrera siempre ha sido ‘todo o nada’ y fuimos a Madrid, que además era la plaza que más reconocimiento me había dado como novillero”, recapitula; aunque aquella tarde de la Feria de Otoño de 2013, con Toros de Cortés y Manuel Jesús ‘El Cid’ como padrino y el malogrado Iván Fandiño como testigo, “no terminó de salir según lo esperado”. Los toreros acostumbran a decir que sueñan viéndose salir por la puerta grande de Las Ventas, pero lo cierto es que a días de pisar su albero este imagen se convierte en miedo. De hecho, con las horas de sueño que quita esta plaza, se hacen días que no terminan en 24 horas.

Natural de Ritter, durante un tentadero. / J. SÁNCHEZ - PRENSA SEBASTIÁN RITTER
Natural de Ritter, durante un tentadero. / J. SÁNCHEZ – PRENSA SEBASTIÁN RITTER

«En mi situación, Madrid solo te da»

«Nunca he rechazado ninguna propuesta de esta plaza y siempre he estado dispuesto a ir»

“Te preparas para ir a Madrid y conseguir torear más tras pasar por allí, pero hay veces que jugárselo todo a una carta pesa mucho”, habla sobre el misticismo y la exigencia del coso venteño. Volvió en 2014 dos tardes y desde entonces hizo el paseíllo en 2015, 2017, 2018 y en dos ocasiones en 2019, con hierros de diferentes comportamientos como Partido de Resina o Saltillo, entre otros. “Madrid es la plaza que te da o te quita; pero en mi situación solo te da. Nunca he rechazado ninguna propuesta de esta plaza y siempre he estado dispuesto a ir”, comenta.

«Más que estar en un buen momento como decimos todos, siento que estoy ante la oportunidad de entrar en el circuito de las grandes ferias»

“Ahora vas a Las Ventas para torear más, cuando antes era al revés”, apunta. En su situación, tiene claro cuál es el camino para terminar de entrar en carteles de relevancia: “Para torear en las corridas más ‘apetecibles’ la única vía es cortar las orejas en Madrid”. Ritter deja titulares poco frecuentes en un mundo en el que de los tópicos se hacen discursos que resultan un calco. Se dice que “se torea como se es” y este es distinto. El valor del colombiano es traslúcido en las cicatrices que recorren su piel. Son bocados que despiertan el sueño para confirmar que es real. Cosido a cornadas, es consciente de que lo mejor está por llegar. “Más que estar en un buen momento como decimos todos, siento que estoy ante la oportunidad de entrar en el circuito de las grandes ferias”, sostiene.

Viene de cortar dos orejas en la Copa ‘Chenel’, en la localidad madrileña de Alalpardo. Su paso por este serial dejó sensaciones “buenas, pero agridulces”. “Con el primer toro -de El Retamar- me encontré muy bien con la mano izquierda. Le faltó fuerza y eso dificulta mucho a la hora de transmitir al público, por lo que tuve que medir las alturas y cuidar la calidad de los muletazos”, explica: y continúa: “Luego, al segundo de mi lote, el imponente de José Escolar, que era para Madrid, lo quise lucir en el caballo para buscar la puntuación de la lidia en los tres tercios y ahí tuvimos mala suerte: duró poco en la muleta”. La baremos fijados por el jurado son una cuestión a ahondar. Pueden ser un agitador de ganas, aunque también pueden ser considerados como un arrebatador de la naturalidad, que puede llevar a cometer atropellos.

Natural de Sebastián Ritter, en Alalpardo. / ALVARADO - CEDIDA POR SEBASTIÁN RITTER
Natural de Sebastián Ritter, en Alalpardo. / J. ALVARADO – CEDIDA POR SEBASTIÁN RITTER

«No deseo a los compañeros que le vaya mal»

Pese al triunfo, no pasó a la siguiente ronda y tendrá que esperar a la posibilidad de acceder como uno de los tres mejores segundos. Ritter no esconde que “quería pasar de forma directa”, pero reconoce los méritos de David Galván y aclara la controversia auspiciada tras el festejo: “Mi compañero tuvo mucha actitud y pasó. Durante la lidia tiene que haber competencia dentro de la plaza, pero una vez fuera todos compartimos profesión y sabemos de la dureza de este mundo por las cornadas y la falta de contratos y, por eso, deseo lo mejor a mis compañeros. No deseo que les vaya mal. Lo que quiero es estar anunciado, pero si estoy en casa no estoy esperando que otros fracasen”.

Francia y las ‘duras’

«No hay que comparar el fútbol con los toros, pero eso que llaman ‘estar en el banquillo’ curte mucho»

En tiempos difíciles, la agenda de Ritter va sumando fechas tras tener un invierno con repercusión en plazas colombianas. Francia lo espera: Alès a finales de mayo con un envío de Cura de Valverde y la Bayona ‘sanferminera’ de indumentaria blanca y pañuelo rojo -aunque en septiembre- con un festejo para seis toreros de la divisa de Pedraza de Yeltes. “Lo que más quiero es torear. Necesito aprovechar oportunidades y llegar a ser el torero que quiero”, señala un diestro que está dispuesto a anunciarse con la ganadería que sea. “Un torero se hace toreando. No hay que comparar el fútbol con los toros, pero eso que llaman ‘estar en el banquillo’ curte mucho. Ahí vas creciendo como torero”, afirma.

«Somos matadores de toros; no de encastes»

Entra sin aprietos a hablar sobre dos polos que no convergen, el ‘torerismo’ y el ‘torismo’: “Parece que solo puede haber corridas como llaman ‘comerciales’ o ‘duras’. Eso es un error. No hay que mirar el hierro: somos matadores de toros; no de encastes”. Además, ve en las encasilladas ‘duras’ “una oportunidad” para salir catapultado a las ferias.

Ritter, que toreó una novillada con picadores en 2012 en El Espinar y es socio de la peña ‘El Espontáneo’, conoce también el entramado segoviano y apunta la posibilidad de torear en dos plazas en las que la seña de identidad es la seriedad del toro: Cuéllar y Riaza. “Soy de otro país, pero conozco muy bien la provincia y me siento un segoviano más. He visto toros en casi todas las plazas: Cuéllar es un emblema por los encierros y por su forma de cuidar al toro; y Riaza se desvive por tener ganaderías de primera”, repasa sabiendo los elencos que irán a la villa cuellarana (Cebada Gago, Partido de Resina, Alcurrucén, Lora Sangrán, Hermanos Sánchez Herrero y Condessa de Sobral) y a la riazana (Valdellán). El terno morado ya forma parte de visibilización de Ritter, un color asociado al misterio y soñar. Y de ahí no se baja el colombiano. Continúa apostando.

Sebastián Ritter pasea una oreja. / PRENSA SEBASTIÁN RITTER
Sebastián Ritter pasea una oreja. / PRENSA SEBASTIÁN RITTER