Portada de El Adelantado
Portada de El Adelantado

Habrán podido observar que El Adelantado de Segovia recupera en su portada la datación de 1880. Sus motivos tiene. Fue el año en que vio la luz esta cabecera aunque sin el patronímico que fijaría más tarde su inequívoca vocación provincial. Esa pretensión por remarcar el carácter local fue la que animó a Rufino Cano de Rueda cuando se hizo con el periódico a mitad de 1901, tras la muerte del director y propietario del entonces semanario, Rafael Ochoa.

La transición se hizo con rapidez. Rafael murió el 6 de mayo de 1901 y el primer El Adelantado de Segovia salió a los kioscos el jueves 20 de junio. Solo tres días antes, Cano de Rueda había presentado en el Gobierno Civil la declaración necesaria para la nueva publicación. Ese 20 de junio, el hebdomadario dedica su portada a presentarse políticamente a través de dos cartas: una de Germán Gamazo, político que entonces preparaba, después de su disidencia liberal, la refundición de los conservadores con su cuñado Antonio Maura y Francisco Silvela; la otra, de puño y letra de Rufino Cano y dirigida al ‘ilustre hombre público’, como califica a Gamazo.

Práctica habitual en aquellos años, Germán Gamazo había fundado un periódico en Madrid, El Español, para la defensa de sus iniciativas. Pero quería reafirmar su implantación política en las provincias de Castilla. Firme partidario del proteccionismo, en su condición de ministro proyectó eliminar —sin éxito— el privilegiado régimen foral navarro; con posterioridad su política viró hacia un agrarismo con la protección del precio del cereal autóctono, base de la economía castellana.

Con cierta ingenuidad, el nuevo periódico de carácter semanal adquirido por Cano declara a la hora de fijar su línea editorial que “en lo local prescindimos de ideales políticos”, lo que no es óbice para que se reconozca en lo nacional a Gamazo como “jefe”, en la creencia de que él hará posible “que Segovia entre de una vez en el concierto de provincias castellanas”.

La rapidez y cierta improvisación con que Cano de Rueda asumió la dirección de la nueva publicación se desprende de este y otros detalles. No obstante, garantiza la continuidad con el anterior semanario al mantener la estructura del periódico y sus colaboradores habituales y al ceder la administración de la empresa a Francisco Santiuste, que había impreso y administrado en buena parte la vieja cabecera de los Ochoa desde su librería de la calle Isabel La Católica, 5, cuando Rafael ya no estaba para muchos trotes. Es Santiuste, por lo tanto, una figura clave en la transición entre el viejo y el nuevo semanario.

Dos personajes diferentes

Rafael Ochoa fue un personaje peculiar de la Segovia de fin de siglo. Como lo fueron, todo hay que decirlo, Joaquín de Castellarnau, Félix Gila o Tomás Mascaró. “Poeta, soñador, enamorado de lo imposible, visionario más de lo debido, creyéndose víctima o juguete de la desgracia y surcando multitud de veces la inmensidad de los mares como médico de los tripulantes y viajeros en transportes transatlánticos, la contemplación continua de lo infinito de los cielos y de la superficie interminable de las aguas (…) vino a acentuar de un modo visible el tinte melancólico de cuanto pensaba y escribía el buen Rafael Ochoa”. Así lo define con perspicacia Carlos Lecea.

Su figura supone el último vestigio de la burguesía romántica henchida de aventuras y no muy común en la Segovia de la época. A fuer de ser tachado de crítico huraño, el cronista que esto suscribe considera sus Poesías —publicadas en 1902, un año después de su muerte y gracias a la recopilación efectuada por su primo Silverio de Ochoa, otro personaje segoviano de interés— como “nimias, pueriles y candorosas”, lo que no empece para que algunas, sobre todo los sonetos, merezcan ser reseñadas.

Primera portada de El Adelantado como semanario
Primera portada de El Adelantado como semanario

Todo lo contrario era Rufino Cano de Rueda, sin un ápice de romanticismo en sus entrañas. Avispado abogado, llegado a Segovia supo jugar sus bazas con cuidadoso esmero para progresar con rapidez en el orden social de la provincia y en su espectro político. Adherido al grupo que se reunía en torno a Gregorio Bernabé Pedrazuela y el Diario de Avisos pronto liberó amarras y voló por su cuenta, con evidente éxito. Supo siempre dónde apostar y lo hizo bien. Fue secretario de la Exposición de 1901, diputado provincial, senador y diputado a Cortes Generales durante la II República, pero también, con esa veta del Regeneracionismo que se observa en personajes de la digamos alta burguesía segoviana como Félix y Segundo Gila, Castellarnau, Pedrazuela o el propio Cano, formó parte del claustro de profesores de la Universidad Popular Segoviana. Era hombre que gustaba dar a su vida toques sicalípticos; ultraconservador en lo social, liberal y partidario del proteccionismo —gran paradoja que todavía mantienen algunos liberales hoy en día— en lo económico, supo encarnar al nuevo burgués inquieto, industrioso y emprendedor de principios de siglo. Si Ignacio Agustí hubiera sido segoviano podría haber escrito la saga de los Cano con suma facilidad, describiendo también la imprescindible figura de su hijo Luis. No nos alargamos más. Para ampliar la postura de El Adelantado de Segovia en diferentes vicisitudes históricas remitimos al artículo que sobre el particular le dedicó este periódico en el especial del 14 de febrero del 2021.

Cano de Rueda quiso mantener tras su adquisición la estructura del periódico anterior del mismo nombre, como se apuntó. Incluso lo sustancial de su tipografía y de su formato, el conocido tabloide (30×42) compuesto a tres columnas. Si se analizan ambos medios, no solo siendo semanario sino también cuando El Adelantado de Segovia cambia a diario el 16 de octubre de 1901 —ha cumplido pues los 120 años como tal diario y en manos desde entonces de cuatro generaciones de la misma familia— se observará que se respetaron las secciones e incluso su distribución a lo largo de los tres pliegos, pues el cuarto se reservaba inexorablemente a publicidad. La primera página se destinó a colaboraciones, a editoriales y a alguna información local. De manera esporádica se publicaba un poema. En el faldón era habitual incluir un folletín. La información mollar se ubicaba en las páginas del interior, con un apartado en la número tres de crónica local en la que se recogían aspectos cotidianos de la ciudad y de la provincia. En esa tercera se inserta también una sección con las últimas noticias de Madrid recibidas por conferencia telefónica. Con inteligencia, Cano de Rueda convirtió su periódico en diario de tarde, lo que le daba la ventaja de la inmediatez en la plasmación de lo sucedido por la mañana. Después fue imitado por el Diario de Avisos de Pedrazuela.

Como novedad, el nuevo El Adelantado de Segovia diario introdujo ese mismo 1901 —el 10 de noviembre— una página literaria los domingo. Se editaba en portada pero en ocasiones continuaba en la página dos. La tipografía era la misma aunque el genitivo de Segovia se escribía con letra gótica que no cambiará hasta el 14 de mayo de 1902, cuando se introdujeron tipos más negros.

Es por todo lo anterior que no dudemos en afirmar el tracto sucesivo de ambos medios de comunicación, aunque algunas voces, como María Victoria Segovia en su magnífica Publicaciones periódicas en Segovia desde 1880 a 1900, lo ponga en duda. Los colaboradores fueron en su mayor parte los mismos, y la misma fue la imprenta; incluso Francisco Santiuste, impresor y librero, figura —ya se ha dicho— como administrador, aunque luego desaparecerá de la cabecera cuando se convierta en diario el 16 de octubre de 1901.

Como se apuntaba con anterioridad, hay un matiz sustancial en la línea editorial del nuevo periódico que se une al del apellido provincial que se evidencia en su cabecera: la adscripción política que el comprador imprime con claridad meridiana desde el primer día: El Adelantado de Segovia se adhiere a las tesis agraristas de Germán Gamazo, lo que dota a la publicación de un matiz político y partidista.

¿Cambia con ello la tendencia por su antecesor? Así parecería si se atiende, por ejemplo, al editorial que publica el periódico dirigido por Rafael Ochoa el 27 de diciembre de 1900, con ocasión de lo que estimaba el cambio de siglo. Adivinamos una línea tremendamente escéptica e incluso crítica con el juego de partidos y de los políticos de la Restauración. Pero si nos retrotraemos dos años atrás, al 27 de octubre de 1898, las cosas son bien distintas. Entonces el editorial se titula Con el señor Gamazo, y sus primeras líneas son muy contundentes: “Ni somos de Cartago, ni somos de Roma. Somos del señor Gamazo”.

Lo firma, con su estilo habitual, el propio Rafael Ochoa, que recoge una carta que le dirige el político. Pocas semanas antes, Gamazo había roto con Práxedes Mateo Sagasta, aunque afirmaba querer seguir dentro de la disciplina del Partido Liberal. En el siguiente número, el periódico incide en su adhesión con otro artículo significativo: La disidencia gamacista, en el que se recuerda el abandono de Sagasta a Ruiz Zorrilla, y proclama que ya no hay oportunidad para el arrepentimiento en la ruta emprendida. Nosotros no iremos a Canosa, afirma rotundo el editorial aludiendo a un conocido pasaje histórico. Como hemos visto, tres años después Rufino Cano repite el mismo ceremonial que había realizado Rafael Ochoa, incluido cruces de cartas con German Gamazo. La propiedad había cambiado, pero el camino que se recorría y las huellas que se seguían no podían ser más iguales.

Una vez fallecido Gamazo —que lo hizo al poco de ser adquirido por Cano de Rueda— el nuevo diario segoviano engrosó sus apoyos en el partido conservador de Antonio Maura. Se distanciaba ahora definitivamente de la corriente liberal que protagonizarían Sagasta, Canalejas y Moret y a la que se adscribió el Diario de Avisos y su fundador Gregorio Bernabé Pedrazuela.

Plaza Mayor de Segovia de Antonio Pasaporte
Plaza Mayor de Segovia de Antonio Pasaporte

Primer diario de Segovia

Nos retrotraemos en nuestro análisis a 1880 y lo centramos en el viejo El Adelantado que comienza su camino como medio de comunicación en enero de ese año. Concretamente el día 19. En contra de lo que se cree y publicita en algunos escritos, no fue El Porvenir segoviano. Diario de Avisos de Segovia —que después cambió su nombre a Diario de Avisos de Segovia y más tarde solo a Diario de Avisos—, quien el 1 de abril de 1899 lanzara la primera publicación de carácter diario con la que contó la provincia. El honor le cupo a El Adelantado. La transformación de semanario —se publicaba los jueves— a diario se produjo el 15 de julio de 1891, y duró hasta el 26 de mayo de 1892, en que volvió a tener periodicidad semanal. La empresa no estuvo exenta de riesgos, como bien expresa Mariano Sáez Romero en su imprescindible Periodismo segoviano, publicado por el Instituto Diego Colmenares: “No se sentía entonces en Segovia la necesidad de un periódico diario. La rapidez con que llegaban, por su proximidad a Madrid, los que allí se tiraban, repartidos los del día anterior en las primeras horas de la mañana, bastaba para satisfacer los deseos de los afanosos de saber lo que ocurría en España y por el mundo”.

Aun así la apuesta valió la pena. El Adelantado nació como periódico de intereses morales y materiales, ciencias, literatura y artes. Alto compendio de intereses, como se puede comprobar. Compartió mercado a los pocos meses de nacer con La Tempestad, cuyo primer número apareció el 6 de agosto de 1880. Fue fundada La Tempestad por el escritor Vicente Rubio, que firmaba como Júpiter. Tenía como precedente a El Moscardón, periódico literario bufo-satírico, editado también por Rubio y que duraría solo cuarentaisiete números. La Tempestad formaba parte de esa retahíla de publicaciones entre jocosas y satíricas que salió a finales del siglo XIX y que tanta chispa añadieron al panorama político y social de la Restauración, pero que las alejaba del tono mantenido por El Adelantado, que a lo más que se atrevía era a intercalar en sus páginas poesías costumbristas y breves chistes no muy agraciados por cierto. Son dos ejemplos típicos de la prensa de la época, que poco a poco se iría desembarazando del carácter satírico que bebía de los folletos y panfletos que tan alegremente fluyeron en la Europa de décadas anteriores. La Tempestad llevaba a su portada un cuerpo menudo y una gran cabeza fulminando rayos. Al principio todo él estaba escrito en verso y con el tiempo se equiparó al Madrid Cómico —nacido también en 1880— y a Gedeón, que salió a la luz en 1895.

Pocos años después —15 de noviembre de 1885— nacería en Segovia el pasatiempo literario quincenal El Arco Iris, a quien el omnipresente Mariano Quintanilla le dedicaría un estudio publicado en el Tomo XVIII de Estudios Segovianos. No se podrá entender la forma de concebir el periodismo de José Rodao sin contar con su paso como director por El Arco Iris. “El Arco Iris ha de ser puramente literario y defensor resuelto del bello sexo, por el que se pirran todos su redactores, jóvenes guapos, de talento y con muy recomendables condiciones, entre ellos la humildad…”. Ahí queda eso. Pasado el tiempo, Rodao sería el responsable de la Página literaria de El Adelantado de Segovia desde septiembre de 1906 y durante cerca de diecinueve años (hasta el 13 de febrero de 1925).

A La Tempestad hay que reconocerle una virtud que compartirá con su coetáneo El Adelantado: su atención hacia lo local. Continúan ambos las tendencias de su antecesor, furibundo amadeísta —y por lo tanto defensor de las tesis de Prim—, El Eresma, también periódico segoviano de corta pero fructífera vida. El Eresma se distinguió en la reclamación de la línea ferroviaria que tenía que unir Segovia con Madrid. También lo hizo La Tempestad. En abril de 1884 celebra con júbilo la llegada de la primera locomotora a la ciudad, y su número de 6 de abril se viste de gala con un despliegue tipográfico que contenía el dibujo de una orla y la ilustración de la ceremonia con una viñeta que plasmaba precisamente a Júpiter apuntando con su dedo el paso del ferrocarril por el horadado Guadarrama.

Pero quien más propiamente cogerá el testigo de El Eresma como intento de realizar una prensa seria, de calidad y con los intereses locales como bandera será El Adelantado de los Ochoa. El periódico apuesta por la información sin huir de comentarios densos y extensos que firman con sus nombres, y no con seudónimos, plumas como Fernando Rivas, Gabriel J. Cáceres o Ildefonso Rodríguez. Se aleja de esa manera del concepto de simple diario de avisos o de revista de tertulia, tan del gusto en las provincias en esa época, con largos y aburridos inviernos en donde lo poco que hacer en cuanto a divertimento se unía al gusto por el cotilleo sobre hechos mundanos de escasa trascendencia. Segovia también contó con esas publicaciones: El Carpetano (1891-1897), La Semana (1894) y La Estrella del Hogar (1901). El propio El Arco Iris no hacía ascos a esta prensa de divertimento. Salía cada número con un color diferente, y chispeante, por ejemplo, fue su cobertura de las supuestas apariciones de la Virgen en el monte de Balisa. De estos medios asumieron los llamados periódicos serios algunos tics, como los pasatiempos, los chistes o la publicación de un folletín de entrega periódica, algo muy habitual en la prensa decimonónica inglesa y francesa. El Adelantado de Segovia dejará de publicar este tipo de folletines de manera definitiva el 26 de febrero de 1931. El último fue la novela cinematográfica en doce episodios Los amigos de la muerte, de Julián de Torresano Vázquez.