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De los héroes -“El empecinado”, el Cura Merino…- y de los felones

En estos tiempos de la segunda década del Siglo XXI, en España, sorprende cómo se ha ido desdibujando la realidad histórica que ha caído en manos, no tanto inexpertas, cuanto ideologizadas y conscientes de su condición, que han ido “ adaptando” a su modo de concebir la política esa realidad que, para los que hemos tenido la ocasión de profundizar en los avatares históricos, se nos antoja una más que burda intención de atraer hacia su propio terreno a aquellos a quienes no se ha dado la oportunidad de conocer la propia Historia sin artificios ni verdades a medias.
La utilización en provecho propio de los medios públicos de comunicación ha propiciado el que, a muchos de los españoles de a pie, se les haya deformado la realidad de lo acontecido en España desde el mismo inicio del pasado Siglo XX y los avatares que determinaron la explosión de viejas rencillas y expectativas frustradas en lo que fue la Guerra Civil, que enfrentó de 1936 a 1939 a la mitad de España con la otra mitad.

Este enfrentamiento, ideológico en principio pero existencial a la larga, viene desde los lejanos tiempos de la Guerra de la Independencia contra Napoleón ( 1808-1814) y pasa necesariamente por el infausto reinado de Fernando VII (1814-1833). La diversificación ideológica de los españoles, nace en el momento en que se quiebra la independencia nacional con las abdicaciones de Carlos IV y de su hijo Fernando, futuro Fernando VII, ante Napoleón en Bayona.

El pueblo español que, hasta ese momento tenía una fe casi absoluta en lo que significaba la institución de la Monarquía y en la persona del Rey que la encarnaba, pasó a desconfiar de una Institución que, a sus ojos, se “había vendido” al imparable poder napoleónico, que por entonces había ya sometido a gran parte de Europa, excepto, precisamente, a los dos estados de la Península Ibérica: España y Portugal.

Retrato de Napoleon de Jacques-Louis David.
Retrato de Napoleon de Jacques-Louis David.

A la larga Guerra contra el poder de Napoleón Bonaparte, sucede el desgraciado reinado de Fernando VII. El pueblo español que había luchado durante seis largos años contra las tropas de Napoleón, esperaba ilusionado la vuelta a España de las personas reales y, en particular del nuevo Rey Fernando VII, que era conocido como “el Deseado”. El anhelo de los ciudadanos- que no súbditos- de la vuelta a la normalidad con el regreso de aquel rey, pronto se vio frustrada por la conducta autoritaria, poco franca y tremendamente vengativa de Fernando VII.

La explicación a lo anterior, aparte de la difícil personalidad del Rey, es la de que este, a su vuelta a España en 1814, lo primero que hizo fue abolir la Constitución de 1812 que los españoles, en lucha por su libertad, se habían dado a sí mismos. En este texto constitucional se recogían las ideas que habían propiciado el nacimiento de la Nación norteamericana y también del advenimiento de la Revolución Francesa. La actuación de este rey a su llegada a España y comienzo de reinado, no pudo ser más desacertada, en un momento en que, salida la Nación de una guerra, los esfuerzos de gobierno deberían de haberse centrado en sosegar ánimos, reconstruir lo destruido y encauzar la economía, la industria, el comercio y la agricultura, muy perjudicado en el transcurso de la guerra.

Lejos de ello, en la primera etapa de su reinado, Fernando VII se dedicó a dejar bien claro quién era el que mandaba, persiguiendo sañudamente a todos los que entendía que se oponían a su poder absoluto, y , en el curso de estas persecuciones, se actuó contra personas que, incluso, eran héroes nacionales por su actuación en la Guerra de la Independencia en defensa de su Patria y de su Rey, como el propio Juan Martín “El Empecinado”, el Cura Merino y otros muchos que se habían distinguido en la lucha, pero no compartían la vuelta al absolutismo. También se persiguió a los llamados “afrancesados” que habían colaborado con los franceses, pese a lo firmado por el Rey ante Napoleón.

Tampoco se respetó ni la libertad de prensa, ni de imprenta. Se restableció en todo el régimen absoluto del reinado de Carlos IV y, en esta etapa, que hubiese debido ser de reconstrucción y trabajo para volver a flote la economía desgastada por largos años de lucha, se derrocharon esfuerzos en la persecución y represión de quienes no parecían estar de acuerdo con la nueva situación.

Pero el motivo real de esta divergencia entre el nuevo rey y su pueblo estribaba en algo más profundo que la aviesa y mezquina personalidad de Fernando: Al aprobarse la Constitución de Cádiz en 1812 en plena Guerra, se había producido un gran cambio en España : Lo que tiene lugar en este periodo y culmina en 1812, es una verdadera “Revolución” contra el poder real, ausente entonces por el destierro del Rey Fernando, sus padres y su familia en Valencey ( Francia), al socaire de haberse tenido que enfrentar los españoles sin aquellos a la invasión francesa.

Retrato del célebre guerrillero y militar español Juan Martín Díez (1775-1825), apodado el Empecinado.
Retrato del célebre guerrillero y militar español Juan Martín Díez (1775-1825), apodado el Empecinado.

Esta revolución es un hecho con el que se encontrará el Rey a su regreso a España en 1814, y dará lugar a un cambio radical en la percepción que los españoles- al menos una parte de ellos- tenían con anterioridad de sus reyes y de la forma de gobernar de estos, que ya no podrá ser la misma, si bien, como vamos a ver más tarde, Fernando VII no asumió de buen grado estos cambios, surgidos en su ausencia y, nada más poner el pie en tierra a su regreso a España por el puerto de Valencia,(16 de Abril de 1814), además de negarse a firmar la Constitución de 1812, que se le presentó, acordó de inmediato su derogación, con la vuelta a la situación jurídica de los reinados anteriores, es decir, al absolutismo real.

Esta cerrazón de Fernando VII, también trajo como consecuencia la emancipación de la Corona de España de los territorios americanos, en los que también crece el desapego por el poder real y que, tras largos años de lucha, dan origen a las Repúblicas americanas de habla española, que se extienden desde Méjico hasta el Cono Sur de Amèrica. Del poder español entonces quedaron apenas unos flecos, Cuba, Puerto Rico Y Filipinas, aparte de algunas Plazas del Norte de África y España pasó de Gran Potencia a un segundo orden en el concierto mundial.

Así, mientras sus reinos habían entrado en la modernidad , en lo que se refiere a la organización y sustentación del Poder y de la forma de gobernar, el nuevo rey va a tener que hacer frente a esta nueva concepción del Estado y de su organización, lo que hará “ chirriar” las relaciones entre Fernando y su pueblo y que por la forma de ser de uno y de otros, engendrará el germen de las futuras desavenencias entre los españoles y serán ,a la larga, el origen de enfrentamientos y guerras fratricidas, desde las Guerras Carlistas a la propia Guerra Civil española de 1936 a 1939, en que salta definitivamente la convivencia nacional en pedazos, dando lugar al episodio más triste de nuestra Historia.

Por todo lo anterior, el reinado de Fernando VII es comúnmente considerado como unos de los más difíciles y decepcionantes de cuantos han tenido lugar a lo largo de siglos. Así, el que se marchó a Francia a poner la Corona de sus antepasados en manos de un advenedizo- por muy buen gobernante que pudiese ser, como lo era para los españoles Napoleón Bonaparte-, dilapidó a su vuelta con sus hechos gran parte del crédito que sus bienintencionados súbditos le habían otorgado y, a finales de su reinado, en 1833, eran más los que le eran indiferentes o contrarios que los que le seguían viendo como “el Deseado” de sus inicios.

Cuadro “Calderote” (Primera Guerra Carlista) by Ferrer Dalmau. Una representación idealizada de la victoria carlista en la Batalla de Villar de los Navarros (1837).
Cuadro “Calderote” (Primera Guerra Carlista) by Ferrer Dalmau. Una representación idealizada de la victoria carlista en la Batalla de Villar de los Navarros (1837).

Pero con las medidas que adoptó para su sucesión, Fernando VII ahondó más en las ya patentes divisiones surgidas entre los españoles: Así dispuso que su heredera al Trono fuese su hija Isabel, quien a la muerte del Rey era menor de edad, y para ello derogó una disposición que contenía la tradicionalmente llamada Ley Sálica- Ley de Sucesión al Trono que Felipe V, primer Rey borbón en España había introducido y que, basada en la Ley Sálica francesa, excluía la sucesión femenina del trono.

Esta llamada Ley Sálica se acordó en época de Felipe V en el llamado Auto Acordado de 1713 que derogó el sistema tradicional de sucesión a la Corona Española, mantenida por la anterior dinastía, los Austrias, y que procede de la época de Alfonso X el Sabio, figurando en la Ley de Partidas de 1263, por la que las mujeres podían reinar, siempre que fueran herederas por línea directa.
Pero como hemos dicho, con la llegada de los borbones, esta ley se había derogado adoptando la Ley Sálica.

Fernando VII tenía un hermano varón, Carlos, quien a la luz de la citada Ley se consideraba con más derecho que su sobrina a ocupar el Trono y contaba con numerosos partidarios en muchas ciudades y regiones de España. Al ser Isabel, menor de edad, como se ha dicho, ejerció la Regencia en primera instancia su madre María Cristina de Borbón. Pero pronto se levantaron en armas contra la Regencia los partidarios de D. Carlos quien, tomando el ordinal de Quinto, se alzó ante aquellos como legítimo Rey de España.

Así se inició la primera de las llamadas “Guerras Carlistas” que fueron tres y que se extienden hasta casi el final del Siglo XIX.: Primera guerra carlista (1833-1840) Segunda guerra carlista o insurrección montemolinista (1846-1849) Alzamiento carlista de 1855 Desembarco carlista de San Carlos de la Rápita (1860) Alzamiento carlista de 1869 Alzamiento carlista de 1870 Tercera guerra carlista (1872-1876).

Retrato de Alfonso XII con siete años junto a su madre Isabel II y su padre Francisco de Asís de Borbón.
Retrato de Alfonso XII con siete años junto a su madre Isabel II y su padre Francisco de Asís de Borbón.

Estas verdaderas guerras civiles hicieron crecer las divergencias entre los españoles partidarios de la sucesión de Fernando VII en la persona de su hija Isabel, y entre los que no acataban esta solución y apoyaban a los partidarios de Carlos V. A la terminación de estas guerras, ya en el reinado de Alfonso XII, hijo de Isabel, los españoles estaban aun más divididos que al principio de las mismas. Isabel II había abandonado España, tras de su reinado iniciado en 1833, en el año 1868 año este en que triunfó una revuelta, propiciada desde las altas instancias política y militares que finalmente culminó con el Pronunciamiento del 28 de septiembre de 1868. Esta revolución conducida por los generales Prim, Serrano y por el almirante Topete, denominada “La Gloriosa”, contó de inmediato con el apoyo popular.

El reinado de Alfonso XII, que tiene lugar en España tras de la I República y varios infructuosos intentos de cambiar la Dinastía reinante, da comienzo a un período de cierta estabilidad política y social en España, pues con este reinado tiene lugar el final de la III Guerra Carlista, y los anhelos de paz que entonces se extienden por el suelo español, parecen augurar una nueva era y situación. Pero estas expectativas se verán frustradas por la muerte temprana del rey llamado “ El pacificador” en 1885, quedando una España en paz en lo militar, pero cuyas diferencias sociales se van acentuando al paso de los años y con una tremenda situación cultural, en medio de la cual una gran parte del tejido social es analfabeta y con unas condiciones de vida desfavorables, mientras se agranda la distancia con respecto a unas clases dirigentes y políticamente dominantes, situación que va creando un caldo de cultivo muy propicio para alteraciones sociales que, en el reinado posterior, se verán acrecentadas.

A su muerte, queda su segunda esposa María Cristina de Austria, embarazada del que sería Alfonso XIII, y con dos hijas nacidas con anterioridad. La segunda esposa de Alfonso XII ejercerá la regencia hasta 1902, fecha en que se inicia el reinado de su hijo, que se extenderás hasta bien entrado el Siglo XX, cuando la II República le desaloje del trono. Con este reinado se inicia uno de los períodos más convulsos de nuestra Historia, que desembocará en la Contienda Civil de 1936 a 1939, pero eso será objeto de una nueva reflexión.

La reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena y Alfonso XIII.
La reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena y Alfonso XIII.


*Miembro de la Real Asociación Española de Cronistas Oficiales (RAECO) y de la Institución de Estudios Complutenses (CECEL-C.S.I.C.).

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