Sala de vistas de la Audiencia Provincial. / KAMARERO

El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León ha ratificado la condena de la Audiencia Provincial de Segovia por la cual se dicta un pena de cinco años de prisión a Marino S. S., un hombre de Cuéllar de 84 años que pidió a un amigo asesinar a un vecino de Cantalejo que presuntamente le debía dinero en 2016, proposición que no llegó a consumarse. El fallo desestima el recurso de apelación presentado por el condenado y confirma íntegramente la sentencia, debiendo este pagar las costas.

La Sala de Audiencia Provincial de Segovia consideró que el procesado cometió un delito de proposición de asesinato mediante precio respecto al hombre que le debía dinero y fijó la pena en cinco años, dos menos de lo que había pedido el fiscal. La sentencia consideró probada que que en abril de 2016 Marino S.S. entabló una relación de amistad con el regente de un bar de la localidad segoviana de Cuéllar.

En julio, el empresario comentó al procesado que estaba pasando por dificultades económicas y este le respondió que él también tenía problemas, pero con un conocido que le había engañado al hacer negocios y que se había quedado con su dinero, dos millones de euros. Le manifestó su voluntad de matarlo, preguntó a su amigo cuánto le costaría que lo hiciera y este, “pensando que se trataba de una broma“, dijo que 50.000 euros, según la sentencia.

El 20 de julio, el condenado le entregó 5.900 euros a su amigo y, una semana después, le llevó a la localidad de Cantalejo para mostrarle la casa donde vivía la víctima y sus dos hijos y le reiteró la petición: “Le quiero muerto, cueste lo que cueste”. También le mostró en el teléfono móvil fotos de la mujer y los hijos de la víctima, le dio más dinero, en este caso 9.500 euros, y un papel con los datos personales de su objetivo.

Durante la primera semana de agosto, Marino S.S. dio a su amigo otros 19.500 euros, le insistió en que “lo quería muerto ya” y le especificó que debía hacerlo intentando recuperar la mayor parte del dinero, torturando a su mujer y sus hijos y, por último, matando a su supuesto deudor. El hombre al que se encargó la tarea “siguió la corriente” al condenado para conseguir la máxima cantidad de dinero posible pero, a mediados de agosto, se marchó de Segovia y se fue a vivir a Murcia, donde dos meses después denunció todo lo ocurrido.

El testimonio de este hombre fue la principal prueba de cargo contra Marino S.S., ya que según la Sala manifestó “de modo claro y persistente” que recibió la orden del acusado de matar a otra persona y su relato durante el juicio fue “sustancialmente coincidente” con el que sostuvo durante su denuncia.