David Hernández Sevillano, ayer en la Casa de la Lectura. / KAMARERO
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La búsqueda de la belleza en el alpinismo se resume en una simple pregunta: “¿Para qué te subes ahí arriba?” La formula el poeta segoviano David Hernández Sevillano, que presentó ayer en La Casa de la Lectura su ‘El reloj de Mallory’, un poemario inspirado en la desaparición del alpinista inglés en 1924 en el Everest. “¿Qué buscas que no tengas en tu día a día para jugarte la vida? ¿Qué parte de ti esperas encontrar en la cumbre?”

El cadáver de George Mallory fue hallado en 1999 y su reloj estaba sin manecillas. “Como si él ya formase parte eterna de esa montaña. Se quedó sin tiempo, como si su vida se hubiera detenido”. La hipótesis es que las manecillas se rompieron en la caída y desaparecieron. Los indicios no aportaron demasiada luz sobre su desenlace: iba con otro escalador, pero ese cuerpo aún no ha sido hallado. La última vez que se les vio con vida fue por encima de los 8.600 metros de altura, a unos 250 de la cima de la montaña más alta del planeta (8.848). El cadáver fue hallado en la cara noreste, a unos 8.100 metros, por lo que llegaron a descender. Queda la duda de si hollaron la cumbre antes que Edmund Hillary, que lo logró en 1953.

Me fascinó desde el primer momento su vida, si llegó a hacer cumbre. Y a partir de ahí empecé a escribir los poemas”, explica el segoviano. Profesor de literatura, Mallory era un hombre muy polifacético. David se identificó con él no solo por su condición de poeta, sino porque tiene tres hijos, los que el inglés dejó cuando desapareció. “Me cautivó la forma que tenían de afrontar la escalada. Tenía más que ver con un reto personal, ir paso a paso y disfrutar del proceso, más que con la cumbre en sí. Era más belleza que deporte”.

El segoviano, de 43 años, ya había escrito sobre las alturas de una forma muy distinta, analizando cómo los humanos exploran sus límites. ‘El reloj de Mallory’ está dividido en dos partes; la primera reflexiona la biografía del escalador y el significado de ser poeta; la segunda relata cómo las zonas desconocidas del mundo antiguo estaban representados por monstruos en los mapas. “Hablo de todos esos monstruos que nos encontramos en nuestra vida, las cosas a las que nos enfrentamos y que muchas veces no queremos mirar a la cara”.

Escrito en verso libre, son poemas cortos. Uno de los versos más paradigmáticos dice: Somos luz, y la luz a la luz tiende. “Tendemos hacia la belleza, de formas muy diferentes”. Y continúa: Aunque nos cueste el tiempo de una vida entenderlo / Comprender el camino y regresar a casa. Así ilustra la disyuntiva del alpinismo: recuperar la humildad ante la montaña para valorar las cosas más mundanas. “Yo lo he escrito como alguien que no tiene ni idea de alpinismo. Para mí la poesía es más buscar las preguntas que encontrar las respuestas”.