Los excrementos de porcino, conocidos como purines, están recuperando un valor que habían perdido por el olor que desprenden y por la contaminación que conllevan si no se gestionan adecuadamente. Por ello, en la reunión de la nueva asociación de productores se puso de manifiesto ayer la necesidad de solucionar los inconvenientes que conllevan estos residuos, a la vez que representan una oportunidad ante la demanda de fertilizantes para el campo.

Hoy nos falta abono en la mayoría del agro español. Y los precios están “tremendamente caros o no llegan”, dijo Raquel Conde. “En la campaña agraria actual en la que nos encontramos, no tenemos bastante purín para fertirrigar todas las tierras como abono”, lamentó.

En este sentido, el purín se antoja como un producto alternativo, a pesar de los problemas que ocasiona su fuerte olor cuando se transporta o se aplica a las fincas. Para eliminar ese problema desde la asociación se quiere avanzar en los estudios y se ensaya en algunas plantas “para eliminar los olores. Porque es el principal problema que nos achaca la sociedad”, reconoció la representante de los porcicultores. El precio del fertilizante ha pasado de costar 190 euros por tonelada el pasado año a 900 euros, según algunos sindicatos agrarios.

Por este motivo está trabajando también el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación (MAPA). Hace unos días anunció que se están buscando alternativas que hagan a nuestro país menos dependiente del gas para la producción de fertilizantes. El gas resulta esencial para mantener un nivel de producción agrícola capaz de asegurar un abastecimiento alimentario suficiente. Por ello apuesta por la economía circular, como el uso de subproductos de origen animal y residuos, para la fabricación de fertilizantes ante el encarecimiento del gas natural, que ha provocado que muchas fábricas de producción de amoniaco se planteen detener su producción.

Un nuevo reglamento de productos fertilizantes que entró en vigor el pasado mes de julio, ayuda a poder utilizar el digestato y reactores que utilicen como materia prima mayoritaria deyecciones animales o residuos sólidos urbanos. España ha sido de los primeros países en poner en el mercado productos fertilizantes orgánicos y órgano-minerales, y pionera en la elaboración de bioestimulantes y en aplicar técnicas de agricultura de precisión y fertirrigación.

Las consecuencias de la invasión rusa de Ucrania no solo han condicionado el suministro de cereales en el mercado internacional, sino que también ha supuesto una reducción en la oferta de fertilizantes y una consecuente escalada de sus precios. La producción de agronutrientes en Europa se ha reducido en más de un 70% y los altos precios del gas están detrás de estos datos, puesto que el combustible fósil supone un 90% de los costes. El problema se agrava por la reducción de las importaciones provenientes de Rusia, que tradicionalmente ha sido el principal exportador de fertilizantes, y otros socios como Bielorrusia, que solía enviar cerca del 40% del potasio utilizado en todo el mundo.

Además, desde la Consejería de Agricultura de la Junta, su titular, Gerardo Dueñas, ha dicho esta semana que dentro de la convocatoria de líneas agroambientales aprobará un programa para que los agricultores utilicen de forma prioritaria el purín como fertilizante, ante el encarecimiento y escasez de estos productos.