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En  la carta que San Pablo dirige a los cristianos de Filipos, el apóstol  pedía a esta comunidad : “ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor”, aludiendo a la particular situación de los cristianos, perseguidos en la época y con dificultades para vivir su fe.  Casi dos milenios después, la historia parece volver a repetirse, aunque ahora las dificultades no vienen por la persecución del imperio Romano, sino por un minúsculo virus que ha paralizado toda la sociedad y ha vuelto a recluir a los católicos en la soledad de sus domicilios para la celebración de sus cultos.

El inicio de la desescalada ha hecho posible la apertura de los templos al culto, y las parroquias segovianas se sumaban con un temor y un temblor similares a los que predicaba San Pablo a retomar su actividad de forma modesta y, sobre todo, plagada de las medidas de seguridad marcadas por las autoridades sanitarias y exigidas por la diócesis para poder reabrir a los fieles las iglesias.

De este modo, los templos ofrecían un aspecto inusual, en el que la delimitación de los espacios para poder sentarse, así como los itinerarios de entrada y salida del templo  dejaban una imagen “enrarecida”, según definía ante sus feligreses ayer el párroco de la iglesia de Santa Eulalia Lucas Aragón antes de iniciar la primera eucaristía tras dos meses de confinamiento.

Apenas una decena de personas –número infinitamente menor al de un tercio del aforo que marca la normativa- participaron en la Eucaristía vespertina, anunciada con un tímdo toque de campanas a las 19,30 horas. A la puerta del templo, los feligreses deben pasar por un felpudo impregnado de gel hidroalcohólico para limpiar sus pies y entrar al templo por el lugar marcado. A la puerta, dos frascos de gel eran empleados por los feligreses para limpiar sus manos antes del inicio de la misa, para después sentarse en los lugares habilitados y marcando la distancia social de dos metros.

El párroco dedicó su homilía a agradecer esta primera celebración y recordar a los feligreses fallecidos o que aún sufren los efectos del coronavirus, y recordó la importancia de seguir  a rajatabla las recomendaciones para participar en la misa con la frase de Jesús en el Evangelio: “he venido para que tengáis vida, y vida abundante” y asegurar que con ellas “no solo nos cuidamos nosotros, sino cuidamos a los demás”.

Con el gesto de la paz reducido a un saludo con la cabeza a los más próximos y  el sacramento de la comunión recibido en la mano y con distancia social entre feligreses, la misa culminó con la invitación reiterada del sacerdote a respetar las normas, así como el agradecimiento a todas las personas de la parroquia que en estos días se han dedicado a desinfectar y preparar el templo para recibir a las personas.

El paso de los días irá limando los detalles de la aplicación de las normas tanto en Santa Eulalia como en el resto de las iglesias de la provincia que ayer se sumaron también a la apertura, con el denominador común de ofrecer la máxima seguridad sin menoscabo del respeto a la liturgia y a los sacramentos.