Los banquetes nupciales de los meses de verano se están aplazando al mes de octubre. / E. A.
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Los votos, las arras, los cientos de invitados, el banquete, el vestido de novia, el cielo soleado o con nubes, las alianzas, la tarta nupcial, la luna de miel. Todo tendrá que esperar para miles de parejas a causa de la pandemia del Covid-19, que ha obligado a aplazar mínimo seis meses las bodas programadas para estos días.

Los banquetes nupciales que se iban a celebrar entre el periodo que comenzó el estado de alarma y los meses de verano se están aplazando al mes de octubre en adelante, según explica a Efe la vicepresidenta de la Confederación de Hostelería y Turismo de Castilla y León, María José Hernández.

Entre las miles de parejas que se verán afectadas en Castilla y León — hubo 2.237 matrimonios entre marzo y junio del 2019 según el INE— destaca el caso de Verónica Quintana y Carlos Muñoz. Su enlace se ofició en el Ayuntamiento de Segovia el mismo día que se declaró el estado de alarma y tan solo 24 horas antes decidieron anular el banquete.

“Nos ofrecieron la posibilidad de cambiar la fecha pero decidimos seguir adelante por lo que pudiese pasarnos. Fue rápido, no hubo nada especial”, recuerda Verónica del día de su boda, a la que solo asistieron los padres de los novios con la obligada distancia de seguridad y sin contacto físico.

Los primeros momentos todo era “frustración”, pero con la llegada incesante de noticias sobre el Covid-19 se convirtió en “tranquilidad” por el temor que hubiera supuesto convertir su boda en un foco de contagio, con 70 invitados entre los que había personas en población de riesgo.

Su intención es celebrar el banquete, aún sin fecha establecida, incluso volver al Ayuntamiento a repetir la ceremonia nupcial junto al resto de sus familiares.
“Hemos esperado a casarnos 16 años y justo hay una pandemia mundial y el mismo día que nos casamos entra en vigor el segundo estado de alarma de la democracia en España. Nuestro viaje era para más inri, a Nueva York”, bromean entre ellos, “sin olvidar la gravedad de la situación”.

En una situación similar se encuentran Ainoa Gómez y Jorge Marugán, quienes se iban a casar el 9 de mayo y se han visto obligados a aplazar tanto su alianza ante la iglesia como la fiesta con sus familiares y amigos al 10 de octubre. “Nos preocupa que en septiembre haya una recaída del virus o que aún no esté la situación para que se permita hacer eventos de un número elevado de personas”, relatan, pues su el día de su unión cuentan con más de 200 invitados. Aunque entienden la importancia de la situación actual, no esconden la “rabia” que da preparar el día más importante de su vida y que después se tenga que aplazar.

Ansían la llegada del 10 de octubre, ellos y los invitados, que estos días no han dejado de mandarles mensajes de ánimo: “nos dicen que no nos preocupemos por suspender la boda ahora y que cuando la celebremos será aún mejor”.