Alcazar-Simulacro-Incendio
Los propios bomberos evacuan al herido grave durante el simulacro. / KAMARERO
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El 6 de marzo de 1862 un gran incendio destruyó las cubiertas del Alcázar de Segovia y el Patronato que gestiona este monumento realiza en las últimas décadas y en esa misma fecha un simulacro para poner en práctica el protocolo contra incendios y como homenaje al esfuerzo de los segovianos para restaurarlo.

“Alcaide. Alcaide. Alcaide”. Eran las once de la mañana cuando la alarma sonaba en el interior y exterior de esta la fortaleza y se activaba un aviso sonoro, que alertaba al personal del Patronato de la existencia de un incendio. Con esa clave comenzaba el simulacro a las once de la mañana y se activaba el protocolo contra incendios que sirvió para comprobar la buena coordinación de todos los medios y recursos propios y ajenos.

Como novedad, por primera vez en el aniversario del siniestro del siglo XIX, participaron los servicios de emergencias del 112 de Castilla y León, además, como es habitual, de bomberos y Policía Local, junto a los recursos propios del Patronato, que no son pocos.

Así, cuenta con 141 detectores de incendio iónicos, 11 detectores barreras, 5 de aspiración, 26 de intrusión, 58 cámaras de vigilancia, 68 extintores, 20 hidrantes, cuatro centralitas de incendio, 7 sirenas, 8 pulsadores manuales de alarma, tres sillas de evacuación, un carro de emergencias equipado, dos mantas ignífugas, vestuario para el personal que forma parte del equipo de intervención, dos bombas y un aljibe con capacidad para 106 metros cúbicos de agua, entre otros medios.

Por parte de los bomberos y otros servicios de emergencias participaron en torno a una decena de personas y en el momento del inicio del simulacro había alrededor de 200 personas en el interior del Alcázar, entre ellos tres grupos de visitantes de aproximadamente 40 personas cada uno, destacando los alumnos de varios centros educativos de la ciudad, como los institutos Mariano Quintanilla y Andrés Laguna, que participaron como ‘figurantes’ encantados con la experiencia.

En esta ocasión el planteamiento partía de la inexperiencia de un ‘novato’ del personal del servicio museístico —en la simulación se optó por un maniquí para evitar daños personales— que, durante los trabajos de limpieza y mantenimiento para adecuar el Coro de la Capilla y, mientras los operarios de mantenimiento habían salido a por materiales, en un descuido provoca un incendio que se desarrolla con rapidez y no actúa, debido a su falta de práctica, de acuerdo a los protocolos establecidos (P. A. S. – Proteger – Avisar – Socorrer), sino que intenta actuar solo y acaba desvanecido y sin conocimiento por la inhalación de humo.

Intervención

Por lo tanto, la intervención, dirigida por el jefe de Emergencias del Patronato, consistió por este orden en verificación, comunicación, evacuación, extinción del incendio, atención a los heridos y evacuación de los mismos y protección del patrimonio ‘in situ’, retirando también obras de arte, en esta ocasión tres cuadros.

El protocolo se desarrolló desde el primer momento según el guión establecido, incluso por delante del tiempo programado, por ejemplo, para la llegada de bomberos. Precisamente, el jefe del Servicio municipal de Extinción de Incendios, José Luis del Pozo, recalcó después que en el primer momento “es determinante la detección y la evacuación y hemos comprobado que los sistemas de detección funcionan, han saltado cuando hemos generado humo con máquinas nuestras, y el Patronato ha puesto en marcha el plan de evacuación, fundamental porque está diseñado para salvar vidas”.

Tanto el personal del Patronato, como el del Archivo General Militar, que tiene su sede en el Alcázar, así como varios obreros que ejecutan unos trabajos en la parte trasera de la fortaleza, y los visitantes, salieron en pocos minutos por dos zonas, la salida de la Coracha y por el Patio de Armas hacia la entrada principal.

El presidente del Patronato, el general José Miguel de los Santos, comentó que “para nosotros es muy importante comprobar el funcionamiento de las instalaciones y en ese sentido es esencial la colaboración del Ayuntamiento —bomberos y Policía Local—, y del 112, que participan con gusto y hacen que el simulacro tenga ese toque de realidad que sin ellos sin duda no tendría”.

Por su parte, el alcaide del Alcázar y coronel director de la Academia de Artillería, José María Martínez Ferrer, indicó que parte del valor del simulacro es el trabajo previo que en las semanas anteriores ha realizado el personal del Patronato, junto con el resto de recursos externos empleados y destacaba la incorporación del servicio de Emergencias Sanitarias de Castilla y León 112 por primera vez en este aniversario del incendio de 1862.

“Es el momento de revisar todos los procedimientos, de comprobar que los detectores de humo funcionan, o la presión de los kilómetros y kilómetros de tuberías que tiene el Alcázar; en definitiva, estamos razonablemente satisfechos porque hemos resuelto pequeños fallos o errores detectados en otras ocasiones y tenemos un procedimiento acorde, y contentos porque estamos en condiciones de reaccionar lo antes posible ante un incendio”, afirmó Martínez Ferrer.

Del Pozo añadía que los simulacros están para “afinar” los protocolos, palabra que antes había utilizado la alcaldesa, Clara Luquero, presente durante todo el operativo junto al concejal de Protección Civil, Ramón Muñoz-Torrero, y la concejala de Servicios, Paloma Maroto. Al final se incorporó también el presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, que como la regidora es vocal del Patronato.

Desde el Emergencias 112, Carmen del Pozo, coordinadora médica, señaló la importancia para este servicio de colaborar en el simulacro, ya que en caso de un incendio real tendrían que intervenir ellos En anteriores ocasiones se había recurrido a servicios sanitarios del Ejército.

“Se estrechan lazos entre instituciones fundamentalmente para conocer los recursos con los que contamos y los medios de actuación”, concluyó.