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La diócesis de Segovia recibió ayer con alegría a Álvaro Marín Molinera como nuevo diácono tras recibir de manos del obispo César Franco la ordenación para este ministerio, la primera que la iglesia diocesana registra en diez años.

El altar mayor de la Catedral fue el escenario para la solemne ceremonia de ordenación, en el marco de una eucaristía presidida por el prelado segoviano  y en la que participaron una amplia representación del clero provincial, así como un buen número de familiares y amigos que llenaron  el templo ; siempre con arreglo a las medidas de seguridad sanitaria que controlan el aforo en los actos religiosos e iglesias.

Conforme a lo establecido en el ritual de ordenación, tras la proclamación del  Evangelio, se llevó a cabo el acto de reconocimiento de Marín como aspirante al diaconado, en el que el rector del Seminario diocesano Juan Cruz Arnanz declaró ante el obispo su idoneidad; y posteriormente refrendó las promesas para la realización de sus funciones.

En un ambiente de oración y emoción, Marín se postro en el suelo frente al obispo para escuchar las letanías a los santos para pedir su intercesión en la futura acción pastoral del diácono.

Tras la homilía, se formalizó el rito de ordenación diaconal con la imposición de manos por parte del obispo y en el que el ya diácono recibió su estola y fue revestido con la dalmática, para después recibir el libro de los evangelios de manos del obispo y el abrazo de paz con el que queda sellada su incorporación al orden diaconal.

El obispo dedicó su homilía a glosar la figura del diácono, y de forma especial  a la del joven aspirante al sacerdocio, al que pidió que en su tarea como diácono y futuro sacerdote “se deje impregnar del espíritu de servicio” al que se ha consagrado, y también que ejerza su ministerio “desde la humildad”.