Problemas políticos con nombre de persona

Desde hace 13 años, la segoviana Isabel Zamarrón es médica cooperante en países en vías de desarrollo, una labor que compagina con su trabajo en las urgencias del Hospital 12 de Octubre y que favorece “un desarrollo personal, que va de la mano del desarrollo colectivo”

Isabel Zamarrón ha participado en diversas operaciones de vigilancia y asistencia a migrantes en el mar con barcos de Open Arms. / SANTIAGO PALACIOS
Isabel Zamarrón ha participado en diversas operaciones de vigilancia y asistencia a migrantes en el mar con barcos de Open Arms. / SANTIAGO PALACIOS

Desde que en Bachillerato decidió que estudiaría Medicina, tuvo claro que su vida debía estar vinculada a la cooperación. La primera vez que Isabel Zamarrón (Segovia, 1988) salió al extranjero fue hace 13 años; estaba en segundo de carrera y participó en un proyecto de protección de la salud con Cruz Roja en Senegal. “Es una forma de desarrollarte personalmente, lo que va de la mano de un desarrollo colectivo”, explica.

A sus 33 años, se considera una médica de vocación a la que le “gusta” conocer otras realidades en la que cree que puede aportar algo. Mientras completaba sus estudios universitarios viajó a Senegal, a Marruecos y al Sáhara Occidental, donde formaba parte de proyectos de promoción de la salud y protección de la infancia. “No son países necesitados, son países con otras necesidades diferentes a las nuestras”, aclara.

Su última misión la llevó a cabo en Etiopía, donde realizaba trabajos puramente asistenciales y atendía, sobre todo, a población infantil en desnutrición. En noviembre de 2020 estalló una guerra civil en el norte del país. Son este tipo de problemas políticos y de seguridad los que, en ocasiones, les han obligado a adelantar el final de su labor y, con ello, les impiden desarrollar el trabajo “de manera óptima”.

En estos países ha tenido que enfrentarse a experiencias muy distintas a las que vive en España, al haber tenido “momentos de preocupación y de inseguridad física”. Sin embargo, lo que más le afecta emocionalmente es “la frustración” de no poder hacer todo lo que “desearía”.

Zamarrón ha salido “en unas cuantas misiones” con barcos de Open Arms, entre ellos, con el Astral, con los que ha participado en operaciones de vigilancia y asistencia a migrantes en el mar y ha vivido “unas experiencias muy duras”. A bordo de veleros de la ONG ha tenido que enfrentarse a diferentes tipos de rescate en el Mediterráneo y a “una realidad muy cruda”, que se refleja en el fallecimiento de gente a la que rescatan y no logra sobrevivir, lo que reconoce que le “marca”.

A ello se une lo que para la segoviana es lo más difícil: el hambre. “Ves cómo hay población infantil que por un mal reparto de recursos, muere por problemas asociados al hambre”, lamenta.

Así, se ha encontrado “de cara con problemas políticos que tienen nombre de persona”. La médica hace hincapié en que, “quienes se ven como números en televisión, son como tú”, su única diferencia es el país de procedencia.

Una cuestión política

La “crisis migratoria” está en boca de toda la clase política. Sin embargo, la sanitaria se muestra en contra del uso de este término, puesto que “todas las personas tienen derecho a moverse de un país a otro y, muchas veces, tienen la necesidad de hacerlo”, reflexiona. Así, considera que la migración no debe de suponer una crisis, sino “una adaptación”, tanto a nivel europeo como mundial. De esta forma, asegura que “los países no se están adaptando y eso es lo que hace que pueda suponer una crisis”.

Zamarrón es médica de urgencias en el Hospital Universitario 12 de Octubre de Madrid. No cree que su trabajo haga más falta en uno u otro país. Para ella, la máxima de la medicina, al margen del lugar en el que se ejerza, no es política, sino defender “una serie de ideas fundamentales como son los derechos humanos”. La Declaración Universal de los Derechos Humanos se aprobó el 10 de diciembre de 1948 en París, con la abstención de ocho países. “Por tanto, no son universales”, critica.

Su extensión a nivel académico, contrasta con su aplicación a nivel práctico, por lo que Zamarrón considera que esto “no deja de ser un problema político y un problema de reparto de recursos”.

Aunque reconoce no ser “una experta” en política internacional, tiene claro que los países deberían garantizar el cumplimiento de los derechos humanos. “Es un contrato de mínimos que estamos obligados a cumplir”, afirma. Al hilo de esto, alude al acuerdo que se produjo el 18 de marzo de 2016, cuando la Unión Europea declaró a Turquía un país seguro, lo que facilitó devoluciones en caliente. Esto lo considera un ejemplo de lo que los Estados no deben de hacer: intentar bloquear a las personas que tienen necesidades.

Hace más de una década que Zamarrón recorre el tercer mundo. Su intención es regresar a Etiopía en los próximos meses. Siente que cada paciente que trata le aporta algo, y esto hace que no cambie su forma de ver su profesión: estos están por encima de todo, sean del lugar que sean.