Porque tiene sus razones

Como la ‘compuesta y sin novio’ de la divertida copla de Miguel de Molina, la cantante Martirio (Maribel Quiñones) tiene sus razones para ser considerada una gran artista. Tiene voz, tiene gracia cuando se mueve y cuando habla, y sobre todo cuando interpreta con una excelente vis cómica personajes como la soltera ‘pa toa’ la vida de la citada tonada. Tiene oficio y muy buen gusto para elegir temazos clásicos siempre vigentes porque hablan de sentimientos.

Si en lugar de nacer en Huelva hubiese venido al mundo en Chicago y cantara en inglés sería una estrella internacional. Pero, mira por donde, salió de Jarcha —el mítico grupo andaluz de la transición— y le dio por la copla en una época en la que, como ella misma contaba el viernes, topó con mucha incomprensión en ciertos sectores culturales “porque se identificaba con la banda sonora del franquismo”.

Martirio no es una tonadillera al uso, nunca lo ha sido y, aunque sigue fiel a sus gafas oscuras y a las peinetas, éstas ya no son los objetos imposibles de los años ochenta y se parecen más a tocados discretos y elegantes. Siempre ha huido de lo rancio y ha apostado por elevar la copla a la categoría del mejor jazz, buscando complicidad con otros géneros como el tango, el flamenco, los ritmos latinoamericanos… Valiente y respetuosa, durante 25 años ha renovado el género de la copla.

El viernes estuvo entregada y simpática con el público. Aseguró que viene mucho a Segovia, donde tiene buenos amigos y no escatimó elogios para la ciudad. Por su parte, desde que saliera al escenario para abrir el espectáculo de ‘25 años en directo’ con una canción de la época de Jarcha, un poema de Federico García Lorca con música de Kiko Veneno, el teatro, casi al completo, también correspondió a la onubense con aplausos y olés.

Bien acompañada en lo musical por el guitarrista sevillano Raúl Rodríguez y el pianista gaditano Jesús Lavilla, Martirio ha incluido en este espectáculo en directo una selección de joyas musicales, tanto clásicos de toda la vida pasados por el tamiz de su estilo: ‘La bien pagá’, ‘Ojos verdes’, ‘Torre de arena’ … como temas originales de sus discos en solitario: ‘Madurito interesante’, ‘Mi marío’, ‘Las mil calorías’, ‘Estoy mala’… que, en definitiva, ya son clásicos también. Además se atreve con dos tangos, por bulerías, ‘Volver’ y ‘En esta tarde gris’, y brinda un par de homenajes, a Chavela Vargas y a Carlos Cano.

Habla Martirio de melodías “que rozan el filo de los sentidos” y son varias las ocasiones en las que consigue erizar el vello de los espectadores como, por ejemplo, en la interpretación de ‘Ojos verdes’ con la que no desmerecería entre los grandes del jazz, y que ella acaba con un hermoso quiebro al flamenco más genuino. Como anécdota, en un momento de la interpretación se quitó las gafas para mostrar unos bonitos ojos verdes.

Quien se sorprenda de este entusiasmo sepa que soy muy coplero porque me crié con abuelas, y siempre he pensado que las historias de los Quintero y compañía son de lo más heavy que puede uno encontrar en una canción: “Torre de arena donde mi vida quise encerrar. Noche sin luna, río sin agua, flor sin olor… Todo es mentira, todo es quimera, todo es delirio de mi dolor”. Casi na.