Darío Núñez y Carlota González, junto al edificio de Manuel Pagola en Santa Eulalia. / NEREA LLORENTE

Darío Núñez, sevillano, y Carlota González, tinerfeña, han iniciado una lucha por la arquitectura segoviana. Defienden el legado del arquitecto municipal Silvestre Manuel Pagola y se muestran contrarios a la demolición levantado en 1941 en la plazuela de Santa Eulalia (calle del Puente de la Muerte y de la vida, 7), una decisión decretada por la comisión provincial de Patrimonio. Frente a la demolición -se construirá un edificio de viviendas- apuestan por la rehabilitación a través de una recogida de firmas en Change.org que ya supera ampliamente el centenar.

El edificio tiene planta baja, aprovechamiento de cubierta y tres plantas. Ambos arquitectos consideran el edificio como parte de la historia de la plaza. “No se debería tirar, se podría hacer otra cosa. Lo tiramos, subimos una planta más y ya está. Pues no. Hay que buscar una solución que pueda satisfacer a todos; tanto al propietario como al patrimonio de la ciudad”. Como argumento, señalan que solo se aprovecha el 15% de los residuos de la construcción. Durante su periodo de subasta, hubo propuestas como un restaurante y otros proyectos para devolver la vida a “una placita que está ahí degradada”.

Ellos desmienten un mantra: la arquitectura de Segovia no acaba en el siglo XVIII. El edificio es un ejemplo de cómo armonizar una construcción moderna en una plaza histórica, parte del arrabal grande; como prueba, quedan vestigios de los soportales de la época. “Este edificio cuenta una parte difícil e importante de la historia”. Definen a Pagola como un embajador de la modernidad en la ciudad. “Es un momento muy corto que no permite una gran producción”.

El estilo del edificio es el racionalismo. “No nos gusta meter los edificios dentro de botes porque no suele ser realista”. La modernidad de la época implicaba la llegada de nuevos materiales como el hormigón o el acero que permitían pensar otras construcciones. A esa tecnología se añade una nueva realidad social. “Hay que meter a un montón de gente dentro de las ciudades”. La respuesta fue un sistema más industrial que artístico y la consecuencia es que la ornamentación desaparece de la arquitectura. Es la filosofía que se impuso en las décadas siguientes; había empezado en Europa y llegó a España con retraso.

El racionalismo se impuso, pero el valor de Pagola es que en ese momento fue vanguardia. En esencia, su valor fue fundacional. “Nosotros llevamos aquí 14 años, pero lo vemos desde un punto de vista distinto respecto al que tiene el segoviano. Encontrarte esta arquitectura en una ciudad inexpugnable… ¡Qué esperanza! ¡Pudo hacerlo!”. Por eso proponen un debate sobre las rehabilitaciones o cómo intervenir en entornos históricos como Santa Eulalia. “Villa Estrella, en Santo Tomás, y el chalet frente a la plaza de toros están con la soga al cuello. Que la gente se dé cuenta de que es un tío importante. ¿Por qué voy a tirar esto? Si está bien”.

Destacan el legado de Pagola, tanto como arquitecto municipal como particular. Por eso publican un mensaje en redes sociales una vez al día con sus obras. “Emprende luchas con el agua, modificaciones de la plaza mayor… Es el arquitecto que trae la modernidad a Segovia”. Su cambio de estilo personal evoluciona con el crecimiento de la misma ciudad. Su edificio más considerado es la fundación Nicomedes García, protegido como legado de arquitectura contemporánea.

Defensa de lo autóctono

La historia de Pagola responde también a una defensa de lo autóctono. “En los libros sale la arquitectura de Madrid o Barcelona, pero nosotros queremos reivindicar la figura de los arquitectos de provincias”. Lamentan la excesiva importancia para la posteridad de las grandes capitales y del volumen de trabajo. “El otro día alguien de Soria nos contestaba que allí había una figura parecida. Son gente desconocida y sin una producción grande porque tenían otra labor”.

Ante el aluvión de propuestas sanitarias en Change.org, se muestran satisfechos con el apoyo recibido. “Con la que estamos pasando por la pandemia, que alguien firme esto tiene un valor. Te da moral para seguir haciendo los tuits diarios, que es un trabajazo”. De momento se han comprometido a terminar febrero. “Este señor es prolífico”, sonríen. Intercalan mensajes diversos con visitas al Archivo Municipal. “Ahora tenemos que entregar millones de páginas para un proyecto y ellos se lo cepillaban en cuatro planos. Y dos de memoria”. Un genio en peligro.