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Pompeyo, el jubilado burgalés que estaba a favor de Rusia y envió seis cartas bomba

El 24 de noviembre de 2022 se recibió en la Moncloa un sobre dirigido al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, remitido por correo ordinario. El Departamento de Seguridad del enclave presidencial consideró sospechoso el envío y procedió a la deflagración controlada del sobre que, al parecer, contenía una sustancia similar a la que se utiliza en los artefactos pirotécnicos.

En días posteriores se detectaron otros cinco envíos de cartas bomba: a la Embajada de Ucrania en Madrid, a la empresa fabricante de armas Instalaza con sede en Zaragoza, fabricante de los lanzacohetes que envió el Gobierno al ejército ucraniano, al Centro de Satélites de la Base Aérea de Torrejón de Ardoz, al Ministerio de Defensa y dirigida a Margarita Robles, y a la Embajada de EEUU. Seis cartas en total, de las que dos fueron explosionadas de forma controlada por miembros de los Tedax, y sólo una, la enviada a la embajada ucraniana que llevaba como destinatario al propio embajador, provocó heridas leves en el dedo de una mano a un trabajador de la delegación. En días de especulaciones variadas, se decía, además, que en el interior de este envío se había encontrado el ojo aplastado de un animal con restos de sangre.

Las otras tres cartas fueron desactivadas y con ellas empezó la investigación.

ALARMA INTERNACIONAL
El contexto internacional en que se habían producido estos actos terroristas suministraba buenos argumentos para aferrarse a una explicación que la prensa y la política hicieron suya: Rusia había invadido Ucrania el 24 de febrero de 2022 dando comienzo a una guerra en suelo europeo y a un posicionamiento en dos bloques contrapuestos, por una parte los países occidentales pertenecientes a la OTAN, entre ellos España, que apoyan a Ucrania y por otra la Federación Rusa, con Putin a la cabeza.

En seguida comenzaron las teorías sobre la procedencia de los envíos. Un experto del Observatorio Internacional de Seguridad aseguraba en TV: “Podríamos estar hablando de una organización más o menos establecida o jerárquica con alguna vinculación ideológica, pero también de un sujeto que se ha radicalizado o que comulga con las tesis pronacionalistas”.

La ministra de Defensa, Margarita Robles, afirmaba desde Odesa (Ucrania) que ninguna carta bomba “ni ninguna otra actuación violenta, va a cambiar el compromiso claro y firme de España con los países de la OTAN y la UE de apoyar a Ucrania”.

La alarma se extendió por todas las capitales de Europa. El ministro del Exterior de Ucrania, Dimitro Kuleba, cifraba en un total de 17 las embajadas de su país en Europa que habían recibido cartas con explosivos o paquetes con partes del cuerpo de algunos animales, principalmente ojos de vaca y de cerdo.

El diario The New York Times apuntaba a que los autores de los envíos serían miembros del grupo neonazi Movimiento Imperial Ruso, con lazos con la extrema derecha española.

Pues iba a ser que no: las pistas condujeron a un jubilado de Miranda de Ebro, Burgos, llamado Pompeyo González.

Material incautado en la vivienda de Pompeyo.
Material incautado en la vivienda de Pompeyo.

LA INVESTIGACIÓN
Los agentes de la Comisaría General de Información, coordinados por el juez de la Audiencia Nacional, José Luis Calama, se encargaron de la investigación.
La trazabilidad de los envíos se realizó a la inversa, desde su destino hacia atrás, empezando por los camiones de reparto de correos, lo que llevó a los investigadores hasta Burgos, y diferentes buzones de la ciudad.

En cuanto a los sobres que no explosionaron y obraban en poder de la policía, dirigidos al Ministerio de Presidencia, Embajada de EEUU, y a la base de Torrejón de Ardoz, su caligrafía revelaba en primer lugar que las direcciones habían sido escritas a mano por una misma persona. Los sellos que se habían utilizado, ‘Disello cat. General 0,75 euros’ y ‘Monte Santa Trega 2,70 euros’, eran de una edición limitada y por tanto se determinó que las dos únicas expendedurías donde se habían podido comprar eran dos estancos situados en Burgos, el de la calle San Pablo 17 y el de la calle Sombrerería 19.

En esos sobres de cartón se encontraron, además, matasellos del Centro de Tratamiento Automatizado (CTA) de Valladolid, código número 47. Y las imágenes captadas por las cámaras de seguridad de ese centro mostraban que habían sido procesados en el mismo. También las características de los sobres conducían a una web de venta online, que una vez requerida facilitó que Pompeyo González había sido quien los había adquirido desde Miranda de Ebro.

Finalmente, el ADN que se encontró en los sobres pudo cotejarse con el encontrado en restos de basura dejados por el sospechoso y el análisis dio positivo.

QUIÉN ES POMPEYO
“Un hombre formal, muy educado”, “siempre cumplía con las derramas”, decían de Pompeyo sus vecinos de la calle Clavel número 2 de Miranda. “Era introvertido, trabajador y correcto”, así lo calificaban sus compañeros de trabajo. De 74 años de edad cuando le detuvo la policía, tal vez su oficio de enterrador no le inclinara hacia las relaciones sociales. Era soltero, vivía solo, era aficionado al parapente y al aeromodelismo, y gran navegador por las redes después de jubilarse diez años antes tras trabajar primero en el cementerio de Miranda y después en el de Vitoria.

Su imagen física es la de un hombrecillo mayor, de pelo canoso, tocado con una gorra de visera.

Una agente de policía retira material de la vivienda de Pompeyo.
Una agente de policía retira material de la vivienda de Pompeyo.

EL ARSENAL DE POMPEYO
Su detención se produjo a finales de enero de 2023, en la calle, frente al portal del edificio, como medida de precaución de los policías que la llevaron a cabo no fuera a ser que hubiera material explosivo en la vivienda. Pompeyo mantuvo en este trance una actitud pacífica y educada. Solo espetó a los agentes: ”Se han equivocado”.

En el registro de la morada de Pompeyo se encontraron varillas cilíndricas que podían corresponder con los que alojan los pistones incendiarios de los artefactos explosivos caseros, tornillos y muelles similares al percutor utilizado en las cartas bomba, un taladro con brocas de precisión, bisagras, imanes y una sierra, amén de recortes de prensa correspondientes a diferentes épocas históricas, libros revolucionarios y símbolos prosoviéticos. Se le incautó un teléfono móvil, un ordenador portátil, una cámara de vídeo y dispositivos de memoria.

La Audiencia dictó su encarcelamiento inmediato por riesgo de que cometiera otros delitos o para evitar su huida a Rusia y por “la trascendencia de sus violentas acciones como medio de propaganda de la ocupación rusa en Ucrania”. Según el magistrado instructor los artefactos fabricados por Pompeyo tenían un sistema de activación mecánico, un sistema de iniciación pirotécnico y una carga explosiva de 7 a 10 gramos.

HABILIDADES INFORMÁTICAS
Pompeyo debió dedicar muchas horas a informarse sobre la fabricación de artefactos caseros. En internet se pueden encontrar tutoriales de todo tipo, pero sobre todo cualquier persona puede proveerse de los más diversos materiales para su fabricación. El portátil del hombre aportó pistas muy elocuentes sobre su actividad.

Había comprado por Amazón nitrato potásico puro, cable con mecha, interruptores, filamentos de cobre y bombillas incandescentes. Además de los sobres en que envió los artefactos, y las pegatinas adhesivas en las que escribió las direcciones de correo.

El examen del portátil reveló que Pompeyo había iniciado consultas sobre presuntas actividades terroristas ya desde abril de 2021. Las búsquedas tecleadas desde esa fecha son reveladoras de su obsesión:

“Si la pólvora se envuelve con clavos puede explotar”
“Si no se hace bien la mezcla de la pólvora puede provocar sin encender”
“Paquetes bomba”
“Cuánto pesa un litro de uranio”
“Aprender ruso en 10 días”
“Dónde se fabrican tanques en España”
“Últimos vídeos de la guerra de Ucrania”

En mayo de 2022 consta la búsqueda acerca de Margarita Robles, ministra de Defensa, y en junio buscó “guantes anti-explosión” y dónde podía comprarlos. En julio adquirió los materiales para fabricar los explosivos y buscó tiendas de petardos.

En el análisis de su teléfono móvil se halló que había instalado las aplicaciones de RT Noticias -Rusia Today- y Sputnik, que son los medios de información gubernamentales rusos, además de la aplicación Sputnik VPN, que sirve para falsear la geolocalización del usuario.

Carta dirigida al presidente del Gobierno con los sellos delatores.
Carta dirigida al presidente del Gobierno con los sellos delatores.

PROCESAMIENTO
El 13 de abril de 2023, el juez Calama acordaba la libertad con medidas cautelares para Pompeyo, que había permanecido en la cárcel desde el 27 de enero. Se le obligaba a comparecer semanalmente en el juzgado, se le prohibía salir del territorio español, se le retiraba el pasaporte, y contraía el compromiso de fijar un domicilio y un número de teléfono donde pudiera ser localizado. No se le impuso fianza ya que no había riesgo de destrucción de pruebas y, además, Pompeyo carecía de antecedentes penales.

El procesamiento se produjo a primeros de noviembre después de rechazar la Audiencia un recurso interpuesto por la defensa. El auto imputaba a Pompeyo dos delitos de terrorismo agravados, y enumeraba los diez indicios que le señalan como autor de los envíos de las cartas bomba. No existían, sin embargo, pruebas de que el jubilado perteneciera a alguna banda armada o grupo organizado terrorista. Según el juez, los hechos evidenciaban que pretendía “alterar gravemente la paz pública”, así como obligar a los poderes públicos de nuestro país a abstenerse del apoyo a Ucrania.

El pasado mes de marzo se dio a conocer el escrito de calificación de la fiscalía que pide 22 años de prisión. Según este escrito, firmado por la representante del Ministerio Fiscal Ana Noé Sebastián, Pompeyo González es responsable de un presunto delito de terrorismo por el paquete que explotó en el edificio diplomático de Ucrania en Madrid. La bomba, al estallar, causó heridas a uno de los trabajadores de esa delegación. Por otro lado, la fiscal aprecia un delito de fabricación, tenencia, colocación y empleo de aparatos explosivos, inflamables o incendiarios. Por el primero de los delitos se le solicitan 10 años de cárcel, y 12 por el segundo.

A la espera de la celebración del juicio, estaremos pendientes de la sentencia y la condena que presumiblemente le va a caer encima a Pompeyo.

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