Plantar agua para evitar la desertificación

La plataforma aguabosque, un proyecto con raíces segovianas, busca dar un giro a la relación que las personas tienen con el agua y promover un uso más sostenible de los recursos hídricos

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Celia García y David Glinka decidieron crear la plataforma AguaBosque para compartir sus experiencias y que pudieran ayudar a otros. / Celia García
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La segoviana Celia García y su pareja, David Glinka, llegaron a la Alpujarra granadina y enfrentaron un problema cotidiano en la zona, la falta de recursos hídricos. Lo que para otros hubiera supuesto un contratiempo insalvable, para ellos fue un reto para buscar revertir la situación a través de una particular y novedosa técnica, plantar agua.

Su idea parecía sencilla aunque no lo era: desarrollar un bosque de secano sostenible en la zona, que se nutriera gracias a la plantación de agua.

¿Plantar agua? Esta técnica consiste en realizar pequeños agujeros por el terreno y rellenarlos con piedras, con lo que el agua de lluvia llena estas cavidades, llamadas caminos de agua, y permanece allí mientras se filtra lentamente en el suelo, alimentando a los árboles circundantes que terminarán siendo ese bosque de secano sostenible del que antes se hablaba.

Junto con otros recursos para la recogida y el consumo de agua, Celia y David han creado este proyecto piloto para demostrar que se puede reconvertir zonas secas y revertir la desertificación. Su sueño para el futuro es hacer este proyecto viable, ya que de momento se encuentra avanzado pero todavía en fase experimental, y económico para que pueda ser utilizado en otras áreas y ayudar a combatir la escasez de agua en el mundo.

Junto a otras siete personas crearon AguaBosque para contar su experiencia y mejorar las condiciones de vida de las personas que viven en estos espacios con falta de recursos hídricos y otros que simplemente quieran usar sus métodos para tener una mejor “relación con la naturaleza”.

“Las pequeñas acciones cuentan mucho” admite Celia, que afirma con orgullo que su bosque ya cuenta con 300 árboles. Reconoce que la falta de agua obligó a la pareja a “ir aprendiendo y adaptarse a la necesidad”, por lo que querrían facilitar el camino a otros que enfrentasen el mismo problema.

En la actualidad, el bosque avanza tras tres años de progreso y observan como sus esfuerzos cada vez tienen más resultado, por lo que esperan en el futuro “poder documentar el proceso para que se aplique en otros espacios”. “Segovia sería un buen sitio para su implementación”, reconoce Celia, mostrándose encantada en poder ver adecuar su proyecto en la tierra que la vio nacer y de la que hace años se separó, para tras un largo camino arribar a una árida tierra del sur de Andalucia.