La nueva normalidad no consiguió este domingo la reactivación del sector servicios, pero favoreció las reuniones familiares. / Nerea Llorente
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Después de 99 días de estado de alarma, la muy esperada nueva normalidad llegaba este domingo a Segovia y a todo el país para –con suerte– quedarse. La provincia equiparaba sus restricciones a las del resto de territorios de la Comunidad y las fronteras autonómicas se abrían para facilitar la llegada de nuevos viajeros y el encuentro entre seres queridos de distintas partes de España.

En Segovia, no cabe ninguna duda de que al menos lo segundo sí se produjo. Familias enteras volvieron a reunirse después de más de tres meses de espera; de nuevo pudieron verse las caras y aliviar la incertidumbre y la preocupación con la han vivido –y viven– la crisis sanitaria que ha provocado el coronavirus.

Fue lo más destacado y lo más humano de una jornada en la que, por otra parte, no se consumó la reactivación del turismo. Quizá consecuencia una cosa de la otra, las calles de Segovia apenas registraron la llegada de viajeros; de hecho, el ajetreo de las principales y más céntricas vías de la capital fue menor en este segundo día del fin de semana.

Ni el comercio, ni la hostelería pudieron beneficiarse de la relajación de algunas de las medidas más restrictivas del estado de alarma. El aumento de los aforos permitidos tanto en las terrazas como en el interior e incluso en la barra de los bares y restaurantes de la ciudad no fue suficiente reclamo para unos hosteleros que aseguraban estar viendo “las mismas caras de siempre” y que, incluso, en muchos casos no variaron siquiera la disposición de las mesas empleada en los días previos.

Con algunos –bastantes– bares todavía cerrados, el sector espera que el verdadero impulso para la campaña de verano y la llegada de los turistas se produzca a partir del próximo 1 de julio, fecha en la que muchos de los establecimientos ahora clausurados tienen previsto subir la persiana.

La poca afluencia de gente en los alrededores de los principales monumentos de la capital tampoco premió el esfuerzo de los pocos comerciantes de tiendas de recuerdos que, esperanzados ante la apertura de las fronteras, abrieron sus negocios en el primer día de un verano que empezó caluroso. “Con estas temperaturas la gente se va al pueblo con sus familias. Lo hemos notado cada fin de semana desde que se permitió la movilidad por la provincia”, relataba Manuel, decidido ya a mediodía a unirse por la tarde al grupo de los ociosos.