Piezas (Grabados)

LUGAR: Palacio Quintanar (Fundación Siglo, Junta de Castilla y León). Calle S. Agustín s/n (Plaza Conde de Cheste, s/n.) HORARIO: Lunes y martes por la mañana, cerrado. Martes, tarde, de 17:00 a 21:00 hs. Miércoles a sábado, de 11:00 h. a 14:00 h. y de 17:00 a 21:00 hs. Domingos y festivos, de 11:00 a 14:00 hs. Del 14 de febrero al 29 de marzo de 2015.

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Se suele decir que Federico Osorio es un artista multidisciplinar. Es cierto, pero no nos quedemos solamente en la diversidad de técnicas, recursos, formatos y soportes que utiliza para etiquetar como multidisciplinar su obra. La creación artística de Federico Osorio se asienta en un riguroso y exigente trabajo de taller pero a la vez en un complejo y denso lenguaje conceptual tan poético como formal, tan lineal como mágico. Es una obra sintética y sincrética.

Siguiendo a Montserrat Acebes de la Torre (Federico Osorio. De lo profundo a lo inmediato, Ed. Caja de Burgos, 2012), conviene no olvidar que a lo largo de su trayectoria artística F. Osorio ha explorado conceptos diversos y complementarios, como lleno y vacío, volumetría y planitud, límite e infinitud. Y ha sabido defenderlos desde la libertad que le proporciona el trazo, la potencialidad de la mancha o la fuerza del color; así, como desde el juego de las marcadas simetrías y disimetrías de sus composiciones. Cada elemento plástico adquiere un valor fundamental en su obra, pero no como fin en sí mismo. Tampoco lo pretenden sus formas austeras, rotundas y sencillas con las que trasciende con serenidad de lo inmediato a lo profundo.

Siempre nos ha sorprendido la permanente transformación y la indagación inquieta que guían el proceso creativo de la obra de F. Osorio, integrando la figuración y la abstracción, el constructivismo geométrico y el expresionismo abstracto, la línea austera y la marcha cromática expansiva, el gesto y la meditación, la caligrafía cuidada y el silencio elocuente.

No es de extrañar que F. Osorio haya experimentado en el grabado con resultados tan magníficos. El grabado se convierte en el soporte preferido de indagación y de interiorización de la creación de F. Osorio. Fue una sorpresa y un éxito su participación en la primera edición de ‘Más que libros’ en 2012, la feria del libro de artista de Madrid, donde presentó libros con grabados y textos sobre el “Cántico espiritual” de San Juan de la Cruz), libros con acuarelas y texto caligrafiado por él mismo con poemas de León Felipe, entre otro autores. Sobre el papel de diferentes texturas y gramajes los grabados de Osorio conforman un lenguaje profundo y sutil, sensible y preciso, transparente y de colores primarios.

“Piezas” es la exposición de 24 grabados que F. Osorio nos muestra en Palacio Quintanar por primera vez. Son grabados contundentes en tamaño y con una reductiva iconografía de círculos solitarios, superpuestos o concéntricos que giran sobre sí mismos, aislados de todo contexto y sobresaliendo del fondo blanco del papel, como autómatas, como piezas de una sofisticada e invisible maquinaria misteriosa y perturbadora, pero a la vez atractiva, envolvente. Piezas como elementos de un todo que engranan su dinamismo en perfiles pulidos o dentados, donde la materia es cromática, negra, roja, amarilla, y los ejes están vacíos para que el viento, el éter, el silencio engendre el rotor de cada cosmos que representan.

Son círculos, no circunferencias, son símbolos, no mera representación geométrica, y cada imagen grabada está reproducida diez veces. No en vano en la simbólica el número diez es el retorno a la unidad desde la multiplicidad, es la perfección alcanzada después de la dinámica dispersa. El círculo es la perfección, superadas todas las dualidades, las angustias, los deseos. Es la figura perfecta en todas las cosmologías míticas, es la simetría absoluta. Hasta Copérnico la aceptó para su revolucionaria visión heliocéntrica. De Aristarco de Samos e Hipatia a Kepler la figura de la elipse era una extravagancia para la razón.

Estos silenciosos y móviles círculos de los grabados de F. Osorio son metáforas visuales que invitan al visitante a interiorizar no solo efectos gráficos sino pensamientos persistentes, abstracciones complacientes, figuras armónicas, tiempos envolventes. Representaciones pacientes de la vida misma.

No nos dejemos atrapar por estas ruedas mecánicas, Federico Osorio concibe su obra como una actividad meditativa, contemplativa. Le interesa la mística en todas sus vertientes y en consonancia con la filosofía Zen piensa que la iluminación se encuentra en una activa implicación en nuestras experiencias diarias. Esta forma de abordar el arte y la vida le impulsan a decantarse por la abstracción ya que, en su opinión, le permite “mantener un equilibrio entre lo físico y lo metafísico”, entre lo matérico y lo simbólico. Son “Piezas”, “Taos”, son “mandalas”.

Pero también merece la pena resaltar el poder táctil, sensual, del grabado, como huella, como tensión. Por eso en la exposición F. Osorio no quiere que nos refugiemos en las meras representaciones y nos muestra las herramientas del proceso, las planchas y las tintas, las espátulas y los rodillos. Cada grabado es el resultado paciente y laborioso de una búsqueda callada, de una aventura calculada, de una meditación compartida. Aun seriada cada pieza es única, atrayente y comprensible para cualquier que utilice un lenguaje universal que aúne visión y reflexión.