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Pietro Silvestrini, el pasado domingo en la Plaza de San Lorenzo. / KAMARERO

Pietro Silvestrini, italiano de Nizza Monferrato, una localidad o comune de Italia de unos 10.000 habitantes, ha vuelto este verano a ‘su’ Segovia, a ‘su’ barrio de San Lorenzo del alma. La entrevista se desarrolla en la misma Casa Paco, todo un referente, donde este panettiere apasionado de los toros, fue volviendo poco a poco a la realidad el 10 de agosto, festividad de San Lorenzo, de 2017 después de la becerrada en la que participó como banderillero con una cuadrilla de la peña Los Adictos, experiencia catártica, cuenta, que un amigo escritor ha plasmado en un relato emocionante, ‘Il toro del Pana’.

Al conocer al ‘Pana’, apodo con el que debutó en la Plaza de Toros de San Lorenzo hace cuatro años, la impresión es que Pietro es ya más del barrio que muchos ‘sanlorenzanos’ de pro. Y a la pregunta de qué le disgusta de Segovia y de San Lorenzo, responde rápido: “del barrio, nada”.

Su historia de amistad con esta zona ribereña de la ciudad comenzó en 2008. Antes ya era un enamorado de España, desde que descubrió Cataluña con un viaje del instituto en 1998. La conoce bien, de los sanfermines de Navarra a la Feria de Málaga, que algunos años ha encadenado después de la de San Lorenzo. El presidente de la Asociación de Vecinos del barrio, Félix Maroto, asegura que una vez le comentó que iba a hacer un viaje con la familia a Almería y Pietro le recitó de inmediato recomendaciones de bares, restaurantes y lugares imprescindibles de la provincia andaluza.

A Segovia llegó por primera vez un 10 de agosto. No podía ser otro día. Esa noche, los fuegos artificiales le guiaron hacia un barrio donde ya es un personaje conocido, reconocido y aceptado por peñistas y vecinos como uno más. Esa misma noche congenió con la peña de Los Celtas y desde entonces no ha faltado a su cita con Segovia, aunque no siempre durante las fiestas de San Lorenzo por motivos laborales, la panadería desde la que, con el tiempo, ha llegado a exportar a una empresa de distribución alimentaria segoviana.

Su integración, su simbiosis con este barrio, es digna de un estudio sociológico. Dice que el mérito no es suyo, que es de la gente de San Lorenzo, “muy sociable, más que en Italia”, que le trata de lujo cuando viene. Siempre descubre algo nuevo, siempre hay nuevos amigos por conocer, aunque reconoce que le apena que hayan cerrado muchas tiendas y bares en zonas como la calle del Puente.

Maroto cuenta que el año pasado, en lo peor de la pandemia, Pietro, que recibió una ayuda del estado italiano y, afortunadamente, no dejó de trabajar como panadero, hizo de manera discreta una donación de 400 euros a la asociación de vecinos que se distribuyó entre el colegio y la Residencia Mixta de personas mayores. Él lo quita importancia: “hay que estar para las cosas buenas y para las malas”, dice, y se despide con el deseo, la seguridad, de que saldremos adelante a pesar del covid. Y vendrán más ‘sanlorenzos’ y Pietro el ‘Pana’ recuperará una rutina que le encanta cada 10 de agosto: misa, procesión, vermut, almuerzo, becerrada, merienda, fuegos artificiales, verbena, peñas, fiesta hasta el amanecer y, sobre todo, amigos.

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El peñista italiano, en la procesión de San Lorenzo de 2017. / E. A.